Año 6, N° 154, viernes 08 de Agosto 2008
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“Justicia Divina”
Las páginas más íntimas de Jota Eme
(Por Ignacio Pérez Tuesta)A siete meses de la muerte de quien muchos consideran el mejor comunicador de Chile, el martes 12 de agosto se lanza el libro “Justicia Divina: Testimonios inéditos de la vida de Julio Martínez, Jota Eme”, que revela sabrosos detalles del desaparecido comentarista. El Periodista conversó con su autor y adelanta algunos pasajes exclusivos de esta obra.

Un desfile de miles de personas en dos días. Cámaras de todos los canales de televisión, micrófonos de las radios más recónditas del país y reporteros de cuanto diario y revista existe en Chile. Flores, coronas y llantos. Discursos emocionados y el sentir que Chile se quedaba sin uno de sus símbolos, el que siempre decía la palabra justa y hacía a señoras, adultos y jóvenes, apretar la garganta más de la cuenta.
Debe haber sido uno de los funerales más mediáticos y concurridos en la historia patria, acostumbrada a volcarse a la calle cuando muere alguien conocido. Así, la partida de Julio Martínez Prádanos el pasado 2 de enero, dejó a Chile sin uno de sus personajes populares más queridos y sin el, calificado por muchos, mejor comunicador en la historia de Chile.
Aunque parezca extraño, Jota Eme nunca escribió un libro, quizás porque su vida merecía uno.
"Estas páginas creo que servirán para desmitificar un poco su figura y acercarlo más al ser humano". Con esa frase el periodista y autor de "Justicia Divina", Patricio Gutiérrez Vargas, comienza la charla sobre el primer trabajo de investigación periodística escrito sobre el extinto periodista, que se lanzará este martes 12 en el auditorio de la Universidad de Las Américas (República 71), bajo el sello de editorial MassAccion.
Sin ser una biografía, en sus páginas se recorren sus inicios como periodista, sus penas juveniles y las mil anécdotas que sus cercanos estuvieron dispuestos a contar, la galantería con la que ocultaba sus pocos dotes físicos y varios relatos y diálogos que sostuvo con sus familiares y amigos sólo horas antes de morir.

¿Cuál fue el objetivo principal para escribir sobre Julio Martínez, considerando que es un personaje del que se ha hablado tanto?
Justamente fue eso. Sucede que mi tesis de grado en la escuela de Periodismo la hice sobre Julio Martínez, pero no sobre su vida, sino que sobre su estilo, su forma de hacer periodismo. Y después conversándolo con amigos y colegas me fui entusiasmando con meterme más allá, dejar de lado al periodista, al comunicador y conocer al ser humano.

La muerte de Jota Eme te pilló en pleno proceso del libro entonces...
Estaba haciendo varias entrevistas. De mi tesis de grado ocupé muy poco para el libro, por lo que tuve que entrevistar a gente para profundizar en la parte humana y darle forma al libro y también entrevistar de nuevo a varios con los que ya había estado. Entonces su muerte, junto a lo lamentable que fue, fue un golpe acelerador para mí ya que el recuerdo de él iba a estar más fresco para quienes fueron sus cercanos, amigos y colegas de profesión.

¿Julio Martínez alcanzó a saber que estabas haciendo un libro sobre él?
No. Él murió sin saberlo. De hecho estos días me he acordado que meses antes que muriera, lo llamé dos veces a su casa a ver si me podía juntar con él y contarle el tema. Una vez su señora me dijo que estaba durmiendo y otra hablé con él y estaba muy complicado justamente por su salud. Pero obviamente que hay partes del libro que tienen testimonios de él que me dio años atrás para la tesis y que tienen un valor histórico invaluable.

Tú eres el primer periodista que ha logrado entrevistar a Irene Colina, la madre del único hijo de JM y de la que nunca se ha contado. ¿Cómo lograste que hablara?

Cuando conocí a Julio Martínez hijo, hablando con él, en sus testimonios hizo mucha mención a su madre. De hecho él y muchos otros plantean que ella fue realmente el gran amor de la vida de Jota Eme, pero el tema siempre se mantuvo bajo perfil. Y así llegué a ella quien tuvo la amabilidad de responderme las preguntas por escrito de su propio puño, lo que le aportó a esta historia antecedentes inéditos.

¿Algún adelanto de esa historia?
Por ejemplo se siguió viendo con Julio Martínez hasta días antes de su muerte. De hecho varios plantean que JM llevaba una doble vida. Esta es una de las muestras de lo que pretendí en el libro: ni elevar a Julio Martínez a la categoría de semidiós, ni dejar una mala imagen de él, sino que retratar al ser humano, con todos los defectos y virtudes que eso significa. Porque más que periodista deportivo fue un personaje popular y transversal en la historia de Chile.

Pasajes escogidos de "Justicia Divina"

En forma exclusiva antes del lanzamiento, El Periodista adelanta alguno de los capítulos más importantes del primer libro sobre la vida de Julio Martínez Prádanos.


El último helado de don Julio

Uno de los primeros en visitar a Jota Eme, el primer día de 2008, fue José Martínez, amigo y productor de prensa de Canal 13, que trabajó durante 42 años con él.
Como era tradición, debía llevarle helados para diabéticos. Lo malo fue que ese día el productor no pudo encontrar lo que tanto disfrutaba Martínez Prádanos, porque como era 1 de enero la mayoría del comercio estaba cerrado.
"Yo le fallé el primero de enero a Julio, porque llegué sin helado a su casa. Le empecé a llevar helados para diabéticos a la clínica; él lo único que quería, como cabro chico, era comer helado. Hablé con su doctora y me autorizó a llevarle helados para diabéticos. Como también soy diabético, compartíamos todos los días un litro de helado", cuenta Pepe Martínez, sentado en el casino de Canal 13.
El primer día de 2008, José Martínez, junto a su esposa llegaron a desearle un feliz año a Jota Eme.
- "Buenas tardes Julio", dijo el productor mientras entraba a la pieza de Jota Eme.
- "¿Y mi helado?", preguntó inmediatamente el comentarista.
- "Julio, hoy es primero de enero y está todo cerrado", respondió asustado Pepe.
- "Pucha, es que me quería comer el último helado", expresó cabizbajo el octogenario periodista.
- "Pepe, quiero que me lleves a dar una vuelta", pidió Jota Eme a su compañero de labores de Canal 13.
- "Julio, hagamos lo siguiente, te voy a llevar a dar una vuelta mañana, vengo a buscarte y te llevó al Tavelli a comer helado. Después te llevo a dar una vuelta por Santiago", propuso José a su querido amigo.
- "Te agradezco la invitación, pero no creo que demos esa vuelta", respondió JM muy decaído.
- "Viejito, duerme. Te vengo a buscar mañana", se despidió Pepe Martínez de su colega.

"Ese mañana nunca llegó", recuerda apenado el productor de prensa de Canal 13.


"El chileno es tibio, como JM"

Al momento de la sepultación las decenas de personas volvieron a emocionar a la familia del desaparecido comentarista al cantar el himno nacional y al darle un fuerte y extenso aplauso. En tanto, las flores formaron una verdadera montaña sobre la tumba de Julio Martínez Prádanos.
Sin embargo, el inmenso cariño y afecto entregado a Jota Eme por los cientos de personas que llegaron hasta el Cementerio General, impidieron que su familia tuviera la privacidad requerida para ese instante. Es más, Norma González no pudo ver el momento de la sepultación de su marido. "No puede entrar por el gentío. Eso empañó un poquito, porque ahí me hubiera gustado que estuviera la familia no más", relata la viuda del comentarista deportivo.
El periodista Vladimiro Mimica fundamenta la masiva participación en el funeral de Jota Eme, porque la mayoría de la gente se sintió interpretada por él en vida. "Él era un convencido de que a través de la palabra hablada o escrita se podía contribuir a tener una sociedad mejor, él volcó todos sus esfuerzos y pasiones para tener un deporte mejor, deportistas mejores, pero también extendió este discurso al resto de los chilenos. Es por eso que en su funeral y velatorio hubo tanta gente que se sintió interpretada por ese discurso positivo que hoy se echa de menos y que nacía de manera permanente de los labios de Julio Martínez", asevera Mimica
En tanto, una visión crítica de lo que se vivió en las exequias de Jota Eme la tiene el periodista Luis Urrutia O’Nell, conocido por su apelativo de Chomsky. "Lo que se vio y provocó el funeral de Julio Martínez tiene que ver con la identidad del chileno, porque el chileno es como Jota Eme, tibio, más o menos, que rehuye del conflicto, que no profundiza", asegura.
En cambio, Mímica enfatiza que "en el funeral de Julio fue muy estimulante ver la reacción que tuvo el pueblo de Chile".
El único hijo de Jota Eme dice que es tanto el cariño y el respeto que aún le tiene la gente a su padre que, incluso, la tumba donde descansan sus restos siempre tiene flores. "A la tumba de mi papá nunca le faltan flores, la gente siempre le lleva y, don Ramón, el cuidador, me lo cuenta cada vez que voy al cementerio. Mucha gente me dice ‘mire yo vengo a ver a mi mamá y aprovecho de dejarle una flor a su papá", declara con la voz entrecortada por la emoción Julio Martínez Colina.



"¿Te gusta ese colegio?", preguntó don José Martínez a su hijo. "Pero si es muy grande...", respondió el pequeño con aires de fascinación.
"El primer día sufrí mucho: me sentía como gallina en corral ajeno, pero cuando llegué a casa, les dije a mis padres que me había ido muy bien, porque yo no los quería defraudar, ya que estaban haciendo un esfuerzo económico por colocarme en ese colegio, que no era un colegio ‘jai’, pero era un buen colegio, un colegio de clase media", narró el comentarista deportivo.
Al poco tiempo, el único retoño del matrimonio de inmigrantes españoles corría por los patios de este establecimiento de la orden de los Mercedarios. No fue un alumno aplicado, pero a medida que iba avanzado de grados, ya empezaba a demostrar que lo suyo iba por el camino de las letras y de la oratoria. Incluso llegó a autodenominarse "marzista", ya que tenía una que otra asignatura que rendir en marzo de cada año.
Nunca fue muy habilidoso para los deportes, cosa que le trajo más de alguna decepción en sus dos pruebas en el club de sus amores: Unión Española. No fue fácil para el muchacho Martínez, pero canalizó su talento en otras disciplinas como en sus nueve años de estudio de violín y piano. Llegada la adolescencia su veta musical se terminó. "Yo pintaba para genio, pero por suerte me pasmé, porque los genios terminan muy mal", aseguró en el libro Veintidós Caracteres, de las periodistas Jacqueline Hott y Consuelo Larraín.
Sus inicios en el San Pedro Nolasco no fueron de los mejores, ya que la forma alargada de su cabeza fue blanco inmediato de las burlas de sus compañeros. "Me gritaban V8, por un modelo de autos como mi cabeza", contó Jota Eme. Es más, siempre le llovieron las bromas cuando caminaba por las calles céntricas, pero no le otorgaba mayor importancia.
Desde muy pequeño supo que lo suyo iba por el lado humanista. Los números y las ciencias nunca fueron su flanco más calificado, por lo que debió preocuparse en fortalecer su talento a través del don de la palabra. Rápidamente empezó a ganarse los aplausos de sus compañeros y maestros. Ya se empezaba a esbozar el estilo de Julio Martínez.
Al poco tiempo de estar en el colegio de calle Merced ya era líder. Era bueno para los discursos. "En el colegio era una especie de líder, hablaba desde el balcón, usaba el micrófono, todos los discursos eran míos. Ahí me familiaricé con el micrófono y me sirvió mucho", evocó.
No era fácil destacar en el San Pedro Nolasco de aquélla época. La disciplina que impartían los sacerdotes de la orden no permitía grandes arranques, aunque igualmente había libertades. Los alumnos pertenecían a un mundo que se podría calificar como conservador y de clase media, pero con un gran sentido y acento en lo social.
"Más de alguna vez me insinuaron que podía ser cura, pero lo mío iba por otro lado. Había compañeros de colegio que sí lo tenían muy claro. Es cosa de nombrar a un muchacho que se llamaba Carlos Oviedo Cavada", dijo Martínez, con un toque de emoción. El mismo que tendría el honor de ser investido cardenal en noviembre de 1994.

Cabeza de "V8"

La mujer desconocida

Muy poco se sabe de Irene Colina, pero su hijo no titubea en asegurar que ella fue el gran amor de la vida de su padre y no Norma González, con quien Jota Eme estuvo casado 43 años. "Yo diría que mi mamá Irene fue el gran amor de la vida de mi viejo, no tengo dudas", asegura Martínez Colina.
Irene y su hijo fueron una parte muy importante para Martínez, como papá era muy preocupado de su retoño, y como pareja JM siempre visitaba a Irene. "Mi madre fue una persona muy importantísima en la vida de mi papá", confiesa Julio junior.
Doña Julia conoció personalmente a Irene y compartió mucho con ella, sin embargo, con Norma Adriana González su relación fue casi nula. "Mi vida estuvo ligada a doña Julia, su madre, con quien tuvimos siempre una relación muy fuerte de cariño y respeto", asegura Irene en su departamento de la comuna de Santiago.
Lo que era claro es que para doña Julia Prádanos la única "nuera" que valía era Irene. "La Norma no podía entrar a la casa de mi abuela. Mi abuela jamás la tragó, jamás la aceptó, nada", revela Julio junior.
Norma González reconoce que fue muy poco a la casa de Julia Prádanos, pero discrepa de la versión del hijo de Jota Eme de que su suegra no la quisiera. "Ella encontraba todo un defecto. El defecto mío era que había sido separada y tenía una hija. Igual estuve dos o tres veces en su casa. Me conoció, pero le molestaba que no nos pudiéramos casar por la Iglesia. No era porque yo no fuera amable", cuenta González.
Incluso, hay versiones que Jota Eme e Irene Colina siguieron viviendo su amor clandestinamente, aunque el comentarista ya se había casado con Norma González. La versión la confirma Julio Martínez Colina. "Mi papá y mi mamá nunca dejaron de verse, con todo lo que ello implica", asegura el unigénito de JM.
Tanto así que Irene cuenta que Jota Eme siempre fue galán y muy atento con ella y que aún conserva un anillo que le regaló en 1955. "Lo he usado desde entonces", asegura.


El maldito insomnio

Fue para un partido de Copa Libertadores. El encuentro había finalizado y JM se fue al hotel a escribir su crónica para la Revista Estadio y para Las Últimas Noticias. Una vez terminada le pidió a su amigo Juan Facuse que se la lleve a Santiago, ya que esa misma noche el notario se embarcaba a Chile.
Jota Eme se fue a acostar tras una larga velada futbolística y Facuse partió rumbo al aeropuerto.
Lo que sigue es una de las mejores y memorables salidas de JM, luego de una broma que le jugó su colega y amigo Juan Facuse:
- "Don Julio dentro de poco me embarco en el avión para que esté tranquilo", dijo vía telefónica Facuse a Martínez, quien se aprestaba a dormir ya que el reloj marcaba la una de la mañana.
- "Gracias Juanito", respondió JM con los primeros bostezos.
El avión no salió a la hora presupuestada. Eran cerca de las dos de la mañana y Facuse toma el teléfono y llama a Julio Martínez.
- "Don Julio, el avión está atrasado así que todavía no me voy a Chile", explicó su amigo.
- "Gracias Juan", expresó JM con los ojos pesados de sueño.
Tres de la mañana y vuelve a sonar el teléfono de la pieza del hotel donde se alojaba Martínez.
- "Julio, el avión todavía no sale", manifestó Facuse.
- "Por la puta Juanito déjeme dormir", respondió con enojo JM.
Cuatro de la mañana, el ring del fono otra vez llamaba.
- "Don Julio acaban de anunciar la partida del avión a Chile", contó Facuse a Julio Martínez.
- "¡Ya Juanito! ¡Ya Juanito!", declaró JM, quien ya ni abría los ojos de cansancio.
Diez para las cinco de la mañana nuevamente comienza a sonar el teléfono…
- "Julio…", alcanza a decir el notario.
-"Juan Facuse váyase a la concha de su madre", finalizó JM peleando contra el insomnio provocado por su amigo y colega.

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