Año 6, N° 153, viernes 25 de julio 2008
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World Vision
Entre Caracoles y tejidos
(Por Francisco Martorell)Gracias al impulso de World Visión, a través de los proyectos Lanin y Kelluwain en la Araucanía, varias dueñas de casa han encontrado una manera de ayudar a la economía familiar, dejar atrás la rutina y creer nuevamente en ellas y sus potencialidades.

Eran dueñas de casas del sector Pedro de Valdivia de Temuco y, junto con ayudar al sustento familiar, pretendían no abandonar el hogar por más horas de las que ellas creían que necesitaban sus hijos.

Así, bajo esa premisa, se acercaron al Centro Integral Lanin una entidad social vinculada a World Visión y, como ellos tenían niños patrocinados por esa organización humanitaria, recibieron la ayuda que requerían para convertirse en emprendedoras.

Cada dueña de casa recibió dos centenas de caracoles vivos. Pero, lo más importante, la capacitación necesaria para que pudieran trabajar la baba del animalito y con ella generar todos los productos que se comercializan, desde cremas hasta jabones, sumando ingresos a sus hogares

"Cuando nos hablaron lo del curso de los caracoles nosotros dijimos ‘ya po ahí… estamos nosotras’ y nos inscribimos, postulamos y quedamos. Todas empezamos con 200 caracoles para cada una", dicen a coro.

Se trata de un grupo de una docena de mujeres que, en pocos meses, se ha especializado en la crianza del caracol, la utilización de su baba y la creación de productos asociados.

Cada mujer, entonces, comenzó a incrementar su población de caracoles y hoy suman, entre todas, varios miles. "Ahora amamos a los caracoles, se nos muere uno y lloramos. Es bien sacrificado recolectarlos".

Se levantan temprano y los buscan hasta en el cementerio, un día bueno, pueden recolectar hasta 400 caracoles. Pero la tarea no termina ahí. Cuentan que deben alimentarlos y que comen mucho, mantenerlos limpios, que no pasen frío y cuidarlos de sus depredadores naturales. Luego, una vez que quieran producir la baba, deben estresar al caracol y ordeñarlo.

Involucradas en el tema, gracias a World Visión, pudieron hacer un nuevo curso, esta vez en Villarrica, que les permitió aprender a "preservar la baba". Hoy están haciendo jabones y cremas pero, en un futuro inmediato, sólo quieren vender la baba y un kilo de ésta se comercializa por sobre los 80 mil pesos en el mercado.

"Este ingreso ha sido importante para nosotros porque, siéndole honesta, muchas veces con lo que gana el marido no alcanza", señala una de las caracoleras, cuyo ejemplo empieza a ser visto con envidia en el barrio donde tiene el invernadero que protege a los caracoles.

Ella es una de las que se dedica a la crianza, mientras que otras producen las cremas y también están las que comercializan los jabones y las cremas. De ahí que, como cuenta Patricio Rojas del Centro Integral Lanin y uno de los puntales en el apoyo a este grupo de mujeres, están capacitándolas en diseño, gestión de proyectos y plan de negocios.

La idea es que no se queden sólo en la producción y puedan generar un negocio integral, conseguir más fondos y ampliar el rubro.

Respecto al aporte de World Visión las mujeres aseguran que "sin ellos no habríamos hecho muchos, desde el curso en adelante", pero que están conscientes que todavía les falta. "A las chiquillas les faltan criaderos, entonces faltan esas cosas, faltan implementos. Nosotros necesitamos hacer un laboratorio, tenemos el espacio pero falta ponerle cerámicos, entre otras cosas, porque tiene que ser algo bien hecho. De repente nosotras como mujeres no somos capaces de autofinanciarnos eso". Pero quieren intentarlo.

El asunto es que, gracias a los caracoles, estas mujeres se han empoderado y hoy saben lo que quieren y se capacitan para conseguirlo.

Otro tema importante, para comercializar al mejor precio sus productos, es la resolución sanitaria, que pretenden tramitar a la brevedad y que ha demorado más de lo que pensaban porque es caro hacerlo. "Sin ella nosotros todavía somos artesanas en cambio con una resolución sanitaria, donde en la etiqueta diga que el producto está bien elaborado, yo creo que ahí tiramos para arriba...", aseguran.

APOYO EN LA CASA

¿Cómo han tomado sus maridos esta nueva actividad? La respuesta es inmediata: "Nos apoyan, los niños están fascinados y los maridos igual ayudan porque el invernadero lo hicimos nosotras mismas, no le pagamos a nadie, entonces vinieron ellos a ayudarnos", dicen.

Y agregan: "Nos ven contentas, porque nosotras estábamos siempre en la casa y esto es una manera de incentivarnos para vivir mejor, porque usted sabe que la rutina va matando a la persona y esto es algo tan distinto, a pesar de que nos entumimos, nos mojamos, igual nos reímos, echamos la talla, entonces nos ayuda a crecer como personas…".

Dicen que antes de la actividad, muchas de ellas, se la pasaban en la cocina y las deprimía la rutina. "Ahora no po’, salgo en la mañana me pongo a vender, vuelvo en la tarde, me pongo a hacer el aseo, ando feliz y contenta todo el día", señala una de ellas.

Gracias a internet y a la búsqueda entre sus parientes, le han añadido secretos a los productos, aprendiendo sobre hierbas que tenían al alcance de su mano.

"Aprendimos con secretos, la botica de la abuela, sus libros, preguntando a mapuches, averiguando con gente mayor sobre las hierbas que ellos utilizaban. Así que todos esos secretos antiguos los mezclamos con la baba de caracol". Y hoy lo usan.

Tejidos mapuche


"Estamos más organizadas"

Similar a lo de los caracoles, pero con tejidos, es lo que hace otra entidad vinculada a World Vision en la IX Región. Se trata de un grupo de mujeres mapuche, reunidas en torno al proyecto Kelluwain de Padre de las Casas, que recibió lana y capacitación, así como otros beneficios, para reiniciarse en una actividad que lentamente estaban abandonando.


¿Cómo les ha cambiado la vida?

Si, estamos más organizadas igual po, y a las mujeres que no les interesaban el hilado, el tejido. Muchas ya estaban en el negocio de las verduras porque era más fácil conseguir la plata así.


¿Al principio World Vision les dio lana… cuántas era?

Primero éramos ocho no más, se sumaron cuatro.

¿Y esas cuatro también recibieron un aporte?

No es que entraron últimas, pero ya quieren trabajar, ya quieren seguir.


¿Y cuanto mejoraron los precios desde que están trabajando juntas?

No bastante, pero igual mejor.

Déme un ejemplo.

Antes la bufanda valía 5 mil y ahora la llevo a 7 mil 500. Ahora recibimos monitoras que nos han capacitado y también a las mujeres que no saben tejer y eso nos ha ayudado harto, porque yo le enseñaba pero no alcanzaba para todas porque también tenía que hacer mi trabajo. La monitora nos ha ayudado con las medidas porque nosotros no las teníamos, prácticamente hacíamos al ojo los tamaños. Los colores también, nosotros no sabíamos qué colores se vendían más, de allá de Santiago nos dicen qué color se vende más y hay que hacer más de esos. Entonces una ya está preparada. Y lo otro que poco se teñía natural, era todo con anilina no más, ya con capacitaciones fuimos aprendiendo más. Ahora las manos son las que más sufren.

Recuperaron una costumbre ancestral…

Antes lo hacíamos con anilina y ahora recuperamos los vegetales gracias a la capacitación, acá mismo teníamos nosotros las hojitas pero no lo tomábamos en cuenta, andábamos encima de ellas y no sabíamos que tenían el tremendo poder. Con la capacitación aprendimos harto.


¿Y por qué creen que se había perdido esa tradición?

Es que la anilina es más fácil para teñir y uno siempre busca lo más fácil. El teñido natural lleva más trabajo y es más caro y tiene más precio pero antes no tomaban en cuenta eso.


¿Pero el teñido natural para ustedes es más barato que la anilina o no?

Es más barato porque tenemos las hojas pero lleva más trabajo.


¿Gastan menos?

Si.

¿Y cobran más?

Si po… cobramos más.


¿Y aquí no hay abuelitas que conozcan técnicas?

No, abuelitas no, nosotras no más. Con puro dibujo no más hacemos mantas negras rojas con cruces, pero dibujos. La otra es la que nos falta aprender.

Infancia, pobreza y desarrollo

Por Tatiana Benavides*

En la lucha para el desarrollo de los pueblos, con un afán de justicia, igualdad y eficiencia en la distribución de los recursos, aparece en forma reiterada la palabra pobreza.

Aunque todo el mundo está de acuerdo que es esto lo que hay que combatir, aunque tengamos una idea clara sobre lo que es la pobreza, en el discurso común de las organizaciones que la combaten, su significado ha ido cambiando, extendiéndose, ampliándose, englobando conceptos nuevos y por lo tanto indicando necesidades estratégicas acordes.

En este contexto, la Asamblea General de las Naciones Unidas ha reconocido la naturaleza especial de la pobreza en la infancia que no puede seguir siendo incluida en las evaluaciones de la pobreza general.

La posición de Unicef es que el análisis de la pobreza en los niños no puede enfocarse solamente en la medición de los ingresos, porque esta no toma en cuenta otras dimensiones de la pobreza, tales como la exclusión social, la discriminación y la falta de protección, las que, junto con accesos limitados a bienes y servicios, tienen un impacto devastador en el desarrollo mental, físico y emocional de los niños. Unicef asevera también que invertir en la infancia es la mejor forma de quebrar el ciclo de la pobreza y que los niños son actores esenciales tanto de su propio desarrollo como del desarrollo de sus comunidades.

El impulso natural y generoso frente a la pobreza es dar cosas. Esta ha sido la costumbre durante largo tiempo. Pero se ha demostrado que no solamente no soluciona la pobreza sino que la perpetúa.


Debido a eso World Vision no es asistencialista, no da cosas. Una excepción: los programas de emergencia, en casos de catástrofes, en que entrega la ayuda necesaria del primer momento. Pero la tarea de nuestra organización se encuadra en el logro del desarrollo transformador sostenible. Es un proceso lento, que va quebrando estereotipos culturales, modificando actitudes y axiomas.

En Chile nuestra institución se asocia con la comunidad previamente organizada y poseedora de una personería jurídica propia, a la que entrega herramientas para su propio desarrollo. Se trabaja en conjunto, con respeto mutuo, aunando conocimientos técnicos y recursos con vivencias y soluciones locales. Así, en grupos relativamente pequeños, con niños o teniendo siempre presente sus necesidades, se busca una mejor calidad de vida que siga desarrollándose aún cuando nuestra institución se retire del lugar. Y esto toma tiempo. Se busca la diversidad de actividades, pero sobre todo, el desarrollo del ser humano. Niños sanos, resilientes, bien tratados, protegidos y con estudios que les permitan desempeñarse en un mundo exigente, sujetos de su propio desarrollo y el de sus comunidades.

Curiosamente, al preguntar a decenas de personas, adultos y niños, que fue lo más importante que les aportó el proyecto de World Vision, olvidando muchas cosas aparentemente más importantes y vistosas, como vivienda y trabajo o apoyo en los estudios, casi la mayoría dijo que fueron los cursos de desarrollo personal que les permitieron sobrepasar una timidez paralizante e iniciar la construcción de un lugar propio en la sociedad.

*Directora Nacional de World Vision Chile

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