Pablo Cabrera revive el caso Pinochet en Londres: la trastienda diplomática de una crisis histórica

El exembajador de Chile en Reino Unido relata, en entrevista con Lo Justo y Necesario, cómo enfrentó desde Londres uno de los episodios más complejos de la política exterior chilena: la detención de Augusto Pinochet, la presión internacional y las gestiones para su retorno al país.

Uno de los momentos más delicados de la diplomacia chilena en las últimas décadas fue la detención de Augusto Pinochet en Londres, en octubre de 1998. En una entrevista emitida por EPTV, el abogado y diplomático Pablo Cabrera entregó un detallado testimonio sobre su rol como embajador de Chile en Reino Unido durante ese proceso, recogido también en su libro La diplomacia tiene la palabra ayer, hoy y siempre.

Cabrera explicó que su llegada a Londres respondió a una misión directa del entonces presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle, con un objetivo claro: gestionar el retorno de Pinochet a Chile para que enfrentara a la justicia nacional. “No era una gestión diplomática tradicional. Tenía un contenido político de altísima intensidad y un impacto mundial”, señaló.

Según el exembajador, el caso estuvo marcado por una presión ambiental permanente, tanto en la sociedad británica como en la prensa internacional. Manifestaciones frente al Parlamento, cobertura mediática constante y un fuerte debate político en Reino Unido rodearon cada decisión. En ese contexto, Cabrera optó por una estrategia de máxima apertura: mantuvo la embajada accesible a la prensa y sostuvo contactos con parlamentarios de todos los sectores políticos británicos.

Uno de los puntos clave fue la relación con el Foreign Office. Cabrera relató que, al asumir, advirtió que el manejo del caso recaía principalmente en el Ministerio del Interior británico, por lo que decidió establecer un vínculo directo y formal con la cancillería del Reino Unido para “sincerar” la interlocución diplomática. Esa gestión permitió, según su testimonio, encauzar el diálogo institucional en una situación extremadamente sensible.

El exembajador también abordó el tema de los informes médicos que finalmente influyeron en la decisión del gobierno británico de autorizar el regreso de Pinochet a Chile. Recordó que las autoridades del Reino Unido solicitaron exámenes adicionales, realizados por especialistas de reconocida trayectoria, antes de que el entonces ministro del Interior, Jack Straw, adoptara una resolución definitiva.

Cabrera subrayó que uno de los aspectos menos considerados en ese momento fue la edad y condición física de Augusto Pinochet. “Nadie reparó realmente en que se trataba de una persona de 83 años, que había sido sometida a una operación mayor a la columna”, señaló. Según explicó, ese antecedente no solo incidía en su estado de salud física, sino también en su situación mental, un factor que —a su juicio— fue determinante para comprender el desarrollo del caso y la evaluación final que realizaron las autoridades británicas al momento de resolver su situación en Londres.

El exembajador en Londrés reconoció que hubo momentos de alta tensión e incertidumbre, especialmente cuando Pinochet fue hospitalizado tras una descompensación de salud. “Ese episodio marcó un punto de inflexión”, afirmó, aludiendo a cómo el estado físico y mental del exdictador pasó a ser un elemento central en la evaluación política y jurídica del caso.

Respecto al regreso y cuando Pinochet se baja del avión y se levanta de la silla de rueda, Cabrera dice: “Yo estaba preparado para algo parecido, porque los británicos nos habían advertido que podía ocurrir. Ellos conocen muy bien a sus fuerzas armadas y también el peso del orgullo militar. Sabía que la adrenalina podía jugar un rol en ese momento. Actuó así, y digámoslo con claridad: había algo de eso. También hubo quienes querían que hubiera cierto ruido mediático. Se pudo haber hecho de otra forma —llegar de noche, en otro recinto—, pero estábamos en un contexto político especial, en plena época electoral, con un presidente electo (Lagos) a días de asumir. La gran pregunta que queda es qué habría pasado si se hubiera quedado allá después del 11 de marzo. Esa es una respuesta que nunca vamos a tener.”

Finalmente, el diplomático sostuvo que, a 25 años de los hechos, era necesario aportar contexto y separar mitos de realidades. “Se han dicho muchas cosas. Contar cómo operó la diplomacia en ese momento es importante para la historia y para entender que estas decisiones no se toman en el vacío”, concluyó.

La entrevista fue realizada por Francisco Martorell en el programa Lo Justo y Necesario y forma parte de una reflexión más amplia sobre el rol de la diplomacia chilena en escenarios de crisis internacional.

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El Periodista