Año 6, N° 154, viernes 08 de Agosto 2008

Sufragio efectivo


La inscripción automática en los registros electorales para quienes cumplan 18 años es un incentivo importante para el cumplimiento de los derechos ciudadanos. Sin embargo, la posibilidad de que se legisle en favor del voto voluntario puede inhibir severamente la participación en la elección de sus representantes. El hecho de que menos de un 10 por ciento de los jóvenes manifieste interés en sufragar habla de nuestra limitadísima madurez cívica, del desinterés colectivo respecto de la política, así como la decepción que existe sobre el desempeño de las autoridades y partidos. De esta forma, sabemos que quienes nos gobiernan en La Moneda, desde el Parlamento y los municipios tienen muy poca representatividad, situación que es agravada con la vigencia del sistema binominal y otras cortapisas antidemocráticas que fueron establecidas durante la Dictadura y que, después de ésta, tanto han servido a los sucesores de Pinochet y a las oligarquías que recuperaron el control del Estado con el Golpe Militar y la denominada "transición a la democracia". Un eufemismo reciente de nuestra mitología política, marcada siempre por el autoritarismo, la violencia represiva y el disfrute desigual de nuestra economía.

La opción de obligar a la población a concurrir a las urnas (tal como se le impone tantas otras responsabilidades) podría ser demoledor para quienes quieren seguir gobernando sin contrapeso ciudadano y ejerciendo todo "el rigor de la ley" a quienes demanden derechos cívicos, salarios justos, educación, salud y seguridad. Podrían encontrar alguna consistencia aquellas expresiones "liberales" que abogan por el voto ciudadano, si la abstención se asumiera en los recuentos electorales como una expresión de repudio del pueblo ante las opciones que se le ofrecen. Pero para evitar que la abstención sea producto nada más que de la apatía popular, habría que legislar para que los ciudadanos puedan cumplir con el voto mediante incentivos que hagan más expedita su participación. Por ejemplo, con el sufragio electrónico y la fijación de los comicios en días de trabajo y no de descanso. Al mismo tiempo, las autoridades debieran contabilizar en cada escrutinio todas las expresiones electorales y no sólo los "sufragios válidamente emitidos". Como se hace en la actualidad para disimular la abstención que supera el 50 por ciento entre los que se inscriben o no votan, anulan la papeleta o la dejan en blanco.

A lo anterior, habría que reconocer el derecho a sufragio a los chilenos radicados o que se encuentren temporalmente en el extranjero, así como institucionalizar la consulta popular o el plebiscito. Con esto se avanzaría a una democracia participativa que extienda la soberanía popular más allá de la mera elección de representantes. Que valide la opinión ciudadana en resoluciones incluso más relevantes que elegir a sus parlamentarios, ediles o presidentes. Tal como ocurre, por lo demás, en países en que el voto es voluntario, pero constantemente se apela a la opinión de los ciudadanos para decidir sobre las más variadas materias. Incluso del ámbito militar y de las relaciones internacionales.