
Especial 8M | Cuando ellas avanzan: Millaray Lobos y la multiplicidad del teatro
Con una trayectoria marcada por el cruce entre teatro, danza y escritura, la actriz y directora reflexiona sobre la creación escénica, la precariedad del trabajo artístico y el lugar que ocupan hoy las mujeres en el teatro chileno.
Por Diego Cabanillas y Bruno Sepúlveda.
El trabajo de Millaray Lobos García difícilmente pueda encasillarse en una sola etiqueta. Actriz, directora y creadora escénica, su trayectoria se ha construido en el cruce entre distintas disciplinas y lenguajes, desde el teatro y la danza hasta la escritura. A lo largo de su carrera ha participado en cerca de treinta producciones entre teatro, televisión, cine y series, desarrollando una práctica artística marcada por la curiosidad y el diálogo con otras áreas del pensamiento.
Vivió más de una década en Francia —lugar desde donde concede esta entrevista— y ha colaborado en proyectos escénicos en países como Bélgica, Suiza, Italia, Grecia y Bulgaria. Esa experiencia internacional la llevó a participar en obras vinculadas a instituciones como el Théâtre National de Toulouse, la Comédie de Caen y la Sorbonne Nouvelle, consolidando una trayectoria que se mueve entre distintos territorios culturales.
En el marco del Día Internacional de la Mujer, su recorrido también dialoga con el lugar que ocupan las mujeres en las artes escénicas chilenas, donde observa que en Chile hay muchas creadoras a la cabeza de espacios de producción e instituciones culturales, algo que considera alentador dentro de un campo marcado por la precariedad, pero también por una gran vitalidad creativa.
En su práctica artística, Lobos suele explorar aquello que ocurre “entre medio”: entre disciplinas, lenguas, países y experiencias. Desde ese lugar, su obra se nutre de la observación cotidiana, del asombro y de una curiosidad constante por las formas en que la vida y el arte se transforman mutuamente.
La creación como cruce de disciplinas
¿Qué caracteriza tu trabajo?
— Es difícil autocaracterizar el trabajo en materias artísticas. Eso implica una mirada externa, por tanto no es tan evidente autodefinir el trabajo en mi caso. Una cosa se va contaminando de otra y varía en el tiempo. Existe un permanente diálogo con otras áreas. No hay una especificidad neta. He hecho cosas en teatro, en danza. También escribo en otro plano, no necesariamente en el plano dramaturgo. He colaborado con personas que vienen del mundo de las humanidades, psicoanálisis, psicología, filosofía. Es esa multiplicidad la que caracteriza mi trabajo. También una curiosidad permanente sobre qué puede surgir de aquellos diálogos. Esas personas ayudan a esclarecer el trabajo propio desde otras perspectivas.
Hay un proyecto que hice entre Chile y Francia que se llamaba “Traducción y entre”. Eso en el fondo es darle dignidad a lo que está entre medio de las prácticas, los países, las lenguas, que no es lo uno ni lo otro. Esa curiosidad, esa manera de ser me impulsa a generar ese tipo de instancias. Por eso estoy muy agradecida por los encuentros, lugares que han sido inspiradores y me han permitido descubrir pasiones por ciertas ideas.
¿Cuáles son las diferencias entre trabajar en Chile y en Francia?
— Hay varias aristas. Culturales, logísticas, de prioridad, de los imaginarios que están más visitados de ciertas preguntas que con otras. Eso depende de la historia y contextos. En la práctica, la mayor diferencia tiene que ver con la institucionalidad cultural. En Chile es mucho más precaria. Hay menos subvención para la creación. Está el FONDART, algunas ayudas regionales o municipales, pero en gran parte muchas de las creaciones se hacen con autofinanciamiento.
Francia tiene una institucionalidad cultural mucho más sólida. Permite perennizar un poquito más el trabajo artístico, aún cuando en los últimos tres años han habido bastantes bajas en las subvenciones del circuito cultural francés. Si uno lo compara con Chile, es bastante la diferencia. Eso no solo se traduce en cuestiones financieras, sino también en el lugar que ocupa en la sociedad la creación.
¿En qué lugar se ubica la experiencia personal en tus procesos creativos?
— No creo que mis obras sean autobiográficas, literalmente. Si creo que es indisociable la experiencia con el arte. Lo que uno hace es darle forma a esa experiencia. Y al revés, esas formas pasan a ser parte de la vida personal. Rara vez me siento de vacaciones. Siempre hay vasos comunicantes entre lo que uno está creando e imaginando. Aunque en ese momento no esté ensayando una obra o escribiendo un libro. Siempre hay un lugar que uno está observando, analizando en un plano más sublimado. Siempre una mirada sobre lo que ocurre. Esa mirada es una materia sensible, una placa donde se van imprimiendo imágenes, sensaciones. Eso va a nutrir las obras y viceversa; las obras tiñen las vivencias cotidianas.
Hay una docuficción que se llama “Memorias en confluencia”. Trata sobre las memorias traumáticas en experiencias comparadas de distintos países, de memorias, como es la dictadura en Chile. Allí hay algún componente más biográfico, porque era el cruce con la Guerra Civil Española y la familia de mi madre que son exiliados de ese conflicto.
¿Qué significa para ti el escenario como espacio de transformación tanto de manera individual como colectiva?
— Son formas de sublimación. Al sublimarse las experiencias en forma sensible, obras de cualquier tipo, a uno le devuelven transformaciones internas profundas. Hay una traducción a otro lenguaje de lo que se experimenta. El teatro es una experiencia que ocurre en presente y de manera colectiva. Tiene esa particularidad.

Crear en medio de precariedad
¿Cómo observas el momento actual de las artes escénicas, sobre todo en Chile y los desafíos que enfrentan los creadores independientes?
— Me cuesta dar opiniones sobre contextos. Son delicadas. Lo ponen a uno en un lugar como mirando de arriba hacia abajo. Uno puede opinar algo pero a lo mejor mañana opina otra cosa. La opinología del teatro chileno la encuentro fome.
Pero mira, creo que se hacen muchas cosas y eso es bueno, inspirador. Habla de una gran vitalidad de la creación en Chile. Hay entusiasmo, pero podría no haberlo por la precariedad. Como desafío es súper complejo. Hay algunos a nivel individual, sobre mantener una autenticidad en el trabajo. Y otro sobre no perder la camaradería. Es un tiempo super complejo en Chile y la humanidad. No perder el lazo común es importante.
¿Tu trabajo gira en torno a la identidad?
— No sé si lo toca mucho. Creo más en la multiplicidad que en la identidad. No me meto mucho en eso, es medio conservador. Puede tener una carga contestataria, como defender las identidades particulares y originarias. Pero eso puede volverse a su revés, algo identitarista. El cuerpo sí, pues es la membrana. Está implicada en todos los aspectos de la creación.
¿Qué rol cumple el teatro en los cambios culturales?
— Por una parte el teatro tiene esa especificidad de ocurrir en tiempo real y de manera colectiva, entonces mantiene una ritualidad que lo vuelve un arte bastante espiritual y de unión. Eso tiene un valor importante frente a los cambios sociales. Es un lugar de cohesión, de resistencia, no en un sentido político, sino de mantenerse junto.
¿Es difícil hacer teatro en Chile?
— Siempre es difícil hacer teatro. Como dije, en Francia hay mucha más subvención. Si uno compara las condiciones de creación en Francia y en Chile, evidentemente en Francia todo es más lujoso. Hay más respeto a nuestras áreas de partida. Respecto a la dificultad, siempre es difícil. Tanto en sentido creativo, problemáticas propias a cada creación y el tipo de preguntas que intenta resolver. Está ese plano interno y luego las externas, como financieras. Gran parte de las personas que van al teatro ni se imaginan que muchas de las cosas que van a ver no tuvieron financiamiento. Es decir, que la gente las ensayó sin plata.
Cuando uno lo comenta con otras personas se preguntan cómo trabajan para algo que nadie les paga. Eso implica que para quienes tienen hijos, familia, ponerse de acuerdo para ensayar, por ejemplo. Cuando hay que hacer clases en tres lugares distintos, encontrar un acuerdo respecto de los horarios. Hay una dificultad. Eso es propio de estar vivos, confrontarse a la dificultad. No es una queja, es una constatación.
¿Es una especie de reivindicación seguir haciendo teatro pese a las dificultades?
— Evito un poco estas palabras tan mayores, la reivindicación, identidad. Me siento lejana a esas cosas. Pero creo que es un tipo de resistencia. Siento que reivindicar algo implica no reivindicar otra cosa. Yo siento que somos más múltiples de lo que creemos, no somos una sola entidad.
Mujeres en la escena
¿Cómo evalúas el rol de las mujeres en las creaciones escénicas chilenas?
— Voy a evitar palabras tan importantes, como evaluar. Eso es como ponerle nota. Dicho eso, el rol de las mujeres en Chile es bien sorprendente. Amigos y amigas francesas que han ido te comentan que Chile es un país mucho más feminista de lo que cree ser. En comparación a Francia, que uno podría pensar lo contrario, yo diría que en Chile hay muchas más mujeres a la cabeza de lugares de creación e instituciones culturales. Lo veo súper auspicioso y esperanzador. Hay mujeres muy entretenidas haciendo cosas, hay un compañerismo y una sororidad poderosa.
Aprovecho de decir que se debe conservar una fraternidad con nuestros compañeros varones.
¿Crees que para las mujeres es más difícil entrar a estos tipos de escenarios?
— De lo único que puedo dar cuenta es que a mí, cada destino y recorrido va a tener que ver con el tipo de encuentros que cada persona ha tenido o tenga la chance de tener. Y por supuesto, la manera en que uno metaboliza esos encuentros y los interpreta es importante. Yo no lo he vivido como una lucha, porque tampoco fue mi aspiración. He ido tejiendo sentidos con las cosas que me han ocurrido. Cuando he hecho un trabajo es porque ha nacido de una necesidad orgánica, no porque tenía un deseo previo de ser una directora de teatro. Como no tuve esa aspiración previa, no sentí que tuviera que disputar un lugar.
De manera general, más que los hombres y mujeres, hay lógicas que son más patriarcales, verticales. Tienen una concepción de arquitectura de poder más bien viril. Creo que eso persiste. Las instituciones están concebidas de manera patriarcal, pero esos lugares pueden estar poblados de mujeres. Ahí sin duda hay un trabajo permanente. Hacer el intento, por mi parte, de que las cosas sean más horizontales sin perder el respeto que se merecen las personas entre ellas. A veces hay funcionamientos bien horizontales, pero hace que se desdibujen las zonas de respeto entre las personas. Hay un equilibrio que se debe encontrar.
¿Qué te sigue impulsando y qué buscas con tu trabajo actual?
— La vida. Parece aterradora, a veces maravillosa. Vuelvo a eso de la curiosidad. Si existe esa llama, siempre habrá fuentes de inspiración. Una persona, un lugar, un texto, una conversación. La potencia que tiene la vida nunca se agota. Siempre hay algo que sobrepasa a la vida, eso que a uno le mantiene con el deseo. Cosas súper sencillas. Por ejemplo, una mañana ver una hoja moverse de una manera que no la había visto antes. Hay algo en ese movimiento que queda en el aire, pero algo de ese movimiento sigue vibrando. Son como pequeños motorcitos. Hay momentos en que uno está más apagado, más aproblemado, menos curioso, y no ve esas cosas. Ahí todo se pone algo más triste, pero esa posibilidad que contiene la vida siempre está presente.
A veces son cuestiones más grandes, un texto increíble que uno lee y dice “Wow, que ganas de hacer algo con esto”. Pero a veces es mucho más modesto. En mi caso es bastante más modesto, son cosas de la vida. Eso que llegó ahí latiendo se encuentra con un texto que resuena. Para mí son sistemas de resonancia. Cuando varias cosas se sincronizan y resuenan entre ellas, eso es inspirador. Eso me hace trabajar actualmente.
Ahora empieza la primera etapa de creación de un proyecto que probablemente tenga varias etapas. Es sobre el tejido en un sentido amplio. Cómo se trenzan las cosas entre ellas; lazos, vínculos, formas. Es un proyecto con una gran amiga coreógrafa y artista acróbata y otra amiga que es artista plástica y escenógrafa. Yo hago la dramaturgia, la puesta en escena. En una creación con nosotras tres más una creadora de telas. Entonces eso me va a tener ocupada estos días. Al mismo tiempo uno está pensando en otras cuatro cuestiones que nunca sabes si se van a realizar.

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