El día después de La Moneda: el plan de Boric para su vida como expresidente

A días de dejar el poder con 40 años recién cumplidos, Gabriel Boric prepara su salida del barrio Yungay, la creación de una fundación propia y un rol internacional que podría proyectarlo fuera de Chile. Su círculo reconoce que todo dependerá del tono que adopte el nuevo gobierno.

El 11 de marzo no solo marcará el fin del mandato de Gabriel Boric, sino el inicio de una etapa inédita en la política chilena: la de un expresidente de 40 años, con respaldo en encuestas y margen para proyectarse internacionalmente.

Tras entregar la banda presidencial a José Antonio Kast, el mandatario dejará la casona patrimonial del barrio Yungay donde residió durante sus cuatro años en el poder. Su destino definitivo será una vivienda en la comuna de San Miguel, donde se trasladará junto a su esposa, Paula Carrasco, y su hija Violeta, aunque la propiedad aún se encuentra en proceso de acondicionamiento. Mientras tanto, evalúa una residencia transitoria.

Desde ese nuevo domicilio Boric planea trabajar en su propia fundación, una estructura similar a las que levantaron Ricardo Lagos, Michelle Bachelet y Sebastián Piñera. El proyecto —desarrollado con hermetismo por colaboradores vinculados al Frente Amplio— apunta a convertirse en un “centro de reflexión progresista” y en una plataforma de defensa y proyección de su legado.

Relato político

El propio Presidente comenzó a ordenar su salida en julio, cuando encargó a la entonces ministra Aisén Etcheverry la construcción de un “relato” político para el período posterior a La Moneda. En su último consejo de gabinete, además, transmitió a sus ministros que contará con una oficina propia y que su intención inicial es evitar convertirse en un “activo opinante” permanente de la contingencia.

Ese diseño, sin embargo, no es rígido. Cercanos al mandatario explican que su perfil público dependerá en gran medida de la relación que establezca con el gobierno entrante. Aunque en 2023 ironizó diciendo que se iría a vivir a un faro —imagen que incluso se tatuó—, hoy su entorno reconoce dos escenarios: un bajo perfil si la administración de Kast adopta un tono convocante, o un regreso a la primera línea como uno de los principales voceros de la oposición si su gestión es confrontada.

El capital político no es menor. Según encuestas, Boric mantiene sobre un 30% de respaldo, cifra superior a la que tenía Michelle Bachelet al cerrar su segundo mandato. Históricamente, los expresidentes tienden a mejorar su evaluación al dejar el poder, lo que lo posiciona como uno de los pocos referentes claros de la izquierda, junto al alcalde de Maipú, Tomás Vodanovic.

Ese dato es observado con atención en el oficialismo. En el Socialismo Democrático no existe hoy una figura dominante, mientras que en el Frente Amplio sus aliados buscan blindar su imagen de cara a la renovación de la directiva del partido. En su entorno advierten que un quiebre con la centroizquierda podría complicar cualquier intento futuro de retorno a La Moneda.

Dieta presidencial

En lo inmediato, Boric contará con los beneficios establecidos para los expresidentes: una asignación mensual, financiamiento para oficina, equipo de apoyo y gastos de traslado. Eso le permitirá sostener un staff de comunicaciones y asesores, además de desarrollar una agenda internacional activa. En su círculo no descartan que esa proyección externa pueda abrirle la puerta a un cargo en organismos internacionales o a tener presencia en la resolución de conflictos.

Mientras define su futuro, el mandatario insiste en gobernar “hasta el último momento”. Ha pedido a sus ministros concentrarse en las tareas pendientes y ha hecho (y dicho lo indecible) para sacar adelante en su mandato el protecto de Sala Cuna Universal. También ha recorrido el país y pretende nuevas alidas antes de pasarle la banda presidencial a Kast.

El 11 de marzo, tras la ceremonia de cambio de mando, está previsto un acto de camaradería con ministros y exautoridades. Será el cierre simbólico de una administración que, lejos de retirarse del todo, comienza a diseñar su segunda vida política. Para Boric, la salida de La Moneda no aparece como un retiro, sino como una pausa estratégica.

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El Periodista