
Falleció Luisa Riveros, la mujer que conmovió al Papa Juan Pablo II y dejó una entrevista inolvidable en 1987: “Pertenezco al Partido de Cristo”
La histórica pobladora de La Bandera falleció este 30 de agosto. Ella fue una de las voceras en la visita del Pontífice y emitió un recordado discurso denunciando el sufrimiento de los pobres en la dictadura de Augusto Pinochet.
Luisa Riveros, la pobladora de La Bandera que en 1987 se atrevió a denunciar la pobreza y la represión de la dictadura ante el Papa Juan Pablo II, falleció este sábado 30 de agosto a los 84 años. Su valiente testimonio se convirtió en un símbolo de lucha por la dignidad y quedó registrado en una extensa e inolvidable entrevista publicada por la revista Análisis (edición del 4 al 10 de mayo de 1987), realizada por la periodista María Eugenia Camus.
Con una voz templada por la necesidad y la fe, Riveros fue clara desde el principio: “Pertenezco al Partido de Cristo”, respondió cuando se le preguntó por su filiación política. “Lo mío es la verdad, el amor, la paz, la justicia, querer vivir como Dios manda”.
Durante la visita del Pontífice a Chile, Riveros fue una de las voceras en el acto en la población La Bandera. Allí, frente a miles de personas y con Augusto Pinochet aún en el poder, expresó con fuerza el sufrimiento de los pobres. “Este fantasma de la miseria lo vengo arrastrando desde niña”, decía en la entrevista. “Siempre me he preguntado por qué hay ricos y pobres”.
Su discurso, que autoridades eclesiásticas intentaron censurar, hablaba del hacinamiento, la cesantía, los niños sin escuela ni comida, y la represión. “El Papa me dijo que siguiera igual, que era muy fuerte”, recordaba Riveros. “Yo le dije que me dolía ver cómo los niños sufrían, y él me dijo: ‘Llore, que es bueno llorar’”.
La entrevista con Análisis retrata no solo su historia de vida —marcada por la pobreza, el trabajo informal y la maternidad— sino también su sabiduría política y humana. “Ellos no escuchan nada. Lo del diálogo, de la reconciliación no lo tomaron como cosa beneficiosa para la patria. No quieren escuchar porque su ambición es más fuerte que la reconciliación”, afirmó.
Luisa Riveros murió como vivió: fiel a sus convicciones, humilde, pero firme. Su palabra, su fe y su compromiso con los más pobres permanecen como un legado vivo. Fue la mujer que se atrevió a hablar cuando muchos callaban. Hoy, Chile despide no solo a una dirigente vecinal, sino a una voz profética cuya verdad sigue interpelando a las conciencias.