México: los encantos de San Miguel de Allende

Después de recorrer varios días Ciudad de México y antes de sumergirnos en el paraíso de Tulum, arrendamos un auto en el mismo DF y partimos hacia uno de los lugares más bonitos en los que me ha tocado estar: San Miguel de Allende.

Por Montserrat Martorell

Nuestra aventura fue intensa y rápida. Teníamos solo un día para llegar hasta allí, conocer y volver a la capital de México para tomar el avión a nuestro siguiente destino. ¡Qué más hubiéramos querido que tener más tiempo, pero entre eso y nada, preferíamos correr el riesgo!

Fueron casi cinco horas manejando, a ratos con estrés porque conducir en este país no es fácil, menos cuando eres extranjero y no conoces ninguna de sus calles. Al ritmo de Luis Miguel y siguiendo las órdenes estrictas de Waze, nos asomamos por unas callecitas estrechas de colores que fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad hace ya diez años.

Inmediatamente pensé cómo sería quedarnos aquí –en el estado mexicano de Guanajuato-, perder el avión y escribir mi nueva novela durante los siguientes dos meses. ¡Qué ganas! ¡Todavía me queda ese sabor pendiente del regreso!

Lo mejor estaba por venir: vimos la puesta de sol, la gente caminando, de aquí para allá, tomamos algunas fotos y nos dirigimos hacia el hotel que nos hospedaría esa noche. ¡Colonialísimo! ¡Hotel Hacienda El Santuario! ¡No podía ser mejor! Me recordaba a un lugar que conocí hace muchos años en La Habana. Y claro que sí. Ambos parecían antiguos monasterios.

La amabilidad de las personas que trabajan allí, así como cada detalle finamente preparado, nos llevaron al corazón de la ciudad a través de una habitación cuyo balcón miraba la Parroquia de San Miguel Arcángel (XVI).  Un imperdible: el desayuno a la carta. ¡Una delicia de los dioses Mayas!

No lo sabías…

En 2002 se declaró a San Miguel como Pueblo Mágico, sin embargo, su título fue retirado porque el año 2008 fue inscrito por la Unesco como Patrimonio cultural de la Humanidad. ¿Las razones para ello? Su aporte cultural y arquitectónico al barroco mexicano y su importancia en la lucha de Independencia de México.

Además este año obtuvo por segunda vez el reconocimiento de manos de la Revista Travel +Leisure por ser la mejor ciudad del mundo.

¿Y para comer?

El Tres. Esa es la opción. En Mesones 80, en el patio interior del Hotel El Mesón, se encuentra este espacio moderno y vanguardista, que rescata las tradiciones mexicanas y le imprime un sello único: el ser un restaurante-cantina.

Me quedo con su mixología de la casa que comprende diversas variedades de margaritas y mojitos (recomiendo el de guanábana), sus tragos preparados a base de mezcal (elegí el Martini mezcal y sandía) y sus deliciosas entradas (apúntense con los tacos de chile chipotle relleno de camarón) que rescatan los sabores más exactos de este lugar en el mundo.

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