
“Familias ensambladas”: el nuevo capítulo de Ni contigo ni sin ti aborda los desafíos de construir un hogar común
La escritora y periodista Montserrat Martorell conversó con los psicólogos Jorge Norambuena y Catalina Celsi en El Periodista TV sobre roles, duelos, celos y la necesidad de crear una “nueva cultura” familiar cuando se mezclan historias, exparejas e hijos.
Desde el barrio Bellas Artes, en El Periodista TV, Montserrat Martorell estrenó un nuevo episodio de Ni contigo ni sin ti, el espacio dedicado a “historias de amor, deseo y otras torpezas”. Esta vez, el capítulo puso el foco en una realidad cada vez más común: las familias ensambladas y el desafío de construir pertenencia sin quedar atrapados en conflictos y expectativas imposibles.
Para abordar el tema, Martorell estuvo acompañada por Jorge Norambuena, psicólogo clínico, psicoanalista y librero, y por Catalina Celsi, psicóloga especialista en psicoanálisis relacional, psicóloga sanitaria en España, docente y supervisora clínica. La conversación se centró en una pregunta directa: ¿cómo armar una familia ensamblada y sentirse parte sin “morir en el intento”?
Uno de los puntos que marcó el episodio fue la mirada de Norambuena, quien propuso “desnaturalizar” la idea de que existen familias “no ensambladas”. “¿Qué familia no es ensamblada?”, planteó, recordando que incluso la llegada de un hijo implica un nuevo ensamblaje, con dinámicas previas, fracturas y arreglos que muchas veces no se ven. Sin embargo, reconoció que hay ensamblajes más complejos que otros, especialmente cuando se suman exparejas, hijos y rutinas ya consolidadas.
Martorell aterrizó el debate desde la experiencia personal: relató cómo es emparejarse con una persona divorciada con hijos y enfrentarse a una vida donde “participamos más de dos”, con decisiones que deben coordinarse —vacaciones, fines de semana, rutinas— y donde cada acción puede impactar en otros actores. En esa línea, Celsi comparó el proceso con “cambiar de cultura”: cada familia tiene su lenguaje, sus reglas y su narrativa, y cuando ocurre una ruptura y se reconstituye un hogar, esas culturas deben aprender a convivir.
El capítulo también profundizó en figuras especialmente cargadas de tensión, como la madrastra y el padrastro. Martorell recordó el peso simbólico que arrastra la palabra “madrastra”, alimentado por representaciones negativas, y describió el desafío de “encontrar un lugar” que nadie entrega de forma explícita: querer construir vínculo sin competir, sin herir, sin provocar conflictos de lealtad. Celsi sumó que esos conflictos son frecuentes y difíciles de evitar: celos, competencias y tensiones con exparejas pueden emerger incluso cuando hay buenas intenciones.
Otro eje central fue la idea de que no hay manual universal, y que el camino depende de variables como la edad de los hijos, los acuerdos parentales, el tipo de convivencia y el deseo real de cada integrante. Norambuena planteó que la pregunta clave no es solo “cómo hacerlo”, sino qué se desea al entrar en una relación donde hay hijos y una historia previa: qué rol se quiere ocupar, qué nivel de involucramiento se busca y qué expectativas —explícitas o invisibles— se ponen sobre la pareja y el hogar.
Hacia el cierre, el tono giró hacia lo reparador. Celsi subrayó la importancia de respetar tiempos y duelos, evitar apresuramientos y entender el ensamblaje como un proceso “en constante construcción”, más que como un punto de llegada. En la misma línea, el episodio cerró con una imagen simbólica: el kintsugi, arte japonés de reparar con oro lo que se quiebra, como metáfora de la belleza posible en reconstruir después de una fractura.
El episodio finalizó con el llamado habitual del programa a la audiencia: compartir el capítulo, proponer temas y enviar historias para futuras conversaciones. Con este estreno, Ni contigo ni sin ti suma ya ocho capítulos y consolida su tono: una conversación íntima, clínica y cotidiana sobre amor, vínculos y las torpezas —y aprendizajes— de intentar vivir con otros.
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