Año 6, N° 153, viernes 25 de julio 2008
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Batman
Las dudas del sombrío caballero
(Por Sergio Martínez ( Montreal, Canadá))El hombre murciélago, uno de los más emblemáticos personajes de la cultura popular, regresa a la pantalla grande con mucha acción, una dosis de violencia que trata de no excederse, pero sobre todo, con muchas interrogantes que van desde la ética del que combate el crimen, hasta si criminales y agentes de la ley son al final dos caras de una misma medalla.

"The Dark Knight" ("El oscuro caballero") es como Christopher Nolan ha titulado la secuela a "Batman Begins" ("Batman: el inicio") en una producción de alto costo por cierto, con muchos efectos especiales además, pero que –muy importante– no debe su mayor mérito a ellos, sino a una historia interesante y compleja, una narrativa que a uno lo mantiene interesado a través de sus dos horas y media de duración y una actuación simplemente de primera línea, destacando el fallecido Heith Ledger en una impecable interpretación del siniestro personaje The Joker (Guasón ha sido habitualmente el nombre dado en español a este personaje, a falta de otro mejor que sea comprensible en todos los países de habla hispana).

En contraste a "Batman Begins", en la cual Nolan colocó a Batman en un camino de búsqueda mística, con una infaltable incursión por sendas del oriente, en este otro film el personaje vuelve a sus raíces y en lugar de cuestiones esotéricas muy al estilo de la "new age", se enfrenta a problemas reales de la vida de una ciudad mítica como Gotham (Ciudad Gótica), pero que a la vez lo hacen confrontar su propia misión como un "vigilante" que actúa al margen, aunque en colaboración estrecha con la policía, que tiene su propio código de conducta pero que también está dispuesto a estirarlo hasta límites de los cuales el héroe mismo no parece estar completamente seguro.

Nolan, quien además escribió el guión de esta nueva versión de Batman, afirma que en este film el hombre murciélago (interpretado una vez más por Christian Bale) "está plenamente formado".

Como se sabe, en el mundo de estos súper héroes la doble identidad es condición sine qua non. En la vida cotidiana, Bruce Wayne (Bruno Díaz se lo ha llamado en las historietas en español) es un multimillonario que ha heredado su fortuna luego del fatídico asesinato de sus padres, el cual él mismo presenció cuando niño y que marcaría su vida como voluntario combatiente contra el crimen. La posición económica y social de Bruce es de por sí interesante, porque el mundo de los negocios tiene muchas ramificaciones con el del crimen y en muchos casos sus intereses y manejos se entrelazan muy bien.

Batman como alter ego de Bruce tiene además a su disposición tecnologías que su empresa desarrolla mediante contratos con el gobierno norteamericano.

Aunque en su identidad como Bruce, el héroe se muestra como un displicente mujeriego, su corazón late por Rachel Dawes (Maggie Gyllenhaal) quien, como en todo buen drama, tiene otro enamorado. En todo caso, el romance no es de primera importancia en la historia.

JOKER: EL CRIMEN POR EL CRIMEN

Gotham, la ciudad donde Batman vive (una alegoría por Chicago, donde el film fue por lo demás filmado, como Metrópolis representa a Nueva York en las aventuras de Superman) está siendo azotada por una creciente ola de criminalidad, pero las autoridades también están haciendo más difícil el lavado de las inmensas sumas de dinero que el crimen organizado maneja producto de sus asaltos, del tráfico de drogas y de otras actividades en las que por razones obvias, sólo el dinero efectivo circula. Desconfiados como son unos de otros, los diversos capos del crimen son muy renuentes a trabajar de consuno. Más aun, hay un obstáculo mayor: Batman, quien siempre desbarata los planes de los criminales.

Dos personajes surgen aquí para resolverles el problema a los capos del crimen, un misterioso hombre de negocios de Hong Kong quien ofrece sus buenos oficios para lavar el dinero, a cambio de un precio claro está, y Joker quien sin mayores preámbulos (la escena donde hace un acto de desaparición de un lápiz es genial por la violencia implícita, casi humorística) se transformará en un nuevo dolor de cabeza tanto para los criminales como para Batman.

Joker, que está en el crimen por el crimen mismo y no por dinero, ofrece algo que sus renuentes socios en el crimen no poseen, además de una aparente personalidad psicopática. Su modo de proceder no obedece a plan alguno, según dice en un diálogo con el fiscal de distrito Harvey Dent (Aaron Deckart), y su desdén por el dinero mismo lo exhibe en un gesto final. Joker está en esto por que su último objetivo: simplemente crear el caos, como se lo asegura a Batman en otro dramático momento. Más aun, en ese diálogo, el criminal le hace ver, empleando una impecable lógica, que tanto él como el hombre murciélago al fin de cuentas son muy similares. En efecto, uno puede decir, ninguno hace su tarea por dinero, Batman es un multimillonario, Joker consigue el dinero mediante asaltos cuando lo requiere pero enriquecerse no es su fin, sino combatir a Batman y lo que él representa y de paso destruir los esquemas de aquellos que como él manejan la ciudad. Uno se sentiría casi tentado a sindicar a Joker como una suerte de neo-anarquista un tanto desquiciado, pero un enemigo del orden establecido después de todo.

LAS DUDAS, ESE HORROR

"O uno muere como un héroe, o vive lo suficiente como para verse convertido en un villano" dice uno de los personajes que justamente luego de sufrir una traumática experiencia se ve enfrentado a esa disyuntiva.

A lo largo del film se puede sentir esa atmósfera sombría, que no es sólo el traslado al cine de los claroscuros que la historieta presenta de manera tan bien lograda, sino que en este caso la forma fílmica no está desligada de un tono y un contenido también sombrío, pesimista. El crimen alcanza su mayor victoria cuando al final todo el mundo empieza a actuar de modo criminal, es lo que Joker quiere cuando coloca a los pasajeros de dos barcos en el difícil dilema de eliminarse mutuamente. Pero el film también deja entrever otras victorias más sutiles del crimen, cuando los encargados de combatirlo empiezan a actuar de modo similar a los criminales. La escena donde Batman –el vigilante por antonomasia– interroga a Joker es ilustrativa del dilema al que el propio personaje se enfrenta.

De algún modo la respuesta a esas dudas no están en Batman, aunque de alguna manera sus dos mentores, los que conocen su secreta identidad, su mayordomo Alfred (Michael Caine) y el jefe ejecutivo de su empresa, Lucius Fox (Morgan Freeman), apuntan a los límites que el hombre murciélago se supone no debe traspasar.

"Yo seguiré peleando con Batman porque es divertido" dice en uno de sus diálogos finales con el héroe el criminal Joker. Pero al mismo tiempo deja ver que uno y otro se necesitan mutuamente, de alguna manera uno ha producido al otro.

Psicoanalistas y otros especialistas han estado siempre de plácemes con personajes como Batman, Superman o Spider Man, y con razón, los héroes de la historieta (posteriormente adaptados al cine o la televisión) presentan numerosas aristas que los colocan un tanto al margen de sus sociedades.

A excepción de Superman que generalmente siempre contó con el aprecio de sus conciudadanos, los demás arrastran traumas variados: Batman puede ser el más "dañado" psicológicamente (como ciertamente sería el caso de cualquier niño a quien le maten a sus padres delante de él). "Ambos somos freaks" (monstruos o engendros) le espeta Joker a Batman en una ocasión, y hay algo de cierto en ello. Pero entonces ¿realmente no hay buenos y malos? En "The Dark Knight" la línea divisoria que pudo haber existido entre esas dos categorías queda borrosa y eso hace al film aun más interesante.

Batman en una cápsula

Al contrario de Superman, Batman –creado por Bob Kane en 1939, un año después del inmigrante del planeta Kripton– no es estrictamente un súper héroe, en el sentido que no tiene poderes sobrehumanos ni es de otro planeta, tampoco es de origen mágico como Shazam (Capitán Marvel) o debe su especial habilidad a algún proceso científico como Spider Man, Flash o el Increíble Hulk. Bruce Wayne –en su vida real– es tan humano y por lo tanto vulnerable como cualquier persona, aunque por cierto sus años de adiestramiento en artes marciales (relatado en "Batman Begins") y el hecho de disponer de un sofisticado arsenal de armas y aparatos electrónicos, le confiere considerables ventajas sobre otros seres humanos.


Como no puede volar como Superman, este héroe usa su propia capa en formas de alas de murciélago para planear con facilidad y –diríase– hasta con elegancia, entre los rascacielos de la Ciudad Gótica.


Otro de sus favoritos medios de transporte es el famoso Batimóvil, provisto de más triquiñuelas electrónicas que el auto de James Bond, al que en esta ocasión se ha sumado la Bat-Pod un extraño cruce entre moto y vehículo todo terreno, provisto además de ametralladora y otro armamento.

Vigilantes, más allá de Batman

¿Qué hacer con el crimen y con otras amenazas a la seguridad ciudadana? En momentos cuando la actividad criminal en Estados Unidos y otros países parece crecer no sólo cuantitativamente sino también en grados de sofisticación y de violencia, las interrogantes y dudas planteadas por "The Dark Knight" cobran plena vigencia, cuando también se incrementa el sentimiento del "vigilantismo", esto es, la tendencia a hacerse justicia por uno mismo o por medio de grupos especialmente adiestrados para ello. Un fenómeno que incluso a veces tiene sanción oficial, recuérdese a los "voluntarios" armados que vigilan la frontera de EEUU y México supuestamente para ayudar a que no se infiltren inmigrantes ilegales.


El clima de miedo al terrorismo también ha reforzado una mentalidad que tiende a hacer a los ciudadanos, vigilantes de sus propios congéneres. Un clima que hace pensar que el ambiente sombrío de Gotham no se limita a esa ciudad ficticia, sino que se extiende por las muy reales ciudades y aeropuertos de todo EEUU.

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