
Contención militar en Venezuela confirma el enfoque operativo estadounidense
La estrategia no apunta a devastar un país, sino a evitar precisamente ese escenario, manteniendo la presión y dejando claro que la cooperación es el único camino para evitar una escalada mayor.
Por Christian Slater E.
Los acontecimientos y declaraciones conocidas durante las últimas horas confirman y refuerzan el enfoque expuesto en la columna publicada ayer sobre la captura y extracción de Nicolás Maduro. Lejos de abrir un escenario de guerra o invasión, lo ocurrido evidencia que Estados Unidos optó —y sigue optando— por una estrategia quirúrgica, condicionada y gradual.
Las declaraciones del secretario de Estado Marco Rubio han sido claras: no existe reconocimiento de legitimidad política para las actuales autoridades venezolanas, pero sí una disposición a tolerarlas de manera transitoria y estrictamente instrumental, en la medida en que cooperen para mantener el orden, desarticular estructuras criminales y facilitar acuerdos mínimos de estabilización. Esa tolerancia no es ideológica ni permanente; es funcional y reversible.
En ese marco debe leerse la reciente intervención pública del ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino López. Si bien rechaza la captura de Maduro y reafirma su lealtad institucional, resulta decisivo que no haya llamado a movilizaciones, insurrección ni ruptura del orden interno. Por el contrario, su exhortación a continuar con las actividades normales y mantener estabilidad confirma que el alto mando militar no está en condiciones —ni parece dispuesto— a escalar el conflicto.
Lo anterior valida el diagnóstico central: la clave del proceso no está hoy en elecciones inmediatas ni en gestos políticos, sino en el control efectivo del territorio, la contención de actores armados irregulares y la salida de influencias extranjeras que operaron como soporte del régimen. Solo a partir de ese orden mínimo podrá abrirse, más adelante, una transición política real y sostenible.
Más que contradecir lo ocurrido ayer, los hechos de hoy lo confirman. La estrategia no apunta a devastar un país, sino a evitar precisamente ese escenario, manteniendo la presión y dejando claro que la cooperación es el único camino para evitar una escalada mayor.
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