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Cuoteo Supremo*
Francisco Martorell“Uno a uno; O, mejor dicho, uno por uno; Uno tuyo y el otro mío; Y si no, ni el tuyo ni el mío…”

Uno a uno.

O, mejor dicho, uno por uno.

Uno tuyo y el otro mío.

Y si no, ni el tuyo ni el mío.

Así pareciera que el Senado elige a los integrantes de la Corte Suprema.

El máximo tribunal, a la larga, será un correlato en el Poder Judicial de las fuerzas políticas que están representadas en la Cámara Alta.

Son 25 los senadores que deben aprobar el nombre que nomina el Presidente de la República de una quina que entrega la misma Corte. Ni la Concertación y mucho menos la Derecha los tienen: deben negociar, entonces, los nombres que les acomodan y, repito, uno a uno, van otorgando los cupos a aquellos más afines política y judicialmente.

En esa lógica, entonces, no puede haber ministro independiente porque no llegará a la Suprema. Ni tampoco muy jugado, porque tampoco lo hará, como no tiene posibilidad alguna de hacerlo aquel que, en suerte, le toque un caso que afecta a uno de las dos bandas del Senado.

Despídanse los ministros independientes e investigadores acuciosos de llegar a la Suprema. Ya lo sabe Carlos Cerda. El mensaje, ahora, es más nítido que nunca para sus pares de Apelaciones.

Cambió el país, los rostros, el género de quien nos gobierna, pero el Senado se mantiene inalterable.

Uno a uno.

Entonces, despidámonos de una buena administración de Justicia y de un Poder Judicial independiente de quien gobierna o se opone a quien lo hace.

Está en la naturaleza humana querer llegar lo más alto posible. Son pocos los que se resisten a mirar desde la cumbre. Pues, cristalino, hoy todos sabemos que a la Corte Suprema llegarán aquellos congraciados con las mayorías de turno.

Una Ana Gloria Chevesich, por ejemplo, podrá integrar la quina, nunca la Suprema. Como Carlos Cerda. No es necesario preguntarse si son buenos o malos en su actividad. Para qué. Parte del Senado lo había decidido en el pasado.

La oposición tuvo su oportunidad histórica de mostrar cuánto de cierto es aquello del "nunca más" y que condena las violaciones a los derechos humanos ocurridas entre 1973 y 1990. Fue más fuerte el cuoteo y su memoria.

RN y la UDI, con la honrosa excepción del senador Alberto Espina, han criticado duramente, a veces con majadería, que la Concertación reparta sus cargos con la vara del color político. Ahora, cuando pudo mostrar la diferencia y trazar una raya respecto al pasado que más la condena, actuó con una miopía increíble. Dejó a Cerda fuera de la Suprema pero retrocedió una década en la imagen que pretendían construir para ser Gobierno en el 2010.

Uno a uno.

O, mejor dicho, uno por uno.

Uno tuyo y el otro mío.

Y si no, ni el tuyo ni el mío.

Hasta ahí, sin sacar un punto ni una coma, lo escrito en la columna editorial de abril de 2006, más de dos años después, la cosa se invirtió. A diferencia de Cerda o de la misma Ana Gloria Chevesich, mencionados en esa oportunidad, el ministro Pfeiffer hizo méritos suficientes, durante su desempeño judicial y en la reunión que sostuvo con los senadores, para quedar fuera de la Corte Suprema. Impresentable ayer, como hoy, es negar la evidencia del Holocausto judío. Absurdo es rechazar la supremacía de los pactos internacionales por sobre el derecho interno. Por eso Pfeiffer no fue el hombre.

Pero los votos de algunos concertacionistas, que lo apoyaron, así como la histérica reacción de los representantes de la Alianza por Chile, muestran cuánto está vigente el "uno a uno; O, mejor dicho, uno por uno; Uno tuyo y el otro mío; Y si no, ni el tuyo ni el mío…

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