El Prado inicia restauración de Pablo de Valladolid, obra “más asombrosa jamás pintada” según Manet

El Museo Nacional del Prado trasladó este miércoles al taller de conservación el célebre retrato barroco de Diego Velázquez para iniciar su restauración, apoyada por la Fundación Iberdrola España. Antes de intervenirlo, especialistas realizarán un examen técnico exhaustivo que permitirá conocer mejor los materiales y técnicas empleados por el maestro sevillano.

El Museo Nacional del Prado de Madrid dio inicio al proceso de restauración de Pablo de Valladolid, una de las obras más singulares de Diego Velázquez, que será objeto de un análisis técnico antes de su intervención. La restauración está patrocinada por la Fundación Iberdrola España como parte de su apoyo al Programa de Restauraciones del museo.

La labor comenzará con una serie de estudios especializados, entre ellos un análisis químico mediante escaneo XRF y un examen por reflectografía infrarroja multiespectral, herramientas que permitirán profundizar en la técnica del lienzo y su estado de conservación actual.

Este retrato, ejecutado alrededor de 1632–1635, muestra a Pablo —un comediante de la corte de Felipe IV— aislado sobre un fondo neutro y sin referencias espaciales explícitas, lo que concentra toda la atención en su gesto y postura. Esta simplificación radical del espacio lo convierte en un ejemplo destacado de innovación dentro de la pintura del Siglo de Oro español.

La obra fue pintada en óleo sobre lienzo y mide más de dos metros de alto. A través de su manejo virtuoso de la luz y la sombra, Velázquez consigue que el personaje emerja con una presencia única, sin escenarios ni accesorios que distraigan al espectador.

La influencia de Pablo de Valladolid ha trascendido siglos. Artistas posteriores, como Francisco de Goya, buscaron referentes en este retrato, y en 1865 Édouard Manet lo calificó como “quizá el trozo de pintura más asombroso que se haya hecho jamás”, destacando especialmente cómo “el fondo desaparece; es aire lo que rodea al hombre, vestido todo de negro y lleno de vida”. Esta valoración subraya la admiración que Velázquez ha despertado entre generaciones de pintores y críticos.

La restauración técnica busca no solo intervenir físicamente la obra, sino comprender con precisión su composición material, las capas pictóricas y la posible alteración de los barnices con el paso del tiempo. Estas investigaciones son posibles gracias al equipamiento científico más avanzado del Prado, que en los últimos años ha incorporado tecnología de última generación para el estudio y conservación de obras maestras.

La Fundación Iberdrola lleva años apoyando este tipo de programas de conservación en el Prado, contribuyendo a restauraciones y estudios de múltiples piezas históricas desde 2010.

Una vez concluidos los análisis y la intervención, el legado de Velázquez podrá ser apreciado con una claridad renovada, consolidando la importancia de este retrato en la historia del arte occidental.

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El Periodista