Mr. Zuckerberg

There is a common factor that today equally affects the owners of El Mercurio, Le Monde Diplomatique, this magazine, and the conglomerate Copesa, with its newspapers La Tercera and La Cuarta. (Versión en español abajo)

Por Francisco Martorell

The media system, the industry through which news are made known to people, is experiencing an unprecedented crisis. This is exemplified through the closure of the Paula and Qué Pasa magazines, previously, the Pulso newspaper, in March, the Punto Final newspaper–founded in the 1960s–, as well as the cancellation of the Álvaro Saieh’s magazines.

It is no longer just the so-called alternative or independent press that is dying, accused of being inefficient or unable to open up to the reality of advertising. Nor are there means that escape this crisis, as evidenced by TV and radio statistics.

Advertising standards have fallen dramatically across media, affecting information quality, work professionalism and the people’s right to be well informed.

These content generators in crisis, however, look upon with horror as the media sources to which they provide their products free of charge, stockpile ads, gain skyrocketing profits and amass power in a way that far exceeds that of any state. The problem is not the transition from printed to digital. The issue is that content mediators (i.e. Facebook, Google and YouTube) are keeping advertising revenues. And that, undoubtedly, is problematic since the costly part of advertising is its production.

Without a budget to create these contents, and the inability of the previously mentioned digital giants to do so, journalism will cease to exist. Especially good journalism. There will only be space for entertainment.

“Make Facebook pay for journalism” is the phrase that has started to take force in the face of giant Zuckerberg’s weakness, with the objective that his company (and others, such as Google) compensate for their damage and help “fund public-service media such as local news, investigative journalism, and policy reporting—coverage that doesn’t always yield clicks but that democracy requires” says Victor Pickard, Associate Professor of Communication at the Annenberg School for Communication at the University of Pennsylvania.

Google has pledged $300 million over three years (1 percent of its 2017 profits) to “combat misinformation and help media outlets monetize news content. Facebook has launched a $3 million journalism “accelerator” (about .007 percent of its 2017 revenues) to help 10 to 15 news organizations build their digital subscriptions using Facebook’s platform” says Pickard, adding, “these efforts are woefully insufficient.” Current losses demand direct support for the journalism that Google and Facebook are actively defunding.

These content generators in crisis, however, look upon with horror as the content mediators (i.e. Facebook, Google and YouTube) to which they provide their products free of charge, stockpile ads, gain skyrocketing profits and amass power in a way that far exceeds that of any state. The problem is not the transition from printed to digital. The issue is that these media platforms are keeping advertising revenues.

Artículo fue traducido por McEnglish Services.

Mr Zuckerberg

Hay un factor común que hoy afecta por igual a los propietarios de El Mercurio, Le Monde Diplomatique, esta revista o el conglomerado Copesa, con sus diarios La Tercera y La Cuarta.

El sistema de medios, la industria por la cual se dan a conocer las noticias a la gente, vive una crisis sin precedentes. Ejemplo de ello es el cierre de las revistas Paula y Qué Pasa, mucho antes fue Pulso y en marzo el periódico Punto Final, fundado en los años 60 al igual que las revistas de Álvaro Saieh.

Ya no es solo la llamada prensa alternativa o independiente la que muere, sindicada de ineficiente o incapaz de abrirse a la realidad de la publicidad. Tampoco hay medios que escapen de esta crisis y basta con ello ver los números de la TV y algunas radios.

La pauta publicitaria ha caído vertiginosamente en todos los medios de comunicación, afectando con ello la calidad informativa, el trabajo profesional y el derecho de las personas a estar bien informadas.

Estos generadores de contenidos en crisis, sin embargo, ven con espanto como otros soportes a los que ellos entregan en forma gratuita sus productos, concentran los avisos, obtienen ganancias siderales y forman un poder que excede con creces al de cualquier estado. El problema no es la transición de lo impreso a lo digital. La cuestión es que los mediadores de contenidos (léase Facebook, Google o YouTube) se están quedando con los ingresos de la publicidad. Y eso, sin duda, es un problema, porque lo caro es producirla.

Sin presupuesto para crear esos contenidos e incapaz de hacerlo los gigantes digitales mencionados, el periodismo dejará de existir. Especialmente el buen periodismo. Solo habrá espacio para la entretención.

“Hacer que Facebook pague por el periodismo” es la frase que por estos días, cuando el gigante de Zuckerberg mostró su debilidad, comienza a tomar fuerza, con el objeto que esta empresa (y otra como Google) compensen el daño y ayuden a financiar “servicios públicos de comunicación como información local, periodismo de investigación e información sobre políticas –coberturas informativas que no siempre cosechan clics, pero necesarias para la democracia–“, señala Victor Pickard, profesor asociado de Comunicación en la Annenberg School of Communication de la Universidad de Pensilvania.

Google ya dio un paso, al anunciar que dará 300 millones de dólares en 3 años (el 1 por ciento de sus ganancias en 2017) “para combatir la desinformación y ayudar a los medios a monetizar sus contenidos. Facebook ha lanzado un ‘acelerador’ periodístico de 3 millones de dólares (un 0,07% de sus ingresos en 2017) para ayudar a entre 10 y 15 organizaciones de noticias a armar sus suscripciones digitales empleando la plataforma de Facebook” señala Pickard, añadiendo que estos esfuerzos “son deplorablemente insuficientes”. Las pérdidas actuales exigen apoyo directo al periodismo que está siendo activamente socavado financieramente por Google y Facebook, asegura.

Mientras no sea demasiado tarde.

 

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