Informe médico concluye que Bolsonaro requiere control permanente, pero puede seguir en prisión
Evaluación ordenada por el Supremo brasileño señala que el exmandatario necesita monitoreo continuo por múltiples patologías, aunque su estado es compatible con el régimen carcelario.
Un informe de la Policía Federal de Brasil determinó que el expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años y tres meses de cárcel por el intento de golpe de 2022, requiere seguimiento médico continuo, aunque puede permanecer recluido en el complejo penitenciario de Papuda.
La evaluación, realizada el 20 de enero por personal médico, establece que Bolsonaro necesita control riguroso de la presión arterial, hidratación adecuada, dieta fraccionada, exámenes periódicos y uso permanente de un dispositivo para tratar la apnea del sueño.
El documento concluye que estas medidas son compatibles con el entorno penitenciario. No obstante, advierte que existe riesgo de caídas y episodios de confusión si el exmandatario no cuenta con observación constante y respuesta médica inmediata.
Entre las afecciones diagnosticadas figuran apnea obstructiva del sueño grave, obesidad clínica, aterosclerosis sistémica, enfermedad por reflujo gastroesofágico, lesiones cutáneas y adherencias intraabdominales, según informó el diario brasileño O Globo.
La pericia médica fue ordenada por el juez del Tribunal Supremo Alexandre de Moraes en el marco de la solicitud de la defensa de Bolsonaro para que cumpla su condena en prisión domiciliaria por razones humanitarias.
La esposa del exgobernante, Michelle Bolsonaro, había advertido previamente sobre un “riesgo real de muerte” debido al estado de salud de su marido, señalando que sufre mareos y pérdida de equilibrio al ponerse de pie por efectos secundarios de su medicación.
Bolsonaro, que ha rechazado tratamiento psiquiátrico o psicológico aunque ha recibido visitas de un pastor, sufrió recientemente una caída desde la cama que le provocó un traumatismo craneoencefálico leve, sin daño intracraneal.
A finales de diciembre fue intervenido por una hernia inguinal y días después volvió a ser operado para bloquear los nervios frénicos derecho e izquierdo —responsables del movimiento del diafragma— con el fin de frenar crisis persistentes de hipo que ha padecido en los últimos meses.
El exmandatario, de 70 años, arrastra problemas abdominales, hernias y obstrucciones intestinales desde el apuñalamiento que sufrió en 2018 cuando era candidato presidencial. Desde fines de noviembre cumple su condena por el intento de golpe de Estado contra el actual presidente, Luiz Inácio Lula da Silva.
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