Abrumador informe de la ONU sobre Cambio Climático

cambioEl Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC por sus sigla en inglés) de Naciones Unidas hizo público el pasado 31 de marzo un Informe donde indica que el impacto del cambio climático es “abrumador”, al mismo tiempo destaca que los ecosistemas del planeta están soportando un enorme presión a causa del mismo y alerta en especial sobre el impacto sobre los seres humanos, el que ya está afectando a vastas regiones del mundo con desastrosas consecuencias sociales y económicas.

Por Francisco Michel

La comisaria europea de Acción por el Clima, Connie Hedegaard, advirtió por su parte, que no se puede ralentizar el cambio climático y agregó que el documento del IPCC “muestra una clara evidencia de que el cambio climático tiene ya impactos significativos y generalizados”.

El IPCC ha subrayado la incontrastable cantidad de pruebas científicas que respaldan el Informe preparado con la colaboración de centenares de técnicos y expertos de alto nivel, como así también, ha advertido sobre los peligros aplastantes de este fenómeno. “El incremento de las magnitudes de calor hace que ascienda la posibilidad de impactos severos, penetrantes e irreversibles”, indica el texto que recoge antecedentes que demuestran, sin lugar a dudas, el devastador efecto que está teniendo el cambio climático en los glaciares, el permafrost del ártico (1) y todos los ecosistemas sin excepción, destacando que los efectos han sido consistentes y sostenidos en todos los continentes y océanos.

Merece especial preocupación a nuestro juicio la importancia que reconoce el Informe al creciente y significativo impacto que el cambio climático está teniendo sobre los seres humanos. Al respecto, señala el IPCC que las previsiones contemplan pérdidas de hasta el 25 % en las cosechas de maíz, arroz y trigo en el periodo que se extiende hasta el 2050, con graves consecuencias para la seguridad alimentaria y devastadores efectos sociales. Se estima que múltiples especies de peces, fuente importantísima de alimentos para una gran parte de la población mundial, se desplazarán a causa del calentamiento de las aguas, lo que podría provocar una disminución en la pesca en los trópicos y la Antártida de hasta el 50 %.

El documento resalta, además, que la población mundial se verá afectada por inundaciones y un incremento de la tasa de mortalidad a causa del calor y advierte sobre el aumento de los movimientos migratorios vinculados a las cambiantes e inestables condiciones climáticas, así como también, sobre los potenciales conflictos y las amenazas a la seguridad nacional derivadas de las mismas. “Es un informe aleccionador. Si proyectamos el futuro, los riesgos sólo aumentan sobre la población, los cultivos, la disponibilidad de agua, y los sucesos extremos”, expresa el profesor Neil Adger, de la Universidad de Exeter, también autor de un capítulo del Informe.

Se estima que durante el siglo XXI es “muy probable” que se den temperaturas máximas más elevadas y más días de calor en casi todas las zonas del planeta. También es “muy probable” en muchas zonas el incremento de precipitaciones intensas y de igual forma es “probable” en la mayoría de las latitudes medias y en el interior de los continentes el aumento de la sequedad estival y de los riesgos asociados a la sequía. “Muy probable” significa para el IPCC una posibilidad entre el 99 y el 90% y “probable” indica una eventualidad entre el 66 y el 90%.

Estas afirmaciones debieran representar un gran avance y un consenso muy valioso en materia ambiental, sobre todo viniendo de un organismo que, por representar el pensamiento científico consensuado de cientos de expertos a nivel global, tiende a ser bastante prudente, motivo por el cual la alerta que ha dado el IPCC debería dar por concluida la discusión sobre las causas del cambio climático y abre la posibilidad de abocarnos cuanto antes a mitigar sus efectos. No obstante, ante este panorama con seguridad se levantarán voces que todavía sostengan que los cambios climáticos observados no obedecen a la acción del ser humano y que no hay responsabilidad humana asociada al calentamiento global, ni existe ninguna buena razón para reducir las emisiones de carbono. Estos son los denominados “escépticos del cambio climático” y su discurso suele ser tremendamente efectivo, si bien tales expertos no ofrecen en absoluto credenciales de imparcialidad.

Así, los medios de comunicación de la derecha conservadora, como por ejemplo la compañía de noticias FOX y la revista Forbes, citan constantemente a estos autores y difunden ampliamente los argumentos de los “negacionistas”, sembrando la duda en parte importante de la población mundial sobre las reales causas del cambio climático, al difundir afirmaciones en el sentido que este fenómeno es todavía discutible y eventualmente imposible de probar. Otros medios de comunicación como la BBC o el diario “La Segunda” en nuestro país, han dado a conocer en otras oportunidades las principales conclusiones del IPCC y luego le otorgan un importante espacio a los escépticos, generando la impresión de que existe cierto equilibrio de opiniones entre la comunidad científica y que si bien algunos afirman que los orígenes del fenómeno y sus consecuencias obedecen a la acción humana, hay otros que niegan la responsabilidad de ella en el cambio climático y sus efectos.

Ante una polémica que recae en aspectos técnicos que se escapan a la evaluación del grueso público, la discusión suele derivar hacia las credenciales y las motivaciones de los científicos que intervienen en uno y otro sentido. En este contexto, el IPCC cuenta con una indudable ventaja, puesto que no solo es el principal órgano internacional para la evaluación del cambio climático establecido por el Programa Ambiental de las Naciones Unidas (PNUMA) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Al mismo tiempo, el IPCC es un órgano intergubernamental que está abierto a todos los países miembros de Naciones Unidas (ONU) y de la OMM, con 195 países miembros en la actualidad. Los gobiernos participan en el proceso de revisión de sus informes y en las sesiones plenarias, donde se toman las principales decisiones sobre el programa de trabajo del IPCC, que debe reflejar el consenso de sus numerosos contribuyentes, por lo que es muy difícil que representen una postura extrema o insuficientemente acreditada. Su financiamiento proviene de la ONU y los cientos de científicos que participan en sus informes lo hacen voluntariamente, sin recibir remuneración de la ONU por ello.

En contraste, los escépticos o “negacionistas”, agrupados principalmente en el Panel No Intergubernamental del Cambio Climático (NIPCC por su sigla en inglés), reconocen que los 52 técnicos o expertos que han contribuido en la elaboración de sus recientes informes son remunerados por su participación y varios de ellos no tienen títulos universitarios relevantes o vinculados directamente al estudio del clima. Por ejemplo, algunos tienen una formación en economía y no en ciencias naturales y según trascendió recientemente, el NIPCC ha sido financiado ampliamente por el centro de estudios neoliberal estadounidense, “Heartland Institute”, al punto que ya es de conocimiento público que éste último edita y distribuye los informes del NIPCC. Asimismo, el “Heartland Institute” posee un su vínculo directo con los EEUU y es conocida su relación con el Partido Republicano y cuenta –además- con el apoyo del movimiento político de extrema derecha republicano “Tea Party”, para el cual produce manuales especialmente diseñados para sus adherentes.

Son también conocidos los nexos entre algunos investigadores “negacionistas” con la industria del petróleo, como ocurre con el Dr. Willie Soon, uno de los autores líderes del NPICC, famoso por sus afirmaciones de que el calentamiento global es causado por la radiación solar. Según reveló una investigación de Greenpeace, luego de que ganase una apelación en los Estados Unidos acogiéndose al Acta por la Libertad de la Información (Freedom of Information Act), Willie Soon ha recibido donaciones de la petrolera ExxonMobil, del Instituto Estadounidense de Petróleo y de las Industrias Koch (2), junto con fondos proporcionados por la Southern Company, consorcio estadounidense con inversiones en termoeléctricas que funcionan con la combustión de residuos fósiles. Desde el 2002, todo aporte financiero recibido por el NPICC ha provenido de industrias relacionadas con el petróleo o el carbón (The Guardian, 2011), lo cual le resta independencia y credibilidad.

De manera que como afirma el secretario de la Organización Meteorológica Mundial, Michel Jarraud, antes de este Informe la gente podía alegar “ignorancia” en cuanto al cambio climático y mantener una actitud relativamente escéptica al respecto, pero ahora, “la ignorancia ha dejado de ser una buena excusa”. En este mismo sentido se pronunció el doctor Saleemil Huq, uno de los autores del documento: “Antes de esto pensábamos que sabíamos lo que estaba ocurriendo, pero ahora tenemos pruebas aplastantes de que está pasando y de que es real”.

(1) El permafrost del ártico corresponde a la capa de superficie terrestre activa que se extiende desde unos centímetros hasta varios metros de profundidad, que se deshiela durante el verano y se congela durante el invierno. La capa de permafrost más profunda permanece helada aún en el verano. El permafrost más profundo no se ha derretido desde la última edad del hielo, 10.000 años atrás, pero hay evidencias que indican que está siendo afectado por el calentamiento global en el presente siglo. Durante cientos de miles de años, el permafrost del Ártico ha acumulado grandes cantidades de carbono orgánico (se estima que de 1,4 a 1,85 billones de toneladas métricas) y la mayor parte del carbono del Ártico se encuentra en suelos ubicados dentro de los 3 metros de la superficie, los cuales son vulnerables al deshielo, pues el permafrost se está calentando más rápidamente que la temperatura del aire del Ártico. Cuando el calor de la superficie de la Tierra penetra en el permafrost, amenaza con liberar estas reservas de carbono orgánico, expulsándolo a la atmósfera en forma de dióxido de carbono y metano, alterando de este modo el equilibrio del carbono del Ártico y agravando enormemente el calentamiento global.

(2) Charles G. Koch es uno de los 6 hombres más ricos del mundo, según la revista Forbes. Es copropietario, presidente del directorio y director de las “Industrias Koch”, un enorme conglomerado privado de empresas involucradas en refinamiento y distribución de petróleo, en el desarrollo de químicos y de fertilizantes y en la producción papelera y ganadera, entre otros negocios de fuerte impacto ambiental.

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