
Desafíos de la prensa en 2026: informar sin incendiar
Este año exigirá que los medios contribuyan a algo esencial: cuidar el clima democrático. Eso significa promover el respeto y la legitimidad de las diferencias, valorar el debate de ideas y no naturalizar la violencia política en ninguna de sus formas, venga de donde venga.
Por Francisco Martorell, director de El Periodista
2026 no será un año más. Será un año duro, tensionado, inquieto. Un año en el que Chile deberá mirarse al espejo sin maquillajes, asumir que su polarización no es un accidente y aceptar que las crisis no se resuelven con slogans, sino con decisiones responsables, diálogo honesto y capacidad de Estado. Estamos a tiempo, pero ese tiempo no es infinito.
El país llega a este nuevo ciclo con expectativas elevadas y con un nuevo gobierno que basó gran parte de su fuerza política en una crítica severa al que se va. Prometió soluciones rápidas, certezas inmediatas, seguridad sin matices y reactivación económica sin ambigüedades. La ciudadanía tomó nota y le entregó su confianza. Pero las expectativas pueden ser una bendición o una trampa: si no se cumplen, se transforman en frustración; si se administran mal, derivan en enojo social.
En ese escenario, el rol de la prensa no es menor. Al contrario: será decisivo.
La prensa chilena deberá evitar convertirse en combustible de la confrontación permanente. No es su tarea amplificar los gritos, ni sumarse a la lógica del enemigo interno que algunos actores políticos instalarán para justificar lo que viene. El periodismo tendrá que resistir las presiones —de poder, de audiencias, de redes— para sumarse al clima beligerante que tanto seduce a las plataformas digitales y tanto daña la convivencia democrática.
Tampoco puede ser un espectador ingenuo. La responsabilidad periodística no consiste en neutralidad fría ni en falsa equidistancia frente a atropellos, abusos o amenazas institucionales. Consiste, sí, en dar contexto, explicar procesos, desmontar relatos interesados, iluminar zonas oscuras y ofrecer a la ciudadanía información verificada para que pueda tomar decisiones informadas. Sin eso, la democracia se empobrece. Eso trataremos de hacer en cada una de nuestras plataformas y te pedimos nos acompañes y apoyes.
Este será también el año en que habrá que enfrentar con fuerza la malicia organizada que circula en redes sociales: campañas de desinformación, ejércitos de cuentas falsas, bots diseñados para instalar odio, miedo o mentiras. La posverdad no es un fenómeno abstracto: altera elecciones, condiciona políticas públicas, manipula emociones colectivas. Combatirla será un deber ético y profesional. No nos rendiremos frente a ella.
El periodismo deberá ser un muro frente a ese deterioro. No solo chequeando datos, sino también desenmascarando operaciones, transparentando intereses y recordando que la libertad de expresión no es sinónimo de impunidad para mentir.
Este año exigirá, además, que los medios contribuyan a algo esencial: cuidar el clima democrático. Eso significa promover el respeto y la legitimidad de las diferencias, valorar el debate de ideas y no naturalizar la violencia política en ninguna de sus formas, venga de donde venga. Significa defender derechos y libertades como patrimonio común y no como botín de trincheras.
2026 puede ser un año de fracturas o de madurez. Chile llega herido, desconfiado y cansado, pero todavía con voluntad de seguir siendo una democracia que aprende y no que retrocede. La prensa no puede fallarle a ese desafío. No está para aplaudir ni para destruir; está para ayudar a comprender, exigir cuentas, fiscalizar al poder y acompañar con rigor y serenidad a una ciudadanía que merece, más que nunca, información responsable.
Si lo hace, contribuirá a evitar incendios. Si no, será parte de ellos. El Periodista ya eligió su tarea.
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