La sonrisa una política pública pendiente

Por Marco Mora Reyes, dentista

Chile cerró el año pasado con cifras que estremecen: 390.229 cirugías y más de 2,6 millones de consultas en espera en el sistema público; entre ellas 534.122 pacientes esperan una atención dental en Chile, la espera promedio es de 238 días y unos 4 millones de personas adultas tienen hoy 20 dientes o menos.

No hablamos de simples números, sino de historias de vida detenidas. Cada dígito representa dolor, frustración, oportunidades perdidas. Y en ese mar de esperas, la salud bucal permanece relegada al rincón más escondido de la política sanitaria.

Las elecciones presidenciales 2025 son una promesa sin sonrisa. En medio de la efervescencia electoral de este año, los programas presidenciales pusieron sobre la mesa conceptos nobles: “bienestar”, “seguridad”. Jeanette Jara, con su propuesta de un Chile más justo, habló de derechos sociales; José Antonio Kast apeló a mover Chile con deporte, disciplina y eficiencia fiscal, pero en ambos programas, como en tantos anteriores, la salud bucal simplemente no aparece como un problema relevante.

La pregunta es incómoda: ¿cómo puede un país hablar de salud, de calidad de vida y de justicia social, dejando fuera la boca? La sonrisa es, paradójicamente, invisible en la política. Quienes trabajamos en odontología lo sabemos: la boca no es un accesorio estético, es un eje vital del bienestar. El Plan Nacional de Salud Bucal 2021-2030 lo reconoce, pero sigue siendo letra muerta frente a la magnitud de las listas de espera.

La salud bucal afecta muchos ámbitos, entre los más importantes: El autoestima porque una dentadura dañada mina la seguridad personal, condiciona la forma en que nos relacionamos y limita la confianza con la que nos mostramos al mundo. Tiene relación con la empleabilidad ya que quienes sonríen con salud tienen más posibilidades de ser contratados, mejor evaluados y socialmente aceptados. Influye en la sexualidad porque es parte del atractivo, del deseo y de la intimidad, como de las relaciones afectivas, y tiene injerencia en enfermedades como la periodontitis, caries y pérdida dental que se asocian a diabetes, problemas cardiovasculares, partos prematuros y deterioro cognitivo. Las listas de espera en odontología no solo suman dolor físico: condenan a las personas al aislamiento, a la marginación laboral y a un mayor riesgo de enfermedades crónicas.

Mientras los candidatos presidenciales se enfocan en discursos sobre seguridad y crecimiento económico, la salud oral sigue fuera del radar. El problema es que, al invisibilizar la boca, lo hacemos también con las personas que esperan. No se trata solo de atender caries o poner prótesis: se trata de devolver dignidad, movilidad social y oportunidades. Un país que no invierte en la sonrisa de sus ciudadanos está hipotecando su capital humano. ¿Cómo hablar de productividad, innovación y futuro, cuando millones de chilenos no pueden ni sonreír sin avergonzarse?

Qué debería se diseñar y cumplir en un próximo gobierno: Priorizar la salud bucal en la Atención Primaria, con un convenio público y privado. Integrarla como un derecho garantizado y no como un beneficio opcional. Contar con programas preventivos desde la infancia a la adultez mayor con enfoque territorial, para eliminar inequidades. Implementar campañas masivas de atención dental, en tratamientos de baja y alta complejidad en escuelas, liceos, juntas de vecinos, contando con empresas como parte activa de la estrategia.

Además, las metas deben ser concretas y medibles, así que es aconsejable seguir la estrategia 80-20 (tener 20 dientes a los 80 años) como horizonte de dignidad y funcionalidad. Para ello es indispensable un financiamiento específico y sostenido lo que implicaría otorgar créditos con aval del Estado para que las familias financien sus tratamientos dentales de alta complejidad. Una política dental sin parches, con presupuesto real y evaluaciones anuales que garanticen continuidad y mantención de la salud.

La política suele olvidar que las cosas más simples son las más transformadoras. Una boca sana no es un lujo, es autoestima, empleabilidad, salud integral y calidad de vida. Chile necesita que el próximo gobierno entienda que la sonrisa es política pública, no cosmética. Que vea en la odontología no un gasto, sino una inversión en capital humano y movilidad social. La deuda con las listas de espera no se resuelve con discursos. Se resuelve con decisiones valientes que entiendan lo evidente: sin sonrisa, no hay futuro.

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El Periodista