Rocketman: el regreso de Elton John

Cuando la vida se pone cuesta arriba no hay mejor remedio que convertirla en una gran comedia musical.

Por Miguel M. Reyes Almarza*

Las melodías pegajosas y las coreografías forzadas y pasadas de moda pueden darle espacio a la reflexión pausada y respetuosa de una vida rutilante –y el adjetivo para el homenajeado no exagera en lo más mínimo- y en donde absolutamente nada es ordinario.

Eso es Rocketman (2019) en su argumento y en su sentido más profundo, una cuidada terapia musical donde asistimos, en una suerte de vouyerismo, al ascenso y estrepitosa caída de uno de los músicos más importantes del último siglo: Elton John. Una revisión desde su infancia marcada a fuego por la indiferencia de sus padres hasta su escabrosa adultez producto de las carencias afectivas y su adaptación al reconocimiento de su homosexualidad.

Dirigida por Dexter Fletcher, el mismo que asumió el final del rodaje de la biopic de Queen –o mejor dicho de Freddie Mercury: Bohemian Rhapsody (2018)- ante el despido de Bryan Singer, su director original, esta vez abusando del recurso de la comedia, quizás para evitar las odiosas comparaciones con su precedente y manteniendo la distancia, al menos en el relato, de dos monstruos de la música que por esas cosas del rock están relacionados en la vida real y de paso en el relato cinematográfico, por la persona de John Reid, gerente musical y amante del mismísimo Elton John –su primer cliente en el rubro- y posteriormente mánager de la banda de Mercury.

Como buen musical el protagónico es un papel complejo que debe cumplir una serie de atributos, no solo en la actuación sino también en el baile y la voz. Es allí donde aparece el talento indiscutible del también británico Taaron Egerton, quien ya había probado con éxito el canto en la película animada Sing (2016), poniendo su voz al gorila Johnny. Egerton, sin un gran parecido físico con su referente, es capaz de capturar la esencia del músico y la compleja persona detrás, llena de problemas y contradicciones. Un reto difícil no solo por los requerimientos propios de la filmación sino también porque la persona a la cual interpreta vive, opina sobre su trabajo y sigue muy de cerca el desarrollo del musical. No es sino el mismo Elton John quién aplaudió la performance del actor compartiendo incluso el escenario en la gala del Festival de Cannes -donde se presentó por primera vez la cinta- interpretando en un portentoso dueto la canción que le da nombre a la película.

Es posible que igualar lo brillante del talento de Elton John sea insostenible sobre todo para las expectativas de sus fans más acérrimos. Es posible también que del generoso cancionero del músico muchas canciones hayan quedado en el tintero, desde “Your Song” editada en 1970 hasta “I Want Love” comenzando el nuevo siglo, no escatimó jamás en éxitos.

No obstante el retazo de vida que explora el musical es suficiente para entender la obra y la relevancia del músico detrás del disfraz quien, en un tándem perfecto con Bernie Taupin –poeta y creador de la mayoría de sus letras famosas y representado por un correcto Jamie Bell (Billy Elliot, 2000)- tiene su espacio ganado en la historia de la música popular.

Luego de un pequeño silencio musical al parecer es justo decir que “The Bitch is Back”.

★★★☆☆ (3 ½ sobre 5)

*Periodista.

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