Año 6, N° 153, viernes 25 de julio 2008
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Sarkozy, a baja altura
(Por Mate Guerra)La ambición política como oxígeno para seguir respirando y así poder vivir. Es la forma de vida de Nicolás Sarkozy. Todo en su camino ha sido un reto difícil de vencer para lograr el poder absoluto en la política gala. Es el Presidente de la V República Francesa. Pero en un tiempo vertiginoso ha visto cómo su popularidad cae al abismo del descrédito.

Con casi setenta millones de habitantes, Francia padece un creciente conflicto migratorio, en medio de huelgas generales, polémicas reformas institucionales y una crisis económica seria y peligrosa en toda la Unión Europea.

Un panorama que parece no contrastar con las noticias que aparecen sobre Nicolás Sarkozy. Con sus 53 años, tres hijos y e igual cantidad de matrimonios en sus haberes, el presidente francés se ha convertido en un plato favorito de la prensa hambrienta de carnada nutrida con la vida privada de los famosos. La imagen internacional del político francés estadista parece aparcada.

Militante de la Unión por un Movimiento Popular, UMP, heredera de la tendencia más conservadora y derechista del gaullismo, Nicolás Sarkozy es descrito como un hombre profundamente ambicioso, conservador, fácil con la palabra inoportuna y rígida, trabajador hasta la extenuación, dinámico como un ejecutivo de diseño, valiente hasta querer penetrar en la selva si es necesario y, por sobre todo, orgulloso de ser francés.

EL NIÑO ABANDONADO

Nació en París en 1955. Su padre, un inmigrante húngaro, anticomunista hasta el tuétano y que deambuló de país en país hasta que fue a parar a la Francia de la pos guerra, borró de su memoria todo rastro que lo vinculara con su tierra natal. Afrancesó su apellido y se casó con Andrée Mallah, una joven de la Francia conservadora, y católica, muy católica. De sus tres hijos, el segundo fue Nicolás.

El abandono paterno –económico y afectivo– se presentó muy temprano en la casa de los Sarkozy, cuando el pequeño Nicolás tenía sólo cuatro años. Durante su juventud, que transcurrió en un acomodado y lujoso barrio parisino, tuvo que aprender a vivir entre los que tenían de todo mientras que él simplemente poseía un latente complejo por su estatura, que llega al metro sesenta, y recursos económicos medios: "Lo que soy ahora es la suma de todas las humillaciones sufridas en mi infancia", dijo una vez.

El joven Nicolás Sarkozy encontró su mentor en su abuelo materno, Benedict Mallah, un apasionado gaullista de procedencia judía, con el que fue creciendo a su imagen y semejanza. Con él descubrió que en la política estaba su pasión -y ambición-. Sus estudios de derechos fueron capitalizados como una herramienta más en su carrera política. A los 22 años salió elegido concejal de Neuilly-sur-Seine, su ciudad de toda la vida y donde aprendió poco a poco aquello de los procesos electorales.

Creció bajo el alero político de Jacques Chirac. En las filas del partido conservador Reagrupamiento por la República, RPR, Sarkozy también coqueteó con un líder indiscutible del neogaullismo y el rostro más derechista de la colectividad, el veterano Charles Pasqua.

A los 28 años se empinaba oliendo el poder sobre el podio de la alcaldía de su ciudad, Neuilly-sur-Seine, donde se estrenó como alcalde.

EL DESPRECIO DEL CACHORRO

Considerado como el legítimo cachorro político de Jacques Chirac, más tarde le dio la espalda y despreció su candidatura. Para no olvidar es su famosa frase: "El electroencefalograma chiraquiano está plano. Chirac está muerto, no le quedan más que tres pataletas". Pero se equivocó y Chirac le pasó factura una vez que alcanzó la Presidencia de la República.

Tras aquel traspié, se mantuvo alejado del protagonismo político durante algunos años. Sin embargo, en 2005, el propio Chirac lo nombró en los ministerios del Interior y de Economía, Finanzas e Industria. En estos años se marca el resurgimiento de un Sarkozy dispuesto más que nunca a llegar hasta el mismísimo Elíseo, cobijado por su partido la Unión por un Movimiento Popular, UMP, heredera del gaullismo.

Como ministro del Interior puso su firma a una de las leyes más polémicas de la Francia contemporánea y que se convertiría en el trampolín perfecto para saltar a la gran fama de la política: Ley de Seguridad Interior.

La normativa tipifica delitos con penas de prisión para quienes ejerzan la prostitución callejera, la mendicidad agresiva o forzada, las acampadas de gitanos, otorga mayores atribuciones para la realización de registros policiales y dio rienda suelta a un programa de repatriación de inmigrantes ilegales que facilita las expulsiones. Desde la trinchera del poder, aplicó mano dura contra la violencia urbana desatada en los suburbios de París en noviembre de 2005.

Con paso firme y sin freno alguno, en dirección a los Campos Eliseos, Sarkozy poco a poco fue planificando su carrera presidencial. En 2005 doblegó a todos sus posibles rivales en el interior del UMP y afianzó su candidatura sin problemas obteniendo un respaldo superior al 85 por ciento de los sufragios emitidos para elegir al candidato de la derecha francesa.

Los conceptos de "mérito, trabajo, valores, moral, derechos con obligaciones" fueron los vocablos preferidos durante su campaña, además de ofrecer la creación de 700 mil nuevas viviendas protegidas, la fijación de un tope impositivo del 50 por ciento para todas las rentas del trabajo y una nueva ley sobre inmigración.

En lo económico, prometió la liquidación del déficit de las administraciones públicas en 2010 y el recorte de la deuda pública hasta el 60 por ciento para 2012 y para no quedarse corto ofreció lograr el pleno empleo al final del mandato quinquenal.

Impregnado de una imagen activa y decidida frente a los quehaceres de Estado, Sarkozy hizo realidad el sueño de llegar al Elíseo, aunque tuvo que ser en una segunda vuelta, enfrentado a la socialista Ségolène Royal y con el 53 por ciento de los votos.

Sarkozy, desde primeros de julio también Presidente (de turno) de la UE, pretende hacer historia con políticas migratoria únicas para todos los Estados miembros y cuyo aroma hace tiritar a los millones de personas que se encuentra sin papeles. Es defensor de las 65 horas laborales por semana y aboga a ultranza por la mano dura en la lucha contra la delincuencia.

ENAMORADO Y SEXY

El eterno enamorado, Nicolás Sarkozy no sabe estar solo, de una mujer a otra y de la otra a la otra. Tres matrimonios: Marie-Dominique Culioli entre los años 1982-1996, Cécilia Ciganer-Albeniz, desde 1996 a finales de 2007 y Carla Bruni, con quien celebró esponsales a principios de este año.

Su nueva esposa, dedicada a la música romántica, con guitarra incluida, no se cansa de declarar a la prensa las virtudes de su esposo primer mandatario francés: "Es inteligente y eso es sexy".

Los escándalos tampoco le han dejado sólo en el camino. En menos de un año, dos veces se ha visto sobrepasado por sí mismo. En un acto con agricultores franceses no dudó en llamar "pobre imbécil" a un ciudadano que prefirió no darle la mano al no estar de acuerdo con su política agrícola. Y en una entrevista televisiva sufrió un ataque de incontinencia verbal al insultar a una periodista que le preguntó por uno de sus divorcios.

Partidario de George Bush y seguidor de Juan Pablo II, es también un maestro del marketing político. El pasado año, en mangas de camisa, no dudó en viajar al Chad para salvar de los tribunales locales a una tripulación de una línea aérea privada, integrada por ciudadanos españoles y franceses, envuelta en un caso de secuestro de menores.

El protagonismo que está teniendo con el caso de la liberación de Ingrid Betancourt se ha transformado en caldo de cultivo para el lanzamiento de las peores de las criticas de sus más ácidos detractores.

Su figura ha pasado de ser la salvadora de todos los males para desinflarse en cuestiones matrimoniales e iniciativas que comienzan a cansar a los franceses. Las encuestan lo dicen. Veinte puntos menos en el índice de la popularidad en los últimos nueve meses. En septiembre de 2007 habitaba el Elíseo con un 57 por ciento de aprobación, hoy lo hace con sólo un 35%.

Es Sarkozy, a baja altura.

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