
Escudo de las Américas: soberanía chilena en tres frentes
En un entorno de competencia global, la dependencia puede transformarse en vulnerabilidad estructural.
Por Christian Slater Escanilla, Magíster en Ciencias MIlitares
Cuatro días antes de asumir el mando, el Presidente electo participará —invitado por el Presidente de Estados Unidos— en la Cumbre “Shield of the Americas” (Escudo de las Américas), instancia destinada a debatir la interferencia extranjera en el hemisferio y a delinear estrategias frente al avance de potencias extrahemisféricas en la región. El contexto no es neutro: ocurre en medio de tensiones diplomáticas vinculadas al proyecto de cable submarino transoceánico con conexión directa a Asia, hoy objeto de debate geopolítico explícito.
No se trata de afirmar que estos asuntos se resolverán en Miami. Tampoco de sostener que el Presidente electo —que aún no asume formalmente— adoptará definiciones inmediatas en ese escenario. Pero sí es evidente que su mandato comenzará bajo una conversación hemisférica abierta sobre soberanía y arquitectura estratégica.
En ese marco convergen, a mi juicio, tres frentes que —aunque distintos— incidirán en la agenda inicial del nuevo gobierno y cuya dimensión estratégica merece una mirada de largo plazo.
El primero es la infraestructura digital crítica. El eventual cable hacia Asia no es solo un proyecto tecnológico; es infraestructura estratégica.
En un entorno de competencia global, la dependencia puede transformarse en vulnerabilidad estructural.
Las recientes informaciones publicadas por La Segunda y La Tercera sobre múltiples reuniones oficiales con empresas estatales chinas en sectores como energía, telecomunicaciones e infraestructura —entre ellas State Grid y China Mobile— todas formalmente registradas bajo la Ley del Lobby, no constituyen ilegalidad alguna. Pero sí revelan la densidad estratégica del entorno en que se adopta cualquier decisión vinculada a infraestructura crítica y explican por qué el debate ha trascendido lo meramente técnico.
Por ello, más que cerrar la discusión, podría abrirse una alternativa prudente: fortalecer el proyecto Humboldt, diversificando rutas y reduciendo exposición geopolítica. Diversificar no es aislarse; es aumentar autonomía.
El segundo frente se encuentra en el norte. La Zona Franca de Iquique S.A. opera en Tarapacá, territorio incorporado tras la Guerra del Pacífico y escenario del Combate Naval de Iquique, hitos que forman parte de la memoria estratégica del país. La Zona Franca, creada en 1975 en el marco de la regionalización, fue concebida como instrumento de desarrollo y consolidación territorial en una región fronteriza.
No es la primera vez que el régimen franco enfrenta tensiones. En distintas etapas, debates sobre concesión o gobernanza han requerido supervisión central para resguardar estabilidad institucional. Precisely por ello, cualquier modificación estructural debiera inspirarse en el principio que le dio solidez: claridad jurídica y coherencia con su rol estratégico.
Las advertencias formuladas por Patricio Sesnich Stewart invitan a examinar con rigor lo que se evalúa. En el Chile actual —con fronteras tensionadas y dinámicas transnacionales activas en el norte— la estabilidad jurídica de su principal plataforma económica no es un asunto menor. Es razonable que el equipo de transición del Presidente electo tenga este tema en su radar, pues reaparecerá en los primeros meses de mandato.
El tercer frente se refiere al posicionamiento internacional de Chile, incluida la eventual definición respecto de la candidatura nacional a la Secretaría General de la ONU. De los tres, este es probablemente el menos estructural en términos inmediatos, pues depende de equilibrios globales que exceden nuestra capacidad decisoria directa. Sin embargo, internamente puede transformarse en un foco innecesario de confrontación.
Respaldar una candidatura nacional no debiera entenderse como adhesión ideológica, sino como continuidad institucional. Si prospera, Chile contará con una connacional en una posición relevante; si no prospera, la decisión no podrá atribuirse a fracturas domésticas. En ambos escenarios, el país preserva estabilidad interna y coherencia externa.
Los tres temas son distintos, pero comparten una exigencia común: soberanía efectiva requiere instituciones sólidas y cálculo serio. Los Estados no se fortalecen por la fotografía, sino por la coherencia sostenida.
En el campo se dice que hay que saber apearse del caballo. No como debilidad, sino como prudencia cuando el terreno exige observar antes de avanzar. El Presidente electo aún no asume, pero ya enfrenta debates que marcarán el inicio de su administración. No necesita resolverlos antes de tiempo; sí deberá abordarlos con visión estratégica en sus primeros meses.
Cuando las alarmas comienzan a encenderse, la prudencia institucional no es exageración: es responsabilidad.
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