Denuncias por maltrato y acoso sexual contra menores: un colegio Montessori en la mira de la Justicia

El dueño de un exclusivo colegio del sector oriente de la capital es objeto, por estos días, de graves acusaciones por conductas impropias contra alumnas menores de edad. La justicia ya dictaminó la aplicación de medidas cautelares contra el directivo que lo obligan a permanecer alejado de las niñas de su propio establecimiento.

Por Juan Pablo Sáez

La fría tarde del viernes 12 de abril cuarenta y cinco niñas y niños de séptimo y octavo básico del colegio particular Epullay Montessori, de Peñalolén, volvieron de un campamento escolar de cuatro días realizado en el fundo La Invernada, en la cordillera de Curicó. Para un puñado de esos alumnos el regreso tuvo un sabor amargo. Durante el campamento sucedieron cosas que escapaban de lo normal.

Los niños decidieron hablar del asunto ante su profesor jefe, Esteban Gutiérrez, el mismo lunes durante los primeros diez minutos de clases. Según consta en una denuncia presentada ante la Superintendencia de Educación por seis familias del colegio, los niños le relataron al profesor una serie de “situaciones impropias que habrían sufrido en el campamento” junto con episodios de maltrato. Las acusaciones apuntaban a un solo y único responsable, la autoridad más importante del establecimiento: Rolf Cristian Ernst León, rector del colegio y representante legal de la Sociedad Educacional Epullay S.A.

Ernst fundó el colegio sobre la base de una serie de elementos extraídos del catolicismo, la filosofía Montessori y la metodología scout. Esto explica que el establecimiento organice campamentos anuales, en abril y en noviembre, conocidos como PAM (Proyecto Aldea Montessori). Los alumnos asisten acompañados por cuatro adultos: los profesores jefes de ambos cursos, la directora docente, Marcela Encalada, y el mismísimo Ernst, quien viaja no solo en calidad de rector, sino que de guía scout y propietario del fundo donde se realiza la actividad. El fundo, en cuyo vasto terreno los niños y niñas ponen sus carpas en las que duermen, tiene una cabaña perfectamente equipada. En su interior cuenta con una pantalla HD y afuera con una hot tub, una especie de tinaja de madera con agua caliente, en la que caben varias personas.

Así reaccionó hoy el Centro de Padres del Colegio Epullay

Las acusaciones contra Ernst, del 15 de abril, fueron confirmadas dos días después por los alumnos en una instancia mayor, el Consejo General, al cual asistió la Coordinadora de Ciclo de Aldea y Comunidad, María José Ferrer. En la reunión —en la que se suponía que los nombres de las afectadas y afectados serían resguardados por el anonimato— las alumnas que habían asistido al último campamento detallaron que Cristian Ernst solía denostar y humillar públicamente a niños y niñas. Un alumno que asistió al campamento de abril señaló a este medio que durante una actividad consistente en construir un “turco” de madera (dispositivo que sirve para sujetar el pañolín scout) cometió un error en el proceso de pulimiento del dispositivo, lo que irritó sobremanera a Ernst quien comparó niños con niñas subrayando la supuesta “debilidad” de estas últimas, encargadas, en ese instante, de fabricar cuchillos de madera. “¡Miren ustedes, los niños haciendo turcos y las niñas haciendo un cuchillo! ¡Parece que ustedes fueran las niñitas haciendo turcos, deberían hacer un cuchillo como las mujeres!”, les gritó. Otros niños señalaron igualmente que Ernst trató de “retrasadas mentales” a un grupo de niñas que se equivocaron al cocinar unas tostadas.

La madre de otra alumna de octavo básico recuerda que, en otra ocasión, dentro del colegio, su hija fue agredida por el rector porque llevaba un piercing en la nariz. Ernst le recordó que eso estaba prohibido y le apretó la nariz provocándole sangramiento. Este caso fue denunciado ante los tribunales de familia de Santiago el que dictaminó una prohibición de acercamiento del rector a la niña afectada.

Las niñas presentes en el Consejo General agregaron que, además de este trato vejatorio, Ernst solía darles nalgadas a las alumnas, así como besos en la mejilla además de acariciarles el pelo contra su voluntad. Una de las mamás denunciantes cuenta que, días después del campamento, su hijo le señaló que había tenido que “estar cuidando a las niñas todo el rato”. Ella le preguntó por qué. “Él me dice: porque a las niñas les daba susto ir a la cabaña de Cristian. ¿Y por qué les da susto?, le pregunté. ¡Ay mamá! Es que las abraza más de la cuenta, les toca el pelo, les hace cariño, y a ellas no les gusta”.

Pese a la gravedad de las acusaciones ninguna de las autoridades del colegio —ni el profesor jefe que fue el primero en enterarse, ni la directora docente o la coordinadora de Aldeas— dio aviso formal a las madres y a los padres de las niñas y niños afectados, tal como lo especifica la Superintendencia de Educación a través de sus manuales. Es más, prefirieron encapsular las acusaciones dejándole a Ernst la tarea de poner fin al escándalo. Más grave aún, la promesa de mantener en el anonimato a los niños denunciantes no se respetó. La mañana del jueves 18 de abril el rector en persona se presentó ante el séptimo y el octavo con los nombres y relatos de quienes hablaron, expresándoles duramente su molestia frente a las acusaciones proferidas. Estos niños no volvieron a reclamar.

El asunto, sin embargo, se mantendría encapsulado por poco tiempo pues una alumna y un alumno del colegio terminarían confidenciando a sus familias lo que ocurría. Una de las mamás, de hecho, se comunicó con las otras familias a través del chat del curso para preguntar si estaban al tanto de las acusaciones. En él, otra mamá no solo le confirmó que su hija le había relatado algo similar sino que, además, en los campamentos existía desde hace mucho tiempo un particular “sistema de premios” inventado por el propio Cristian Ernst, el cual le permitía tener aproximaciones físicas con las niñas de séptimo y octavo básico.

Baños en el hot tub y películas en la cabaña

A fines de abril un grupo de familias en representación de cinco niñas y un niño de 12 años, afectados por las acciones de Ernst, firmaron un documento exigiéndole al colegio la aplicación del llamado “Protocolo de acción y prevención del maltrato y abuso sexual” —el que estipula, entre otras cosas, la suspensión temporal del funcionario acusado—, pero el establecimiento se negó señalando que tal decisión implicaba judicializar el caso exponiendo al establecimiento a una inspección de la PDI. La negativa del colegio no hizo más que profundizar el conflicto entre las familias afectadas y Ernst. El choque entre ambas partes motivó a otros alumnos a dar testimonios sobre hechos ocurridos en años anteriores tanto en el colegio como en los campamentos.

Según el relato exclusivo de un alumno a este medio, el rector del Epullay instauró en los campamentos un sistema de cuatro tipos de “premios” para quienes él estimaba que tenían un comportamiento adecuado y un buen desempeño en las pruebas de scout. Todos los “premios” tenían lugar en compañía exclusiva de Ernst y en ausencia de otros adultos. Estos “premios” consistían en: ir a practicar arquería; bajar al tranque del fundo a jugar; ir junto al rector a la cabaña del fundo a ver películas en grupos de aproximadamente seis alumnos (entre niños y niñas); y bañarse en la hot tub por la noche, pasadas las diez.

Un papá cuyo hijo estuvo presente en uno de los campamentos de 2018 señaló que el joven “vio a Ernst con tres niñas a un lado y tres niñas en el otro, dentro de la hot tub. Y mi hijo con su amigo siguieron de largo. Tenían 13 años. Él estaba con las niñas a solas”. Una madre agrega que, según el relato de su hija, era “requisito para pasar al hot tub usar bikini y bañarse junto con Cristian”.

Las familias denunciantes señalan, además, que el año pasado una de las profesoras jefe salió tarde por la noche a hacer una última ronda por el campamento para verificar que los niños y niñas estaban en sus carpas, cuando se topó con cinco alumnas suyas al interior del hot tub junto con Ernst. La docente en cuestión increpó al rector frente a las niñas lo que habría provocado su despido a fines de 2018. En abril último, este singular premio fue suprimido de la lista.

Un caso más grave es el que cuenta la madre de una alumna de doce años quien en abril de 2019 ganó el “premio” de ir a ver una película a la cabaña de Cristian Ernst, de noche, junto con una compañera y otros dos niños. Ambas se sentaron en unos sillones reclinables frente a la pantalla. “En algún momento de la película, él se sentó entre medio de las dos y reclinó el asiento de mi hija y quedó acostado con ella en el sillón”, relata esta madre todavía acongojada. Agrega que le contó “que él se acostó bien cerca, como abrazado, y que él la abraza y que ella no quería, que se había puesto tiesa y empezó a decirle a sus compañeros de al lado: oye, por favor, sáquenme de aquí. El tipo estaba acostado, abrazado a ella. No sé cuánto rato habrá pasado, pero ella le decía a su compañero que estaba al lado, que por favor lo sacara. El niño le respondió que cómo lo iba a sacar, si él era Cristian, el dueño del colegio”.

La niña le relató que Ernst se quedó dormido, abrazado a ella, y que en un momento dado él se despertó y fue a buscar un chal con el cual la tapó a ella y a su amiga. Según la mamá de esta menor, Ernst “se acostó entremedio de las dos, tapado con un chal, y le empezó a tocar las piernas [a su hija]. En ese momento ella me dijo que se puso súper nerviosa, que cruzó las piernas y que menos mal que la película se acabó como a los tres minutos y que salieron arrancando de ahí”.

La mamá de esta niña asegura que envió a su hija al campamento sin estar enterada del sistema de “premios” y que la niña se atrevió a contar lo ocurrido en la cabaña solo después de las denuncias hechas por los alumnos y alumnas, el 15 de abril pasado. La menor se sentía culpable. A mediados de año la familia decidió retirarla del colegio, tras la negativa del establecimiento a conversar sobre el asunto. “La respuesta del colegio fue: pero qué importa que un tipo de cincuenta se acueste con una niña de doce, si Cristian no es malo. No nos respondieron. Al revés, nos cerraron la puerta en la cara, nos trataron de exagerados y mentirosos. En vez de aceptarnos y escucharnos nos hicieron la cruz”, dice la madre de la menor afectada. Este caso forma parte de una de las seis denuncias formales por vulneración de derechos que se hicieron en contra de Ernst ante los tribunales de familia. El centro de medidas cautelares dictaminó una prohibición de acercamiento del rector a la niña.

“Le tengo asco y miedo”

Según los testimonios recabados por este medio, las aproximaciones físicas de Ernst con las niñas no solo tuvieron lugar en los campamentos sino también al interior del establecimiento, en Peñalolén. La mamá de una exalumna del Epullay acusa a Ernst de haber acosado a su hija durante cuatro años consecutivos, de forma permanente, sin que la familia se enterara del hecho. Tal como en el caso anterior, esta exalumna se atrevió a hablar recién este año, solo después que los alumnos de séptimo y octavo destaparon las denuncias. “Mamá, yo creo todo lo que te puedan decir de él”, le señaló la niña a su madre quien relata que “ahí yo empecé a preguntarle de forma solapada, y ella me cuenta que le tocaba el pelo desde hace años, que me ha pegado puntapiés, me ha hecho masajes descontracturantes, me ha dicho cosas como qué sexy te ves, o no puedes ser tan sexy. Ella me dijo que tenía miedo de las represalias que él podía tener en su contra porque él a mí me da miedo, me dijo. Yo le tengo asco y miedo”.

El año pasado, cuando todavía era alumna del colegio, la misma niña vivió una experiencia aún más traumática. La madre cuenta que, durante una actividad escolar, Cristian Ernst “aprovechó de decirle [a su hija] que era sexy. La abraza por detrás y ella siente su pene que él le frota por detrás, ella se echa para adelante y queda totalmente asustada. Eso lo vino a contar después en psicoterapia, no me lo contó a mí. No me lo pudo contar a mí directamente porque eso le produjo vergüenza y asco”, dice. Al igual que en el caso de la niña que denunció tocaciones por parte de Ernst al interior de la cabaña del fundo La Invernada, en este el centro de medidas cautelares de los tribunales de familia de Santiago dictaminó una prohibición de acercamiento del rector a la niña. El ente judicial resolvió de la misma forma respecto de otras dos niñas de 12 años, una de las cuales acusa al rector de haberle dado palmadas en los glúteos como castigo por una tarea de carpintería mal ejecutada durante el campamento de abril de 2019.

Defensores versus críticos de Ernst

La judicialización de seis casos y las denuncias realizadas por las familias afectadas ante la Superintendencia de Educación provocaron una división en el colegio entre quienes defienden a Ernst y quienes desean que él abandone el cargo. El mismo rector reaccionó enfurecido en una carta enviada el 7 de junio de este año a todos los apoderados del colegio. En ella intenta apagar el fuego con bencina, pues en lugar de acercarse a las familias afectadas opta por las amenazas: “En relación a este grupo de padres que no respetan la institucionalidad del colegio, empezaremos a tomar medidas. No es posible cometer este nivel de daño sin asumir consecuencias”, señala desafiante y alienta a las familias afectadas a retirar a sus hijos del colegio. “Creo que es lo correcto”, dice. “Es como si compraran una casa en la playa y pidan que les saquen la arena. Eso no es posible. La arena siempre ha estado ahí y seguirá estando”, señala aludiendo a la renuncia que las mismas familias le exigen.

Las madres y los padres de las cinco alumnas y un alumno que llevaron sus denuncias ante los tribunales de familia decidieron retirarlos del colegio en julio pasado. Todas estas familias pagan actualmente una doble colegiatura: la del Epullay más la de sus nuevos colegios.

Este medio intentó contactarse con el rector del colegio a través de su directora docente, Marcela Encalada, pero ninguno de ellos accedió a opinar respecto al tema. El viernes 23 de agosto el establecimiento publicó en su página web un comunicado en el que rechaza las acusaciones de maltrato y abuso sexual (sin decir contra quién) y hace un llamado “a plantear inquietudes de manera responsable, que no expongan a los niños y generen un clima de resentimiento y división”. El documento señala además, que los tribunales habrían procedido al “alzamiento” de las medidas precautorias ordenadas en un inicio, favoreciendo el punto de vista del colegio. Sin embargo, este medio accedió a las actas de audiencia de los seis casos —todas de agosto último— sin que ninguna indique una resolución definitiva en favor del colegio. Todo lo contrario, en cinco de ellas los tribunales le ordenan al rector del Epullay que se mantenga alejado de las denunciantes. Respecto a la denuncia por maltrato contra el niño que vivió el incidente del “turco”, en el campamento de abril, el proceso sigue abierto.
Paradojalmente el centro de alumnos y el centro de padres y apoderados le bajaron el perfil a las acusaciones criticando la manera en que las familias afectadas han llevado el caso. Una fuente ligada a esta organización reconoce que si bien “quizá los tiempos del colegio no fueron los óptimos”, en ocasiones “uno como padre tiende a reaccionar desde lo visceral. Y a lo mejor deja de lado los conductos regulares que te puedan llevar a algo más concreto”.

La misma fuente critica la decisión de las familias afectadas de dar a conocer públicamente sus denuncias vía WhatsApp y mails internos de la comunidad y no de manera privada. “Hubo formas en que se generaron confusiones en la comunidad. De repente salieron unos mails anónimos y firmas, otros que generaron mucha alerta en la comunidad. Y eso no debió haber pasado. En esos mails se contaban situaciones que para las personas afectadas deben ser válidas, por cierto, pero la forma en que se dieron a conocer no es la óptima”, señala esta fuente que defiende a brazo partido la gestión de Ernst a la cabeza del colegio: “Yo puedo hablar de él en lo que veo de afuera, y lo que yo veo es que ha hecho un proyecto súper bueno, que partió de un colegio súper pequeño y que hoy día es un colegio súper grande”.

Otro papá, muy cercano al rector del Epullay, acusa a las familias denunciantes de alimentar el conflicto en base a infundios. “Hay muchísimo rumor, muchísimo ruido. Esto ha causado un gran revuelo en toda la comunidad. Yo soy apoderado, conozco a Cristian hace mil años. Ha habido muchísima animosidad en los WhatsApp de todos los cursos, se han enviado anónimos, o sea hay gente que habla por abajo, no ha sido de las situaciones más agradables”, dice.

Ambos defensores de la gestión de Ernst —que prefieren no pronunciarse sobre las acusaciones pues dicen no conocer los detalles— subrayan que la prueba más fehaciente de que el establecimiento está preocupado de resolver el conflicto es la contratación por parte del colegio de la conocida psicóloga y activista contra el abuso sexual infantil, Vinka Jackson, en julio pasado. Sin embargo, según el propio sitio web del colegio, Jackson fue reclutada para liderar “un proceso de largo aliento que contempla, entre otras instancias, el trabajo y mentoría con nuestros profesores en temáticas de educación y ética del cuidado, la implementación de un programa de cuidado ético y autocuidado para educación inicial y la actualización de nuestro programa formativo en temáticas de afectividad/ sexualidad/ relaciones humanas con los estudiantes”, un objetivo muy amplio que no contempla, al menos explícitamente en este comunicado, las graves denuncias realizadas por las familias de las niñas y niños de séptimo y octavo.

Este medio contactó a Vinka Jackson vía correo electrónico para preguntarle su opinión acerca de las acusaciones contra su empleador, pero se excusó de dar declaraciones señalando que prefería mantener este tema en privado. Uno de los padres vinculados al caso confirmó, eso sí, que el martes 20 de agosto las familias afectadas sostuvieron una reunión con la psicóloga a quien se le puso al tanto de todas las denuncias contra Ernst.

¿Quién es Cristian Ernst?

El rector del colegio Epullay Montessori nació en 1967 en la comuna de Recoleta, en el seno de una familia oriunda de Valdivia, compuesta por Rolf Ernst Gudenschwager, su padre, Ana María del Carmen León, su madre, y Andrea Carolina, su hermana mayor. Estudió ingeniería civil industrial en la Universidad Católica y a los 29 años se casó con Paola Bianchi Karich, educadora diferencial de la Universidad de Chile y coordinadora de ciclo en el colegio Epullay, con quien tiene tres hijos, todos alumnos del establecimiento. La Sociedad Educacional, de la cual Ernst es dueño, controla, además del colegio, la empresa Ágora Limitada, agencia de capacitación de personal que ofrece cursos sobre metodología Montessori. El rector del Epullay tiene, además, un amplio recorrido como scout desde que tenía diez años. En 2014 asumió por un año como vicepresidente de la Asociación Nacional de Guías y Scouts de Chile. Este medio le pidió a la asociación una opinión respecto de las acusaciones contra Ernst sin obtener respuesta de la directiva nacional.

El colegio Epullay fue fundado por Ernst, en 1995, junto con otros tres socios: María Rosa Becker, psicóloga, Félix Schneuer Yubero, ingeniero civil, y Roberto de la Fuente Villalón, quien no registra profesión en la constitución de la sociedad. El establecimiento inició sus actividades en una casa cercana a la avenida Apoquindo para luego trasladarse, en 1997, a otra casa en la calle Simón González, de La Reina. Una exprofesora que trabajó en los inicios del Epullay junto con el matrimonio Ernst Bianchi recuerda al fundador del establecimiento como un hombre “extremadamente autoritario”. Señala, por ejemplo, que el colegio debió enfrentar muchísimos problemas durante el proceso de instalación en La Reina puesto que los vecinos del lugar no deseaban un colegio en el sector. “Pero este gallo hizo tan mal las cosas que se ganó el odio de todo el mundo”, señala la exprofesora. Y agrega: “Para conseguir la autorización con la municipalidad le fue muy mal. Me acuerdo que en la municipalidad lo declararon persona non grata porque era muy autoritario cuando iba a hablar con las personas encargadas”. Esta antigua docente del establecimiento recuerda, además, un desagradable episodio entre su propio hijo y Cristian Ernst, acaecido poco tiempo después de la fundación del Epullay: “Una vez, Ernst estaba sirviendo unos porotos en campamento. Mi hijo no quería, pero Cristian insistió en darle y mi hijo puso las manos sobre el plato para que no le sirviera, pero él se lo sirvió igual. Se lo puso arriba de las manos”, cuenta.

Otra exprofesora que trabajó hace diez años en el colegio confirma el carácter autoritario de Cristian Ernst agregando que solía tener actitudes machistas con las docentes del establecimiento. Ella, sin embargo, señala que jamás vio acercamientos indebidos de Ernst con las alumnas, ni maltratos con los niños. Es más, señala que los exalumnos con quienes ella aún mantiene contacto tienen un buen recuerdo del ingeniero.

De la tensión entre los profesores y Cristian Ernst dan cuenta dos demandas interpuestas por docentes en contra del establecimiento por despido injustificado. En ambas la justicia falló a favor de los profesionales. Una de ellas, la de la profesora de matemáticas Carola Orrego Bravo, resulta llamativa por las circunstancias en que se produjo el despido: tras la hospitalización de la docente por una lesión sufrida en el patio del colegio. La profesional pidió licencia por once días el 2 de abril de 2014, pero el 10 debió ser operada. Cinco días después la profesora fue despedida en pleno proceso de convalecencia.
El colegio señaló como motivo que “no pueden salir perjudicados nuestros niños con toda esta situación, pensando en la importancia de su clase de matemáticas y de la jefatura de curso”. La carta enviada por un directivo del colegio dice incluso que “pude conseguir que Cristian te aprobara una parte de tu sueldo de abril, lo cual si bien no es obligatorio para el colegio, tenemos claridad que lo necesitas”. Además de quedar sin trabajo, la profesora debió retirar a su hija del Epullay a mitad de año e irse a vivir a la casa de sus padres, lo que le provocó una depresión. En diciembre de 2014 la justicia falló en su favor condenando al colegio a pagarle una indemnización de casi 8 millones de pesos.

Hoy el colegio Epullay y su fundador vuelven a tribunales para enfrentar la situación judicial más grave en la historia del establecimiento. A las medidas de protección en favor de cinco niñas decretadas por los tribunales de familia se suma una serie de denuncias hechas en contra de Ernst y el colegio: una por maltrato y abuso sexual, estampada en fiscalía a nombre de estos seis alumnos, más otras once realizadas ante la Superintendencia de Educación.

La arista del Caso Hagan

Las familias agregan un dato tangencial, pero no menos importante, relacionado con el sorpresivo despido de Esteban Gutiérrez, el profesor jefe de las niñas y niños afectados. Gutiérrez trabajaba en el colegio desde el año 2015 y había asistido a todos los campamentos PAM hasta abril pasado. El viernes 28 de junio las familias de séptimo y octavo recibieron un mail de parte de la dirección del colegio donde se daba aviso de la desvinculación de Gutiérrez, sin que se mencionara motivo alguno. Sin embargo, dos días después, Chilevisión transmitió un extenso reportaje dedicado al caso del crimen de la profesora estadounidense Erica Hagan, ocurrido en Temuco, en septiembre de 2014.

En el reportaje se criticaba la manera en que la justicia había llevado el caso y sobre todo su decisión de sobreseer sin mayores explicaciones a cuatro imputados del crimen, entre ellos el mismísimo Esteban Gutiérrez. Las familias afectadas del Epullay se preguntaron cómo es que Gutiérrez había podido llegar desde Temuco a trabajar al colegio, en abril de 2015, a solo siete meses del crimen del cual inicialmente fue considerado uno de los sospechosos. Tras ser sobreseído, Gutiérrez declararía en el juicio en calidad de testigo en diciembre de 2015, siendo ya profesor del Epullay.

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12 Comentarios
  1. Cesar Correa dice

    Y Ulloa? el Abogado de Areno? Parece que está calleuque el loro..

    1. Cesar Correa dice

      Y si todo es falso porque Rolloncito no denuncia ah?

  2. Francisca dice

    Falta harta información e investigación. Artículo carece de la objetividad necesaria de un periodista. Una pena que realicen asi su trabajo, falto ir a la fuente y conocer datos objetivos. Es el relato de unos padres dolidos, que al no poder lograr sus fines a traves de la justicia, porque el caso carecia de pruebas, no les queda otra que denostar publicamente.

    1. No hay ningún alguien dice

      Objetividad? En el reportaje no hay ninguna opinión por parte del autor, solamente hechos y testimonios. Qué les pasa con el hueón de Cristian? Qué onda su sindrome de estocolmo? Es un abusador, y ojalá que pague por todas las que ha hecho ese ctm

    2. Claudia Apoderada dice

      Hay 11 casos en la Superintendencia de Educación y 7 casos más en la justicia. Los casos están abiertos y en curso. Es Mentira que hayan sido desestimados. El Periodista SI tuvo acceso a las carpetas informativas de los casos en la justicia. Ernst sigue con medidas cautelares.

    3. Josefa dice

      Totalmente de acuerdo!! , perverso de mierda que se aleje de los niños ! , que triste que existan padres que no escuchen a los niños, aun que no sean tus hijos, siempre dale fuerza a su testimonio, horrible como han tratado el tema en el
      Colegio, se nota que están todos bien vinculados con lo que sucede, mi consejo para todos: cambien a sus niños de colegio, ya está manoseada esa institución y pervertida en muchos aspectos.

      1. EPOL dice

        Rector de colegio Epullay renuncia a su cargo tras denuncia publicada en El Periodista @ElPeriodista https://www.elperiodista.cl/rector-de-colegio-epullay-renuncia-a-su-cargo-tras-denuncia-publicada-en-el-periodista/

  3. Rose Flowers dice

    Si el río suena es porque piedras trae, hay que escuchar a los niños, los violadores y abusadores ante los demás son excelentes personas por eso nunca apoyan las acusaciones, pero en los últimos años hemos visto que los más creíbles eran unos asquerosos abusadores y violadores.

    1. EPOL dice

      Rector de colegio Epullay renuncia a su cargo tras denuncia publicada en El Periodista @ElPeriodista https://www.elperiodista.cl/rector-de-colegio-epullay-renuncia-a-su-cargo-tras-denuncia-publicada-en-el-periodista/

  4. Claudia dice

    El Periodista tuvo acceso a la las carpetas de los casos judiciales. Son 11 casos en Superintendencia de Educación y 7 casos más en la Justicia por maltrato y acoso sexual. Los casos están abiertos y en curso. El Señor Ernst tiene medidas cautelares de no acercarse a los niños. Eso también está vigente.

  5. Juan Carlos dice

    Excelente nota, cuenta mucho de las cosas extrañas que han pasado en el colegio. No me sorprende que algunos critiquen la noticia, hay apoderados que por comodidad prefieren esconder la mugre bajo la alfombra y que todo siga normal.

  6. Anónimo dice

    Durante 25 años nunca se vieron estas situaciones en el colegio, cientos de ex alumnos recordamos nuestra etapa escolar con mucho cariño.
    Una pena que un par de apoderados mal intencionados quieran llamar la atención de esta forma. La justicia lo va a decidir y quiero ver como se les va a caer la cara de vergüenza a las familias involucradas. Y claro, cuando la situación se aclare y Ernst salga inocente también vas a publicar un artículo ???? O la idea es simplemente manchar una imagen y que quede así para siempre?

    Típico periodismo barato e ignorantes siguiéndolo.

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