Especial 8M | Cuando ellas avanzan: Pía Cortés, la chilena que busca exoplanetas desde Escocia

Con formación en la Universidad de Chile y experiencia académica en Europa, ha desarrollado una carrera científica marcada por la investigación internacional y la reflexión crítica sobre las condiciones del sistema científico.

Por Naomí Reyes.

Pía Cortés Zuleta es astrónoma chilena, doctora en Astronomía y especialista en la detección de exoplanetas de baja masa. Actualmente trabaja como investigadora postdoctoral en la University of St Andrews, en Escocia, donde participa en proyectos internacionales centrados en el análisis computacional de datos astronómicos. 

En febrero de este año recibió el Premio L’Oréal-UNESCO For Women in Science, distinción que visibilizó una trayectoria construida entre Chile y Europa, marcada por investigación de largo plazo, movilidad académica y una lectura crítica del sistema científico global.

Vocación científica

Yo soy astrónoma. Es lo más potente que me define en este momento de mi vida. Sí, soy científica, pareja, amiga y todas esas cosas a la vez”, afirma Cortés. 

Su interés por la ciencia se formó tempranamente, según relató tenía ese espíritu curioso, impulsado por una afinidad con la matemática y la física, y por una experiencia poco común para quienes crecen en zonas urbanas: la observación de cielos nocturnos sin contaminación lumínica durante su infancia en el Valle de Monte Patria. Esa exposición temprana al cielo estrellado fue decisiva.

“Si uno va al campo y ve la noche estrellada, es una cosa, uno en verdad siente la inmensidad del universo”, agregó.

En su relato aparece con fuerza una idea que atraviesa toda su trayectoria: la capacidad de mirar hacia adelante y tomar decisiones con anticipación. Desde muy joven, Cortés entendió que dedicarse a la astronomía implicaba un camino largo y exigente, y actuó en consecuencia. Investigó, preguntó, se informó y asumió que alcanzar ese objetivo requería etapas sucesivas y, en muchos casos, salir del país.

A los 15 años le informó a sus padres lo que quería para su futuro, ser astrónoma. “Yo no conocía a ninguna científica o científico cuando era chica, entonces fue bien difícil convencer a mis papás de que hoy hay una carrera”, recordó.

Vengo de familia clase media, todo este tema del acceso a la universidad o irse a vivir a Santiago o incluso viajar al extranjero son temas súper alejados”, explicó.

Ingresó a la Universidad de Chile, donde cursó la licenciatura y el magíster en Astronomía. Su ingreso no estuvo exento de dificultades. Proveniente de un colegio de mujeres, el paso a la educación superior implicó enfrentarse por primera vez a un entorno altamente masculinizado y a un ritmo académico exigente, marcado por una cultura poco amable con quienes no llegaban con capital científico previo.

“Fue bien chocante. Me costó caleta, me costó mucho, mucho nivelarme, me eché ramos en el camino”, declaró. Tras completar su formación inicial, decidió continuar su carrera fuera del país, motivada por la búsqueda de experiencia internacional.

En 2025, durante su doctorado en Francia descubrió la supertierra Gl725A b, ubicada a 11 años luz, uno de los exoplanetas más cercanos conocidos al momento de su publicación. Aunque el hallazgo tuvo escasa difusión mediática, si fue destacado dentro de los méritos asociados al reconocimiento internacional que recibió a inicios de año.

El premio de L’Oréal-UNESCO no llegó de manera fortuita. Cortés conocía la distinción desde sus años de magíster y había seguido de cerca las trayectorias de investigadoras que lo habían recibido antes, como Paula Sánchez. Cuando surgió la posibilidad de postular en el Reino Unido, fiel a la perseverancia que la caracteriza, preparó la candidatura de forma estratégica, reuniendo antecedentes de su investigación, publicaciones y proyección académica.

Preparé muy bien esa postulación, y, bueno, lo gané. Siento que ahora es el highlight de mi carrera. El premio también destacó cosas que yo había hecho antes. Por ejemplo, yo descubrí una de las supertierras más cercanas a nosotros, a la Tierra”, afirmó la astrónoma.

Hoy, su investigación se centra en la detección y caracterización de exoplanetas, planetas que orbitan estrellas distintas al Sol. Lejos de la imagen clásica del astrónomo en el observatorio, su trabajo cotidiano transcurre frente a una pantalla. “Mi herramienta de trabajo hoy en día son los computadores, incluso más que los telescopios”, explica. El análisis de datos puede extenderse por años, ya que la identificación de señales planetarias requiere observaciones prolongadas y modelos complejos.

Género y desigualdades en la ciencia

La trayectoria de Cortés también está atravesada por una mirada crítica sobre las condiciones en que se produce conocimiento científico. A lo largo de su formación ha experimentado situaciones de discriminación y sexismo, especialmente durante los primeros años universitarios. “Había profesores que asumían que a las mujeres no nos interesaban las matemáticas ni la física”, recuerda.

Con el tiempo, estas prácticas se han vuelto menos explícitas, pero persisten en formas más sutiles, como el mansplaining o la subrepresentación femenina en espacios de liderazgo. Aún así, la astrónoma indica que ha tenido suerte y estas situaciones escapan de la norma.

Al abordar esto último, Cortés recurre al concepto de leaky pipeline o “tubería con goteras”, utilizado para describir la pérdida progresiva de mujeres a lo largo de la carrera científica. Explica que, aunque en el ingreso a carreras STEM hoy pueden observarse porcentajes cercanos a la paridad, esa presencia disminuye a medida que se avanza hacia el magíster, el doctorado y, especialmente, hacia los cargos permanentes y de liderazgo.

Actualmente participa en comités de equidad, diversidad e inclusión dentro de colaboraciones científicas internacionales, un rol que describe como necesario, pero resistido. “Generalmente la que hace las preguntas incómodas termina catalogada como conflictiva”, señala. 

Cortés reconoce que los efectos de la visibilización de datos sobre desigualdad y de las iniciativas de equidad son lentos y difíciles de atribuir de forma directa a acciones puntuales. Aún así, en su rol dentro del grupo de trabajo de equidad de género e inclusión, ha observado aumentos en la proporción de mujeres en ciertos equipos.

“Varios me han dicho, ‘ah, mira, ¿sabes que en verdad yo contraté a una nueva estudiante de doctorado porque me acordé del trabajo que están haciendo ustedes?’. Es bacán escuchar eso”.

Desde Europa, identifica además una desigualdad asociada al origen. En muchos equipos de trabajo es la única mujer o la única persona no europea. “Si tengo colegas al mismo nivel que hicieron toda su carrera en Europa, no se puede decir que nos haya costado lo mismo”, sostiene, cuestionando la idea de meritocracia como único criterio de evaluación, lo que no solo impone barreras para inmigrantes, sino también para mujeres.

“Hablan mucho de la meritocracia, ‘es que hay que elegir a la gente por sus méritos, no por si son hombres o mujeres’. Pero si seguimos en esa política, un hombre es más probable que tenga mejor currículum que una mujer en edades más avanzadas

A días de la conmemoración del 8 de marzo, su reflexión se centra en las brechas que persisten en la ciencia, particularmente en relación con la maternidad y las responsabilidades de cuidado. “La maternidad penaliza la carrera de una mujer de una forma que no es comparable con la de los hombres”, afirma, apuntando a un problema estructural aún no resuelto. 

En ese contexto, Cortés cuestiona una forma de entender la astronomía que, a su juicio, termina volviéndose excluyente, sobre todo para las mujeres que deciden ser madres

“Hay una idea de que es lo más importante del mundo, que tu vida tiene que ser tu trabajo, que no hay horario laboral”, señala. 

Desde su experiencia, esa lógica instala presiones constantes y dificulta la permanencia de personas con otras responsabilidades. “Esto es un trabajo de nueve a seis. No estamos salvando la vida de nadie”, agrega, apuntando a la necesidad de bajar las exigencias simbólicas que rodean la investigación científica.

Ser científica no debería significar que tu trabajo sea toda tu vida”, plantea Cortés.

En ese contexto, también reflexiona sobre las barreras simbólicas que enfrentan muchas jóvenes que quieren dedicarse a la ciencia.

“No piensen que tienen que ser las mujeres más inteligentes del planeta para ser científicas. Mucho quehacer en la ciencia es fallar y volver a intentarlo, ser perseverante. No pensar que hay un ideal de científica con ciertos requisitos, porque en verdad no lo hay”, cerró.

 

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El Periodista