2020: el año de la pandemia que el mundo nunca olvidará

El año 2020 será recordado como el del coronavirus, una pandemia aún en curso surgida en China que trastornó la vida y las relaciones de la humanidad, desbordó sistemas de salud, dejó millones de casos y cientos de miles de muertos y desató una de las mayores crisis sociales y económicas de la historia.

Enfrentados al desafío, Gobiernos del mundo entero adoptaron medidas sin precedentes en un ejercicio de prueba y error ante un enemigo al principio desconocido, incluyendo el aislamiento de ciudades enteras, toques de queda, cierres de frontera y una clausura casi total de la actividad económica y los sistema educativos.

El distanciamiento social, uso de tapabocas, lavado de manos, toser o estornudar sobre el pliegue del codo, el saludo de codos, las clases online, el teletrabajo, la desinfección de superficies y el monitoreo y aislamiento de contagiados o expuestos a infectados pasaron a ser la “nueva normalidad”.

De forma paralela, la comunidad científica mundial se abocó a estudiar el nuevo virus SARS-Cov-2 en busca de lidiar con una enfermedad que suele ser leve o directamente asintomática en personas jóvenes y saludables pero potencialmente mortal en adultos mayores o personas con factores de riesgo o problemas de salud preexistentes.

Primero fue a través del diseño de tratamientos, periódicamente revisados, de los síntomas de la enfermedad que causa el virus, bautizada Covid-19, especialmente para su manifestación respiratoria, la más mortal. Finalmente, en tiempo récord, llegaron las primeras vacunas, que comenzaron a ser aplicadas a fin de año.

Relativamente bien recibidas al principio, la extensión en el tiempo de las restricciones fue generando cada vez mayor hastío y resistencia en sectores de población de muchos países, con protestas más o menos masivas en casi todos los continentes, desde Corea del Sur a Alemania, desde Israel a Estados Unidos y de Canadá a Brasil y la Argentina.

Con la pandemia, los sistemas de salud se vieron en la urgencia de incrementar sus capacidades y adaptarse a las necesidades de los pacientes con casos serios del supercontagioso coronavirus, los que requieren internación, que son alrededor del 15%, suficientes como para colapsar cualquier sistema hospitalario.

Los servicios de laboratorio priorizaron los test de coronavirus, las cirugías programadas se cancelaron siempre que fue posible, los pacientes con Covid-19 tuvieron que ser aislados, el personal médico y de enfermería necesitó capacitaciones y se volvió imperioso incrementar el número de respiradores y camas disponibles.

Además, en un intento de mantener la distancia social y proteger tanto a pacientes como a trabajadores de la salud, muchos servicios médicos para casos no urgentes tuvieron que ser brindados de manera virtual.

El 31 de diciembre de 2019, la Organización Mundial de la Salud (OMS) fue informada de unos preocupantes casos de neumonía “de origen desconocido” en la ciudad central china de Wuhan, y el 7 de enero se identificó la causa: un nuevo virus de la familia de los coronavirus.

Cuatro días después, China anunció el primer muerto por la enfermedad.

El 23 de enero, Wuhan quedó aislada del mundo para intentar contener la epidemia y varios países empezaron a repatriar a sus ciudadanos desde China.

El primer deceso oficial fuera de Asia se registró el 15 de febrero: un turista chino hospitalizado en Francia.

El 6 de marzo, la epidemia superó los 100.000 casos en el mundo. El primer país europeo afectado, Italia, impuso un confinamiento en el norte, que más tarde extendió al resto del territorio.

El 11 de marzo, la OMS calificó la Covid-19 como pandemia. Los mercados bursátiles se desplomaron. Gobiernos y bancos centrales anunciaron las primeras medidas masivas de apoyo a la economía.

El 16 de marzo, Alemania instó a su población a “quedarse en casa” y el Reino Unido, a evitar todo “contacto social”. Un día después Francia entró en confinamiento. La Unión Europea anunció el cierre de sus fronteras exteriores.

El 24 de marzo, los Juegos Olímpicos de Tokio de julio de 2020 fueron aplazados al año siguiente. Un día después, la ONU advirtió que la pandemia “amenaza a toda la humanidad”.

Por todo el mundo se decretaron medidas de confinamiento. Para el 2 de abril, más de 3.900 millones de personas, es decir, la mitad de la humanidad, estaban obligadas o instadas a confinarse, y se superó el millón de casos.

El 29 de abril, el constructor de aviones estadounidense Boeing eliminó 16.000 puestos de trabajo. Numerosos sectores sufrieron las consecuencias de la pandemia y anunciaron fuertes recortes de personal, desde el transporte aéreo a la fabricación de automóviles, pasando por el turismo o la gran distribución.

El 7 de junio, la pandemia superó los 400.000 muertos y avanzó rápidamente en América Latina. Brasil se convirtió en el segundo país con más fallecimientos, detrás de Estados Unidos, mientras su presidente, Jair Bolsonaro, calificaba a la enfermedad de “gripecita”.

Él mismo acabaría infectado, como su par estadounidense, Donald Trump, después del primer ministro británico, Boris Johnson.

El 28 de septiembre se superó el umbral del millón de muertos. En Europa, los contagios empezaron a dispararse de nuevo en octubre y varios países volvieron a decretar medidas de confinamiento y toques de queda.

Estados Unidos, donde la lucha contra el coronavirus se politizó en plena campaña por las presidenciales de noviembre, también enfrentó una nueva aceleración de la pandemia que llevó su total de casos a más de 16,2 millones, incluyendo casi 300.000 fallecimientos.

El 9 de noviembre, el gigante farmacéutico estadounidense Pfizer, asociado al laboratorio alemán BioNTech, develó resultados altamente positivos para su vacuna, justo cuando se superaban los 50 millones de casos de Covid-19 en el mundo.

Una semana después, la estadounidense Moderna realizó un anuncio similar.

El 2 de diciembre, el Reino Unido aprobó la vacuna de Pfizer-BioNTech, y seis días después se convirtió en el primer país de Occidente en comenzar la vacunación masiva contra el coronavirus.

Dos días antes, Rusia comenzó a inmunizar a su población son su vacuna Sputnik V, la primera en ser registrada a nivel mundial, el 11 de agosto.

Estados Unidos y Canadá aprobaron la misma vacuna una semana después, y comenzaron sus propias campañas de inmunización el 14 de diciembre.

La paralización de las actividades productivas desencadenó la mayor crisis económica mundial desde la Gran Depresión de 1929, con contracciones récord de los PBI de casi todas las naciones e incrementos exorbitantes e inusualmente rápidos del desempleo.

El colapso bursátil de 2020, que comenzó a fines de febrero y duró todo marzo, fue una de las primeras señales de la hecatombe y, para septiembre, todas las economías del G20 estaban en recesión o depresión, y ni que hablar las demás.

La pandemia acabó con el 6,7% de las horas laborales globales en el segundo cuatrimestre del año, el equivalente a 195 millones de puestos de trabajo, según un informe de la ONU.

En otro informe emitido este mes, la ONU estimó que 235 millones de personas en todo el mundo necesitarán algún tipo de asistencia de emergencia el próximo año, lo que representa un aumento de un 40% en el último año.

Para fines de este año, el número de personas con inseguridad alimentaria aguda en el mundo podría llegar a 270 millones, un incremento del 82% con respecto a la cifra anterior a la pandemia de coronavirus, agregó el informe.

Fuente: Télam

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