Valparaíso

La crisis generalizada e histórica en la gestión de la ciudad trasciende todo color político y todo liderazgo.

Por Rodrigo Reyes Sangermani

El tema de los episodios de constante deterioro de la calidad de vida en la ciudad de Valparaíso, a propósito de la precariedad de sus construcciones, suciedad de sus calles, deterioro urbano, creciente delincuencia y deficientes indicadores económicos, obedecen a una crisis generalizada e histórica en la gestión de la ciudad, situación que por cierto, trasciende todo color político y todo liderazgo.

Debería haber una intervención central decidida y urgente. Es una ciudad con emergencias inabordables desde la propia ciudad, con una comunidad como su principal responsable y autoridades que no cuentan con las ideas ni menos los recursos para sacar a la ciudad del profundo pozo de deterioro en el que se encuentra, que lejos de mejorar empeora día a día.

Analizar los nudos críticos o hacer tardíos análisis, evaluaciones y catastros, se me antoja inútil e innecesario, el diagnóstico está hecho hace rato y quizás solo falta afinarlo.

Lo que se requiere es saber si de verdad existe la voluntad política y los recursos disponibles para un rescate definitivo y sistemático a una ciudad que debiera transformarse en la punta de lanza de nuestra imagen internacional y del desarrollo sustentable, con un puerto moderno y competitivo y turismo patrimonial de excelencia en servicio.

 

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