Crisis del Beagle en 1978: Operación Lanceros en Nueva Esperanza

Cuando se cumplen cuatro décadas desde la Crisis del Beagle, último de los episodios en que, durante prácticamente un siglo, Chile y Argentina estuvieron en varias ocasiones al borde de una guerra, publicación describe el despliegue del Regimiento de Caballería Nº5 “Lanceros” en la Ultima Esperanza, Región de Magallanes. Presentada en Noviembre pasado, la obra será ahora puesta a disposición del público, en formato digital, para descarga gratuita.

En mayo de 1977 la Corona británica informó oficialmente que su arbitraje, asesorado por un panel de jueces de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, había arribado a la conclusión de que los derechos sobre sobre tres islas en disputa en el Canal Beagle correspondían a Chile.

Ese veredicto debió haber puesto fin a una controversia con Argentina, respecto de los términos del Tratado de Limites de 1881, que se arrastraba desde 1904. Santiago aceptó el laudo de inmediato pero Buenos Aires, eludiendo su obligación de acatarlo, comenzó a exigir que se negociara lo que ya estaba jurídicamente resuelto. Chile respondió con una oferta de negociar sólo concesiones no territoriales, lo que no satisfizo a Argentina.

Finalmente, en Diciembre de 1977 Buenos Aires informó que aceptaría el laudo respecto de las islas del Beagle, siempre y cuando Santiago le reconociese derechos sobre las islas más orientales del Cabo de Hornos. La propuesta, que implicaba la cesión por parte de Chile de territorios y espacios marítimos, fue rechazada por la junta militar chilena.

El 25 de enero de 1978, tras un encuentro cumbre de ambos jefes de gobierno, generales Jorge Videla y Augusto Pinochet, que no arrojó resultados satisfactorios para Buenos Aires, el gobierno argentino declaró “insanablemente nulo” el laudo arbitral de la corona británica. Una segunda cumbre de ambos generales, sostenida el 20 de febrero, remarcó la posición de Chile, contraria a negociar la soberanía de territorios que le pertenecían por hecho y derecho. A partir de marzo Argentina comenzó a escalar las tensiones, mediante la aplicación de medidas arbitrarias en la frontera y un aumento de los despliegues militares en sus cercanías.

La Obra

1978 – Operación Lanceros: Voces de los Centinelas de Ultima Esperanza (ISBN 978-956-9839-08-5), es el resultado del trabajo de un equipo de especialistas que, recurriendo a entrevistas con protagonistas y la documentación primaria disponible, ha reconstruido los entretelones de los preparativos para la defensa de la Provincia de Ultima Esperanza y su capital, Puerto Natales, frente a escalada de tensiones con Argentina que en los últimos meses de 1978 parecía destinada a desembocar en un choque armado.

En 1978 el Regimiento de Caballería Nº5 “Lanceros” –hoy Destacamento Blindado Nº5- se aprestaba a cumplir tres décadas, como guardián militar permanente de la soberanía nacional en la Provincia de Ultima Esperanza. Creado a fines de los años cuarenta, el regimiento estaba encuadrado en el orden de batalla de la V División del Ejército de Chile, responsable de la defensa de la Región de Magallanes. La unidad disponía de una plantilla de 500 efectivos, dotación de tiempo de paz que sería reforzada con refuerzos provenientes de otras zonas y lugareños movilizados, incluyendo voluntarios con y sin instrucción. El regimiento era comandando entonces por el Coronel Jaime González Vergara, quien también era Gobernador Provincial de la Provincia de Nueva Esperanza. En Septiembre, ante el aumento de la presión argentina, el “Lanceros” comenzó a prepararse para la eventualidad de tener que defender el territorio nacional en su zona de asiento. Los aprestos se aceleraron a partir de octubre, cuando Buenos Aires comenzó a concentrar tropas y material bélico en puntos cercanos a la frontera común, forzando la adopción en Chile de medidas para enfrentar una eventual agresión.

El “Lanceros” estaba acantonado en las proximidades de la capital provincial, Puerto Natales, que en esa época tenía 14 mil habitantes, y cuya ubicación distaba apenas 15 km de la frontera con Argentina. La planificación del despliegue del “Lanceros” consideró que el objetivo estratégico lógico de Argentina sería avanzar sobre la zona, con las fuerzas superiores en número que había acumulado en su lado de la frontera, para ocupar la provincia y principalmente su capital, Puerto Natales. Frente a eso se decidió levantar un dispositivo defensivo, orientado a imponer un alto costo al avance argentino, generándole un desgaste que le demoraría o detendría. El avance sobre Puerto Natales por parte de tropas transandinas exigiría, como condición previa, que estas conquistasen primero posiciones en altura en el Cerro Dorotea. Para impedirlo, en las áreas de la frontera que, por las características del terreno, no eran propicias para establecer y sostener posiciones defensivas, se tendieron campos minados para imposibilitar o dificultar el avance invasor, restringiendo las opciones de aproximación del oponente. En aquellas áreas que si ofrecían condiciones favorables para emplazar y sostener posiciones defensivas se preparó trincheras que, para privar a los argentinos de información, fueron excavadas de noche, inicialmente con palas y picotas y posteriormente con maquinaria facilitada por el municipio y privados.

De esa forma se fueron preparando y estableciendo posiciones defensivas, con varios centenares de posiciones de tiro ubicadas en trincheras profundas, camufladas en el terreno e interconectadas. Esas posiciones de tiro, así como los medios de apoyo de fuego de infantería y artillería, se distribuyeron entre el Cerro Dorotea, el Paso San José y el sector de Casas Viejas, puntos por donde se esperaba que ingresaran y avanzaran las tropas argentinas que estaban concentradas al otro lado de la frontera. Pese a ser una unidad de caballería, el “Lanceros” se dispuso a combatir como infantería en el marco del dispositivo defensivo. También se hicieron planes para adoptar un planteamiento asimétrico, combatiendo con ropas de civil y empleando tácticas de guerrilla, en la eventualidad de que fuese imposible contener a los invasores. En función de esos planes se suspendió el corte regular de pelo.

Un aspecto muy destacable abordado por este trabajo es la relación del “Lanceros” con la comunidad local, y la notable disposición de esta para apoyar a la unidad y sumarse a ella en defensa de su terruño. A diferencia de lo que ocurría en ese momento en la Patagonia Argentina, donde se estaba exacerbando el clima bélico, generando una psicosis entre la población, las autoridades regionales y provinciales chilenas procuraron no alterar la normalidad de la vida diaria en Magallanes. Sin embargo, los habitantes de Nueva Esperanza estaban bien enterados de lo que pasaba. Lo sabían por lo que comentaban sus coterraneos que trabajaban en el ferrocarril y minas de Río Turbio, muchos de los cuales serían expulsados arbitrariamente durante la crisis, y por lo escuchaban en las radioemisoras transandinas que eran captadas localmente.

Pese a estar muy conscientes del potencial peligro, los habitantes de Puerto Natales no mostraron interés, al igual que la población de otros lugares de Magallanes, en ser evacuados. Su disposición fue la de quedarse y defender la zona, y muchos hombres se presentaron voluntariamente en el cuartel del “Lanceros”, ofreciéndose para reforzar sus filas. A ellos se sumaron posteriormente chilenos de la zona que trabajaban en Argentina, desde donde habían sido expulsados arbitrariamente. Aunque entre estos últimos había resentimiento contra los argentinos, tanto por la expulsión como por un largo historial de maltratos a manos de la Gendarmería Nacional Argentina, la motivación de la mayoría de los lugareños movilizados no fue el odio sino la defensa del terruño. Sabían que el trabajo, en Rio Turbio y otros lugares de la Patagonía Argentina, sostenía a muchos hogares en Ultima Esperanza pero, aunque lo agradecían, no estaban dispuestos a aceptar pasivamente una agresión. Un caso muy especial, y dramáticamente bien relatado, es el de cuatro guardaparques de la Corporación Nacional Forestal (CONAF), que fueron llamados a presentarse en el Regimiento “Lanceros”, por sus habilidades como operadores de radio. Aunque sólo uno de ellos contaba con instrucción militar previa, los cuatro fueron uniformados, armados e incorporados en la unidad.

Afortunadamente, gracias a la disponibilidad de los buenos oficios del Papa Juan Pablo II, en el último momento se logró evitó una guerra que habría dejado un gran legado de pérdida de vidas, dolor, odio y desconfianza a ambos lados de la Cordillera de Los Andes. Pero eso hace más importante recordar lo cerca que se estuvo del enfrentamiento y cuan terrible habría sido, porque la cooperación que hoy debería acompañar y consolidar la amistad chileno-argentina sigue siendo aún más retórica que concreta.

Este trabajo entrega muchos detalles respecto de los preparativos y medios materiales con que el “Lanceros” se dispuso a defender la Provincia de Ultima Esperanza. Pero también rinde tributo a la forma en que militares y civiles de la comunidad provincial concurrieron en ese esfuerzo. Desde esa perspectiva, es un gran aporte a la historiografía de la Crisis del Beagle de 1978, que aún registra importantes vacíos.

La obra fue investigada y producida por un equipo interdisciplinario de la Academia de Guerra del Ejército (ACAGUE), en que participaron el Tnte. Coronel de Ejército Marcelo Eló Rodríguez (actual comandante del Destacamento Acorazado Nº5 “Lanceros”), el Mayor de Ejército Daniel Lillo Anabalón, el Subteniente de Ejército y cientista político Alfredo Martínez Hidalgo, el cientista político Diego Piedra Fuentes, y el Licenciado en Historia y Magíster en Ciencia Militar Francisco Sánchez Urra.

La publicación fue producida por la Academia de Guerra del Ejército, en colaboración con la Ilustre Municipalidad y la Corporación Cultural de la ciudad de Puerto Natales. El texto será puesto a disposición del público en fecha próxima, en formato digital para descarga liberada.

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