Temperatura mortal: las olas de calor ya causan más de 500 muertes al año en Chile y golpean con fuerza a los adultos mayores

Estudios del Instituto de Salud Pública de la UC revelan un preocupante aumento de fallecimientos durante las olas de calor. Expertos advierten que el riesgo es real, silencioso y creciente, especialmente para las personas mayores de 65 años.

Las altas temperaturas y las olas de calor se han consolidado como una de las principales amenazas emergentes para la salud pública en Chile, con un impacto que va mucho más allá de las molestias propias del verano. Según investigaciones del Instituto de Salud Pública de la Universidad Católica, cada año se registran cerca de 584 muertes atribuibles al calor extremo, la mayoría de ellas en personas mayores de 65 años.

Se trata de las llamadas “muertes en exceso”, es decir, fallecimientos que no se habrían producido en condiciones climáticas normales, y que evidencian una realidad cada vez más inquietante en el contexto del cambio climático.

“El calor extremo no es solo una incomodidad pasajera. Es un factor de riesgo real, silencioso y potencialmente mortal, especialmente para las personas mayores, en particular quienes viven solas o padecen enfermedades crónicas”, advierte Carolina Saravia, enfermera jefe de Clínica Cath, centro especializado en el cuidado del adulto mayor.

¿Por qué las personas mayores son las más afectadas?

Con el paso de los años, el organismo pierde parte de su capacidad para regular la temperatura corporal. A esto se suma una menor sensación de sed, la presencia de patologías como hipertensión, diabetes o enfermedades cardíacas, y el uso de medicamentos que pueden favorecer la deshidratación.

“Muchos adultos mayores no perciben la sed o no identifican a tiempo los primeros síntomas de un golpe de calor, como mareos, confusión o debilidad. Por eso la prevención es clave”, subraya Saravia.

Entre las principales recomendaciones figuran:

  • Beber agua de forma constante, incluso sin sensación de sed.
  • Evitar la exposición al sol entre las 11:00 y las 17:00 horas.
  • Permanecer en espacios frescos y ventilados.
  • Usar ropa liviana, holgada y de colores claros.
  • Reducir la actividad física durante los días de calor extremo.

Heridas crónicas: un riesgo adicional en verano

El impacto del calor no se limita a la deshidratación o los golpes de calor. La piel envejecida, más delgada y frágil, es particularmente vulnerable a quemaduras solares, lesiones e infecciones.

“La exposición sin protección puede generar quemaduras, manchas y heridas que en personas mayores evolucionan rápidamente a complicaciones graves”, explica la especialista.

Además, las altas temperaturas pueden agravar heridas crónicas, como úlceras por presión, lesiones en extremidades inferiores o heridas asociadas a la diabetes. La sudoración excesiva y la humedad favorecen la proliferación bacteriana, aumentando el riesgo de infección y retrasando la cicatrización.

Durante el verano, desde Clínica Cath observan un incremento de las complicaciones en heridas crónicas, lo que refuerza la necesidad de cuidados rigurosos: mantener la piel limpia y seca, cambiar apósitos según indicación médica, evitar la exposición directa al sol y vigilar signos de alerta como enrojecimiento, secreciones, mal olor o dolor.

Un desafío creciente para la salud pública

Los especialistas coinciden en que las olas de calor serán cada vez más frecuentes e intensas, por lo que la prevención debe transformarse en una prioridad sanitaria y social.

“Cuidar a las personas mayores en verano es una responsabilidad compartida. La información oportuna, la observación constante y el acompañamiento pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte”, concluye Carolina Saravia.

Las cifras son claras: el calor extremo ya no es una excepción, sino un riesgo permanente que exige conciencia, preparación y acción.

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El Periodista