
Estudio sobre tatuajes y cáncer vuelve al debate tras diagnóstico de Mauricio Pinilla
Investigación publicada en marzo del año pasado detectó mayor incidencia de cáncer de piel y linfomas en personas tatuadas. El anuncio del exfutbolista chileno reabre la discusión sobre posibles factores de riesgo.
El diagnóstico de cáncer a la piel revelado por el exdelantero de la selección chilena Mauricio Pinilla reactivó el debate sobre los posibles factores asociados a enfermedades cutáneas, entre ellos una investigación científica publicada en marzo de 2025 que vinculó los tatuajes con un mayor riesgo de ciertos tipos de cáncer.
El estudio, desarrollado por científicos de la Universidad del Sur de Dinamarca y de Helsinki y difundido en la revista BMC Public Health, analizó a 5.900 gemelos daneses y concluyó que las personas tatuadas presentan una mayor incidencia de cáncer de piel y linfomas, especialmente cuando los tatuajes cubren superficies grandes del cuerpo.
Los investigadores trabajaron con dos diseños: una cohorte de 2.367 gemelos y un estudio de casos y controles con 316 pares nacidos entre 1960 y 1996. Los diagnósticos se cruzaron con registros nacionales de cáncer y encuestas sobre exposición a tinta.
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Tatuajes grandes, mayor riesgo
Los resultados mostraron que las personas tatuadas tenían un riesgo 1,62 veces mayor de cáncer de piel —excluyendo carcinoma basocelular— y que el riesgo se incrementaba cuando los tatuajes eran más grandes que la palma de una mano. En esos casos, el riesgo de cáncer cutáneo subía a 2,37 veces y el de linfoma a 2,73 veces.
La hipótesis científica apunta a que la tinta de los tatuajes no permanece solo en la piel: parte de ella migra a los ganglios linfáticos, donde podría generar inflamación crónica. Con el tiempo, esa respuesta inmunológica persistente podría favorecer proliferaciones celulares anormales.
Los autores del estudio aclararon que no se trata de una relación causal definitiva, sino de una asociación estadística que requiere más investigación. El cáncer puede tardar décadas en desarrollarse, lo que dificulta establecer conexiones directas entre exposición temprana y enfermedad posterior.
El caso de Pinilla
En este contexto, las declaraciones de Mauricio Pinilla —quien tiene numerosos tatuajes visibles en su cuerpo— fueron interpretadas por especialistas como un recordatorio de que los factores de riesgo del cáncer de piel son múltiples.
El exfutbolista contó que fue diagnosticado tras detectar manchas cutáneas y que ya inició tratamiento. Según explicó, los médicos consideran que su alta exposición al sol durante años de entrenamientos al aire libre sería un elemento relevante en su caso.
Pinilla señaló que el cáncer fue detectado en una etapa inicial y que las lesiones serán tratadas mediante procedimientos dermatológicos. También reconoció haber pasado semanas complejas de salud, con hospitalización incluida, aunque hoy se encuentra estable.
Advertencia científica, no alarma
Los investigadores del estudio europeo enfatizan que sus resultados no buscan alarmar, sino abrir una línea de investigación en salud pública. Los tatuajes son cada vez más comunes: estiman que cuatro de cada diez mujeres y tres de cada diez hombres se tatuarán en los próximos años.
Hasta ahora no se ha identificado un color específico de tinta como principal responsable, aunque estudios previos han detectado sustancias potencialmente tóxicas en algunos pigmentos.
Los científicos trabajan ahora en analizar cómo las partículas de tinta afectan a los ganglios linfáticos a nivel molecular y si ciertos tipos de linfoma se relacionan más estrechamente con tatuajes extensos.
Especialistas recomiendan controles dermatológicos periódicos, protección solar rigurosa y seguimiento médico ante cualquier lesión sospechosa, tanto en personas tatuadas como no tatuadas.
El caso de Pinilla, más que confirmar una relación directa, vuelve a poner sobre la mesa una pregunta científica que sigue en estudio: cómo interactúan los tatuajes, el sistema inmunológico y el cáncer a largo plazo.
El caso de Pinilla
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