Ruta de la VID: El mejor fruto del Río Maipo

La Región Metropolitana, gracias a su clima privilegiado, produce excelentes vinos. Esto ha permitido la creación de un entorno a los viñedos y bodegas donde historia, arquitectura, costumbres y naturaleza, se funden para convertirse en lugares imperdibles para el visitante.

Por Felipe Nogués

La ruta del vino parece fácil. Para muchos es ingresar a un supermercado, buscar el pasillo central y caminar hacía las góndolas donde se ubican cientos de marcas con las mejores cepas del país.

Pero esa ruta, válida, no es la que hoy nos interesa sino la que se debe recorrer para llegar a algunas de las muchas viñas que hay en la región metropolitana y que permiten a los adoradores del Dios Baco, conocer los pormenores del proceso vitivinícola y degustar algún mosto, luego de aprender de sus sabores y aromas ocultos.

Once son las rutas del vino que se despliegan por Chile y la capital no podía estar ajenas a ellas, menos en un país que se lo reconoce, cada vez más, por la calidad de sus viñedos y cepas.

La producción nacional de la bebida, de acuerdo a los datos del INE del 2008, se concentra en la zona central, entre la región metropolitana y la del Maule, congregando estas tierras el 93,3 por ciento de la cosecha. Ese año, sólo en la RM casi se alcanzaron los 100 millones de litros, el 11,4 por ciento del total nacional

La Región Metropolitana, que se destaca por su variedad de cepas y calidad de sus vinos, posee un terreno y clima privilegiado para la producción, destacando en sus valles afamadas marcas, como Concha y Toro, Cousiño Macul, Santa Carolina, Tarapacá y Undurraga. No es por nada que los productos que surgen de ellas han logrado captar el paladar de exigentes mercados en el extranjero.

En todas estas viñas, donde se disfruta del paisaje y la tradición, el “rutero” podrá conocer todo el proceso previo al embotellamiento del vino, aprender sobre la variedad de las cepas y degustar el producto final.

Si quiere empezar cómodamente, esta ruta puede iniciarse en uno de los lugares más chic de Santiago, la avenida Alonso de Córdoba (2391) en Vitacura, donde la centenaria Viña Concha y Toro cuenta con un exclusivo centro de degustación, el preferido de los turistas que se hospedan en los hoteles de la zona oriente de la capital.

Allí, de lunes a viernes entre las 10 y las 20 horas y los sábado hasta las 14, podrá participar de cursos de cata, degustar y comprar todos los varietales de esa gran bodega entre los que destacan el afamado Casillero del Diablo, Trío, Marqués de Casa Concha y Don Melchor, este último en memoria de el fundador de la viña y que trajo desde Francia a Chile las primeras cepas hacia 1883, Melchor de Concha y Toro, un político y empresario visionario que instaló las vides en Pirque.

Si es de los que gustan combinar parajes naturales, historia y viñedos, le resultará irresistible entonces llegar hasta esta viña en las afueras de Santiago, comuna de Pirque, donde podrá recorrer un parque centenario, conocer por el exterior la casona que Don Melchor usaba como residencia de verano y aprender acerca del cultivo y procesamiento del vino.

Uno de los atractivos más significativos de la viña son sus antiguas bodegas, entre las que destaca “Casillero del Diablo”. En ella, según el fundador Melchor Concha y Toro, habitaba el diablo, rumor que echó a correr, para evitar los continuos robos de su vino favorito.

El tour por la viña, que tiene un costo de 8 mil pesos, finaliza con “una visita al Wine Bar, un espacio ideal para degustar vinos Premium acompañados de deliciosas tapas y quesos, y a la Tienda de Vinos (Wine Shop), con una amplia oferta de cepas y souvenirs”.

En el camino, entre Alonso de Córdoba y Pirque, si es que ve que no le alcanza el tiempo para llegar hasta Concha y Toro, puede dejar la visita para después y conocer antes la Viña Cousiño Macul, ubicada en Peñalolén.

Fundada en 1856, es la única de su tipo, entre las establecidas en el siglo XIX, que continúa en las manos de la familia fundadora, cuyas iniciales están en el logo de la empresa creada por Matías Cousiño.

El vino icono de la marca es Lota, creado para celebrar los 150 años de la viña, y entre los Premium destacan Finis Terrae. El nombre de su fundador, Don Matías, quedó registrado en uno de sus reservas.

Al igual que en Concha y Toro, para recorrer la viña y sus parajes, conocer la historia de 150 años y degustar sus mejores cepas, debe llegar hasta la puerta de avenida Quilín 7.100 y dejarse llevar por el guía. Ya en ella el visitante, además de aprender el proceso, verá cómo éste ha ido cambiando con los años porque junto a la más avanzada tecnología se encuentran los utensilios y maquinarias utilizados en la antigüedad. En el trayecto, que tiene un costo de 7 mil pesos, conocerá uno de los más antiguos sótanos de Chile, construido en 1872 por arquitectos franceses, donde hoy se guarda la colección privada de la familia, que incluye botellas de 1927. Éste, situado en el centro de la propiedad, tiene siete metros de profundidad, fue construido usando ladrillos y piedra caliza pegadas con cal y canto (mezcla de arena y clara de huevo) y su temperatura se mantiene constante en 14 grados con un 75 por ciento de humedad. “Esta maravilla del siglo XIX es considerada uno de los sótanos más eficientes y grandiosos del mundo”, dicen en Cousiño Macul.

Si le queda tiempo y todavía tiene ganas de seguir conociendo la historia del vino, puede enfilar hacia Concha y Toro, seguir por Américo Vespucio, tomar hacia el sur o continuar su camino por las viñas que conforman la llamada Ruta del Vino del Maipo Alto, según las guías turísticas, un conjunto de bodegas y viñedos ubicado en el piedmont de la Cordillera de los Andes, en una zona que hoy comprende las comunas de Buín, Pirque y Paine.

Allí se encuentran, entre otras, la Viña La Montaña, inmersa en lo más profundo de la Cordillera, la Viña Huelquen, 85 hectáreas de vides de cultivo orgánico y la Hacienda Chada, en el extremo sur del Valle del Maipo, que se especializa en plantaciones de uvas viníferas, uvas de mesa y variedades de frutales de altos rendimientos de calidad. La unión del mundo del vino y el ecuestre se produce en la Viña Haras de Pirque, donde junto a la crianza de caballos fina sangre existe una bodega con capacidad para un millón y medio de litros y que, curiosamente, tiene la forma de una herradura.

Otras empresas destacadas de la zona son la Viña Pérez Cruz, donde llama la atención la premiada arquitectura de su bodega, cuyos pilares emulan la vegetación del lugar y rescatan elementos autóctonos del entorno y la Viña Principal, una empresa que la dado identidad a los terroir de la zona.

Todas estas viñas están disponibles para ser visitadas, en paseos de un día o medio día, dependiendo de su tiempo. Puede hacerse de manera express, sólo para degustar dos vinos, o de recorrido completo, todo un día y contempla la visita a tres viñas con la posibilidad de degustación de dos vinos por cada una.

Es justamente el Valle del Maipo, el hilo conductor de la ruta, porque bajando desde la cordillera hacia la costa, entre los mil y los 500 metros sobre el nivel del mar, el río genera excelentes condiciones climáticas para cultivar y producir vid.

No es casualidad, entonces, que las primeras viñas chilenas se ubicaran en estos parajes que se extienden por las comunas de Pirque, Puente Alto, Buín, Isla de Maipo, Talagante y Melipilla. Más de 8 mil hectáreas de viñedos, donde prevalece entre las cepas el Cabernet Sauvignon, pero que no deja de producir otras como el Merlot, Carmenère, Syrah, Cabernet Franc, Malbec, Chardonnay, Sauvignon Blanc y Semillón.

Otra de las viñas centenarias, que se encuentra camino al sur y en la localidad de Buín, a 45 kilómetros de Santiago, es Santa Rita. Fundada en 1880 por Domingo Fernández Concha, en el mismo lugar donde hoy se emplaza, Alto Jahuel, Santa Rita destaca por su historia, producción y calidad. Así como porque sus productos son exportados a 75 países.

Puede conocerse en cualquier época del año, con previa reserva, destacando en su recorrido la inmensidad de lugar y que en su visita, además, puede almorzar en el restaurante “La Casa de doña Paula”, visitar el museo del Chile precolombino y post conquista, donde se guarda una colección privada de alrededor de dos mil, y alojarse en el Hotel Camino Real, la antigua casona de la familia Fernández Concha, de estilo pompeyano, que dispone de 16 acogedoras habitaciones. “Lo antiguo con lo moderno se conjugan al recorrer el hotel. Lámparas de lágrimas, calefactores, retratos, tapices y roperos se entremezclan con una decoración contemporánea, pero que no desea dejar lo clásico atrás. La Sala del Obispo -habitada años atrás por un religioso- está disponible para realizar reuniones. Una mesa de billar, enviada por Domingo Fernández Concha desde Inglaterra, y un piano a la espera de algún invitado forman parte de la espaciosa sala de juegos que ofrece el hotel. En 1885, el arquitecto Teodoro Burchard, de origen alemán, terminó de construir la capilla neogótica a un costado de la antigua casa patronal. A pesar de los años, todo está muy bien conservado. No en vano uno de los restauradores de la Capilla Sixtina en el Vaticano, viajó desde Florencia (Italia), sólo para recuperar este templo”, señala la página web de la empresa.

Dejando atrás la Viña Santa Rita, la ruta puede llevarlo hasta Isla de Maipo, a 80 kilómetros de Santiago, donde el visitante puede conocer una de las viñas más tradicionales del país, fundada en 1874, cuyo nombre es Tarapacá.

En ella encontrará, si se decide a ir, “completos y exclusivos tours en inglés y español, en los que visitará la sala de fermentación de vinos blancos y tintos, la sala de fermentación de los Chardonnay con cerca de mil 500 barricas de roble francés, la sala de guarda de los tintos con más de 3 mil 500 barricas de roble americano y francés para terminar la visita en el museo del vino”.

Como en las anteriores, también en Tarapacá podrá degustar sus mejores cepas, asistir a clases de cata y almorzar en la Casona de estilo toscano que data de 1927 y que se encuentra en un parque de 10 hectáreas, que incluyen 4 hoyos de golf, 2 canchas de tenis, pista de aterrizaje, sauna, piscina.

EL MONTE, TALAGANTE Y MELIPILLA

A sólo 34 kilómetros de Santiago, en el camino viejo entre Talagante y Melipilla, se encuentra otra de las viñas más tradicionales de Chile, Undurraga, fundada por Don Francisco Undurraga, hombre emprendedor del siglo XIX, uno de los pioneros de la vitivinicultura en Chile.

Corría 1885 cuando se desarrollaron los primeros viñedos en el fundo Santa Ana, cuyo nombre fue dado en honor a su esposa Doña Ana Fernández Iñiguez, donde se plantaron cepas Cabernet Sauvignon, Sauvignon Blanc, Merlot, Pinot Noir, Riesling y Gewürstraminer. A principios del siglo XX Undurraga comenzó a exportar a Estados Unidos y hoy lo hace a 60 países.

Un tour por sus viñedos y bodegas, por 8 mil pesos, ocupa alrededor de 75 minutos y permite recorrer un parque que data del siglo XIX, diseñado por el famoso paisajista francés Monsieur George Henri Dubois. Luego, se ve una moderna planta de vinificación, para después tener la experiencia única de visitar románticas bodegas subterráneas que datan de 1885.

Al finalizar el tour se degustan tres vinos reserva, seleccionados especialmente por los enólogos de Undurraga y usted podrá llevarse “una preciosa copa de cata de regalo”.

De regreso a la capital, si todavía le quedan ganas y tiempo, aunque también le recomendamos que parta por aquí si le resulta más cómodo, no deje de visitar la Viña Santa Carolina (Rodrigo de Araya 1431, Macul), fundada en 1875 por Luis Pereira Cotapos y que tras el terremoto de 2010 debió restaurar su centro histórico, ubicado a 6 kilómetros de la Plaza de Armas.

Más de un millón de dólares se invirtió para reacondicionar el parque, el patio y la casona colonial, restaurar las bodegas central, subterránea y de cubas de raulí, y la construcción de una tienda que será la insignia de la viña.

La idea, según Santa Carolina, fue “fusionar el patrimonio cultural de las bodegas históricas con una atractiva propuesta turística, exclusivos salones para eventos y un nuevo espacio de degustación y venta de vinos, libros y artesanía, especialmente pensado para los turistas”.

Monumento Histórico Nacional desde 1973, las construcciones originales de Santa Carolina exponen fielmente el tipo de arquitectura que reinaba en el sector agro-industrial a fines del siglo XIX. La antigua casa patronal, que no fue ocupada por la familia fundadora, alberga a las oficinas de la empresa y destaca por sus pilares de madera y estilo colonial.

Un retrato del fundador de la viña y su esposa Doña Carolina, pintado por Pedro Subercaseaux, destacan en uno de los salones. El parque, creado junto con la casa en 1870, ofrece un ramillete inigualable de árboles antiguos y un pequeño parrón familiar.

Como puede ver, una ruta distinta, que puede iniciarse hacia cualquier punto cardinal de la Región Metropolitana y que conjuga magistralmente historia, arquitectura, olores y sabores, todo en medio de grandes parajes y jardines.

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