Año 6, N° 153, viernes 25 de julio 2008
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Mortalmente parecidos
(Por José Ignacio Silva)Francisco Véjar “La fiesta y la ceniza” Ed. Universitaria, Santiago, 2008, 91 págs.

En el año 2003, el periodista Pablo Basadre publicó en el diario La Nación, un reportaje titulado "El Salieri de Teillier", en el que los dardos apuntaron al poeta antologador y docente nacional Francisco Véjar (Viña del Mar, 1967). En el artículo se detalla la devoción que Véjar profesaba por el vate lautarino, a tal punto que, según relatan los entrevistados de la nota, el primero imitaba al segundo hasta en su enfermiza forma de beber. Comentarios como los que se reproducen en la nota fueron, de seguro, el motivo por el cual Francisco Véjar ha optado por mantenerse oculto, silencioso, alejado de un ambiente en el que no poco ruido se hizo en su nombre. Un ejemplo de lo anterior fue la "Antología de poesía joven chilena" de 1999, donde Véjar recibió más de algún palo tanto cuando la publicó y cuando la reeditó años después; pero, cabe señalar, por los mismos motivos que otros compiladores poéticos (como Raúl Zurita o Julio Espinosa Guerra), es decir, criterios de selección, la inclusión de algunos, la exclusión de otros, etcétera.

Más allá que el artículo antes mencionado se desvanecerá con el tiempo, como pasa con toda la chimuchina anecdótica que rodea la vida de los escritores, hoy está "La fiesta y la ceniza" (Ed. Universitaria, 2008) última entrega de Véjar. Antes de entrar al texto, cabe destacar la excelente edición a cargo del tradicional sello y su colección "El poliedro y el mar", bien cuidada, realizada con excelentes materiales, con una diagramación y tipografía muy agradables a la vista, con orden, sobriedad y calidad.

Pasemos al texto. Si bien no es la idea seguir mentando la cercanía entre Francisco Véjar y Jorge Teillier, la lectura de este libro da más de un ejemplo de que la escritura del autor de "Canciones imposibles" sigue nutriéndose bastante de la poesía de Teillier. El parecido es evidente. Incluso Véjar dedica poemas a los mismos poetas que admiraba Teillier, como René Char y René Guy-Cadou. Hasta el título de este volumen suena parecido al de Teillier, "El Molino y la higuera". Se habla en literatura del "parricidio", de "matar" al padre literario, superar sus influencias y sacar la propia voz. Pues bien, varios pasajes de "La fiesta y la ceniza" evidencian que Francisco Véjar aún tiene esa asignatura pendiente. Por otro lado, el libro es prologado con una nota preliminar de Pedro Lastra, que es idéntica a una publicada en la revista "Pluma y Pincel" en abril del 2006 a propósito de "Bitácora del emboscado", pero en esta ocasión fue reciclada toscamente, reemplazando donde dice "Bitácora del emboscado" por "La fiesta y la ceniza". Un ejercicio no muy digno que digamos.

Con todo, hay poemas de buena factura, donde un tono melancólico, lento, transitorio, se evidencia con imágenes en las que Véjar escribe, se escribe y se refugia. Su palabra no es grandilocuente, destemplada o enrevesada por símbolos, sino que es la referencia a la simpleza, a lo inmediato, a lo próximo, sensibilidades a la manera de Efraín Barquero y… Jorge Teillier. Todos estos son rasgos que se repiten en las obras pasadas de Véjar, imagen tratada con sutileza, con jazz y playas semivacías; de hecho Véjar recorre sus obras en este libro, como "El emboscado" y "País insomnio", convirtiendolo en una especie de antología, si no de poemas, sí de sensibilidades. Una muestra es "Paráfrasis de Jean Tardieu", también incluido en "Bitácora…": "Tiemblo al nombrar las cosas/ Pues cada una toma vida/ Y muere en el instante/ En que escribo.// Yo mismo desaparezco/ Como las cosas que señalo/ Dentro de este fuerte tumulto/ De ruidos y gritos".

La poesía de Francisco Véjar es singular. Tiene referentes claros e identificables, pero avanza con un claro cometido: hacer poesía de lo que nos rodea y nos define, nada más ni nada menos.

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