Año 6, N° 154, viernes 08 de Agosto 2008
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Pablo Mackenna
El poeta contraataca
Más conocido como conductor de TV que como poeta, el hombre de La Liga de Mega y ex CQC, irrumpe con una nueva producción literaria y da las razones de por qué el estilo, dónde se inspira y los proyectos que vienen.

"Anatomía del amor perfecto", el último libro de Pablo Mackenna, según él tiene que "ver con las escalas" donde, dice, "toma el cuerpo de la mujer como un mundo". Y agrega: "Termina siendo una alusión a mi propia relación con un mundo, que a veces creo que alcanzo a atrapar y a veces se me escabulle. En el fondo convierto el cuerpo de la mujer en el universo que habito y además, a través del esqueleto, de esos huesos, caderas, omóplatos, busco una estructura de la que carezco en mi vida".
De ahí la portada que, según el autor, demuestra que "los atributos del lenguaje están en el hueso, no en lo sensitivo, no en la mirada, ni en el tacto. Acá habla el hueso. Yo no he visto nunca más amor que en esa imagen, en esos dos cuerpos, sin artificio, como piedras que se aman a través de sus cuencas vacías".

¿Cómo partes con esta serie de poemas?
"Anatomía del abrazo perfecto" fue mi primer poema, de ahí partió todo. Yo tengo un tema con eso, con estos cuerpos que mucho más allá del asunto físico, se pertenecen. Que de repente dos cuerpos se encuentran, y que es casi imposible. El abrazo tiene que ver con una prueba desesperada, como el zapato de la cenicienta. El abrazo que calza, y los devuelve al tiempo anterior a las heridas. Habla también de la imposibilidad de que esto ocurra, y cómo desde este lugar sagrado sólo queda caer. Basta con tener la certeza de que ese otro cuerpo, imagen especular de una piedra única, existe, o incluso existió, para darse por lleno. El "pudo ser" es suficiente.
El poema del abrazo perfecto me gusta porque es casi una teoría científica, una tesis en donde la poesía se cuela. Es interesante que la poesía sea como pequeños baños de luz que entran y salen del texto. Hay un punto de inflexión en donde la tesis científica ya no se puede sostener y ahí entra la palabra como un andamio. Cuando el mundo se viene cuesta abajo, sólo la poesía puede sostenerlo.

¿Tienes una cierta obsesión con la perfección?
Si, pero es más bien una obsesión con la juventud como expresión de la perfección de la belleza. En el fondo, somos seres destinados a la degradación del tiempo, no intelectualmente, pero sí en lo físico. Entonces hay algo en las jovenzuelas que es la máxima expresión de la belleza en puro, en impoluto. Lo no tocado. Se dice que la naturaleza sólo puede ser hermosa, casi por antonomasia, hasta que la toca el hombre. De repente la mujer es igual. Basta con que las toquemos y ya se empieza a deteriorar. Ahora, el tema de lo perfecto tiene que ver más bien con el camino hacia la perfección, ese camino descrito por Platón que nos deja siempre a la vera del camino.

¿Cómo te inspiras?
Cuando escribo poesía, trato de leer novelas, para ampliar el sentido de un todo y de las historias que subyacen tras las palabras, como un ojo omnipresente, y cuando intento escribir cuentos, leo poesía, justamente para rescatar el lenguaje, la capacidad de acotar el tema de la orfebrería de la palabra. Para estar con el ojo alerta y para que las frases tengan sentido, para jugar con el ritmo. Intento no leer poesía mientras escribo poemas para encontrar mi propia voz. Que el único golpe sea el de la página en blanco.

¿Tienes alguna fórmula para escribir?
No, le tengo miedo a las fórmulas, por eso me gusta cambiar de género y de puntos de vistas. La palabra es como un vestido que de mucho plancharlo se quema. Hay que abrir el guardarropa

¿Cuales son tus pasos a seguir?
Mi nuevo proyecto es de poesía, voy a seguir por ese lado. Es un libro breve, que en una seguidilla de poemas cuenta una historia de abandono. Además, el proyecto contempla una animación, una historia con imágenes, que en paralelo, y sin volverse explicativa, complementa la percepción total. Es una propuesta arriesgada. Me gusta la idea de mezclar disciplinas. Tiene además, un tratamiento bien extraño del lenguaje. Yo "podo" las frases completas, desde conjunciones a los artículos, dejando lo que creo estrictamente necesario. La fuerza está en ciertas palabras madres. La idea es armar un texto que sea igualmente poderoso en lo que transmite, transgrediendo ciertos principios de sintaxis, sin que se vuelva un juego técnico y artificioso. Y también estoy escribiendo cuentos cortos, de entre dos y 20 páginas, pero eso está en proceso. Hay un hilo conductor que los uniría, que es la precariedad. Pequeñas fisuras en la vida, como la sensación de que todo está a punto de irse a la mierda todo el tiempo. Como las relaciones de pareja, donde una palabra puede desencadenar el caos. Un gesto, una mirada, cosas mínimas que pueden derrumbarlo todo. La puntita del papel mural, que una vez que tiras de ella, cae con la casa completa.

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