América Latina gobernada solo por hombres: ¿coincidencia o reflejo de discriminación?

La política sigue dominada por prácticas masculinas y América Latina y el Caribe no escapa a esa realidad: con la reciente salida de Michelle Bachelet del Gobierno de Chile la región queda gobernada solo por hombres, con excepción de la pequeña Trinidad y Tobago, cuya presidenta electa Paula-Mae Weekes asume el 19 de este mes.

Por María García Arenales

“Los estereotipos de género se encuentran en la raíz de muchas de las dificultades que enfrentan las mujeres para acceder a puestos políticos, sobre todo de liderazgo; la política sigue siendo un mundo dominado por prácticas masculinas donde el acceso de las mujeres a posiciones de poder e influencia sigue siendo muy difícil”, dijo la psicóloga argentina Virginia García Beaudoux, profesora de la Universidad de Buenos Aires.

García Beaudoux, autora del libro “¿Quién teme el poder de las mujeres?”, alegó que aún existe una creencia muy fuerte en que el liderazgo en general es masculino, y se toman “como naturales cuestiones que en realidad son construcciones sociales”.

Una de esas construcciones es el estereotipo de que “la ambición, el mundo público y el buen líder es masculino”, añadió la especialista en comunicación política.

La investigadora argentino-española Flavia Freidenberg cree que no es casualidad que la región esté de nuevo gobernada exclusivamente por hombres, pues las mujeres siguen enfrentándose a fuertes dificultades para hacer política, pese a que las cuotas de género incrementaron su participación en listas parlamentarias.

“No creo en las casualidades, la región ha contado con siete mujeres presidentas hace unos años, que gobernaron de manera paralela, y ahora solo habrá una, Paula-Mae Weekes; ellas demostraron que las mujeres pueden llegar a ser presidentas y eso significa que tuvieron que romper techos importantes”, indicó Freidenberg, del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Las siete exgobernantes son Bachelet en Chile (2006-2010 y 2014-2018), Cristina Fernández en Argentina (2007-2015), Dilma Rousseff en Brasil (2011-2016), Laura Chinchilla en Costa Rica (2010-2014), Portia Simpson-Miller en Jamaica (2006-2007 y 2012-2016), Mireya Moscoso en Panamá (1999-2004) y Violeta Chamorro en Nicaragua (1990-1997).

DIVERSIDAD DE PAÍSES

García Beaudoux observó que el hecho de que una mujer sea jefa de Gobierno tiene un valor más simbólico que estadístico, pues lo que realmente muestra avances o retrocesos de las mujeres en la política es la estructura de la política en general.

En ese aspecto, “América Latina no está peor que otras regiones del mundo”, comentó.

“América Latina es muy grande y diversa; en el promedio mundial las mujeres ocupan 23 de cada 100 bancas de los parlamentos del mundo y en esta región lo hacen 26 de cada 100, un poco por encima del promedio mundial, pero después cada país es diferente”, matizó.

Colombia, Brasil o Uruguay, por ejemplo, están lejos de la paridad en sus congresos, mientras que Argentina tiene una alta presencia femenina en la Cámara de Diputados y en el Senado.

La politóloga argentina Yanina Welp apuntó por su parte que no existe correlación entre riqueza o institucionalización de la democracia y representación de las mujeres en cargos políticos.

“Uruguay es uno de los países con mayor estabilidad democrática y menor representación de mujeres”, dijo a esta agencia Welp, directora del Centro Latinoamericano de Zurich, que hace parte de la Universidad de Zurich, Suiza.

PRINCIPALES PROBLEMAS

Freidenberg detalla cuatro problemas que debe sortear una mujer cuando quiere competir por un cargo de elección popular.

“Elegirse a sí misma y superar los denominados techos de cemento; ser seleccionada por el partido y superar los techos de cristal existentes dentro de las organizaciones; que su campaña sea cubierta por los medios de comunicación masivos y que esa cobertura no sea sexista, y ser elegida por el electorado y superar los sesgos de género que puedan existir en la definición del voto de la ciudadanía”, mencionó.

Todos esos elementos, asegura, afectan más a las mujeres que a los hombres, de manera directa o indirecta, dificultando el ejercicio de derechos políticos y electorales.

Si bien en las últimas décadas se impulsaron reformas electorales “para transformar la “representación descriptiva” de las instituciones legislativas nacionales, triplicándose el número de mujeres legisladoras de nueve al 28,8 por ciento entre 1990 y 2016 (según datos de la Cepal), aún existen fuertes resistencias culturales, sociales y políticas que limitan su participación y representación”, agregó.

Asimismo Freidenberg indicó que los propios partidos suelen ser el principal cuello de botella, pues aunque han aprobado reglas para que haya mujeres en las candidaturas, “ellos mismos han supuesto barreras importantes” permitiendo o bloqueando su participación en cargos.

Esto se agrava de manera sustantiva en la política local, donde “solo el 13,1 de las alcaldías de la región están ocupadas por mujeres”, añadió Freidenberg, autora del libro “Cuando hacer política te cuesta la vida. Estrategias contra la violencia política hacia las mujeres en América Latina”.

La baja participación y ocupación de puestos en los niveles subnacionales no solo es una constante en América Latina, sino “en el mundo entero”, señaló García Beaudoux.

Más de la mitad de las personas militantes de los partidos políticos de la región son mujeres y, sin embargo, las secretarias generales de los partidos y presidentas son menos del 16 por ciento, indicó.

García Beaudoux también recordó que la igualdad numérica no equivale a igualdad sustantiva, ya que incluso en naciones europeas donde hay 40 por ciento de mujeres ocupando posiciones de jerarquía “se encuentran pocas en las comisiones donde se reparte el poder y el dinero”.

“En las comisiones del parlamento donde hay más mujeres es en Educación, Salud, Familia, Infancia, pero pocas en Presupuesto, y eso es falta de igualdad sustantiva, es decir, igualdad para poder influir y tener poder”, concluyó García Beaudoux.

Las tres expertas consultadas son integrantes de la Red de Politólogas, que promueve el trabajo de las mujeres dedicadas a la ciencia política latinoamericana. (Sputnik)

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