El presidente Piñera está fuera de la realidad

Por Santiago Escobar. Abogado y Candidato a Constituyente Distrito 9

En derecho penal existe el concepto de “locura moral”, para definir un tipo de incapacidad mental que torna inimputable a quien la padece. Consiste en un tipo de desorden mental que se manifiesta con emociones y comportamientos carentes de fundamento moral, aunque quien la sufre no manifiesta, aparentemente, ni discapacidad intelectual, ni alucinaciones o delirios. Pero su vida afectiva está profundamente perturbada. Ello se aprecia en su manera de sentir, de querer y de obrar. Su inteligencia la aplica a “la justificación y a la satisfacción de sus deseos egoístas”, y las facultades activas y morales propios de todo ser humano normal como los sentimientos, los afectos, el carácter, las costumbres y la conducta, están completamente desviadas.

Cuántas de estas características es posible advertir públicamente en los comportamientos del Presidente de la República es difícil decirlo. La conducta de un político depende de muchos factores, y muy pocas veces admite –legal o socialmente- consideraciones sobre su salud mental. Más aún, en la práctica penal, los especialistas sostienen que “los jueces no creen en la locura sino cuando hay delirio” por lo que la política se pone en una ambigüedad casi inabordable.

Sin embargo, la secuencia dramática de hechos que se ha ido produciendo en el país desde octubre del 2019, junto con la errática conducción presidencial, produce inquietud. Porque las consecuencias del estallido social, la pandemia sanitaria y la crisis económica, de efectos terribles, no ha tenido nunca un correlato de empatía emocional por parte del Presidente. Él ha actuado sus políticas como si nada lo afectara. Ganando tiempo o haciendo trampas comunicacionales, como si los muertos fueran simples estadísticas y los resultados en la economía popular fueran causados por el virus o la crisis internacional, sin su responsabilidad personal de ningún tipo.

Nunca desea dialogar, o solo lo hace cuando es vencido por la realidad. Cambia o invierte con extrema facilidad sus argumentos para tener siempre la razón. Acusa de obstruccionismo a otros y no reconoce ser la principal valla para una acción racional de gobierno. En el peor momento de la pandemia y de la de la crisis económica hace una Cadena Nacional para anunciar un proyecto de ley que omite totalmente uno aprobado ya por el Congreso sobre la misma materia. El país tiene más de 30 mil muertos reales y la gente literalmente está sufriendo hambre, y él habla de la mayor ayuda social en la historia de Chile y del éxito de las vacunas.

Si eso no es vivir fuera de la realidad, nadie sabe exactamente qué lo sería entonces.

El Presidente está sin contención política. Su equipo más cercano es un grupo de imberbes en política y de fanáticos admiradores del modelo, incapaces de traerlo de vuelta a la realidad. Solo repiten como robots argumentos sobre el diálogo, la legalidad y la defensa de la Constitución. El concepto de legitimidad nadie lo conoce entre ellos.

Entonces existen razones para considerar crisis y posible problema de salud mental, en dos escenarios conectados. Uno, que existe mérito para una acusación constitucional pues el Gobierno con sus políticas ha abandonado a los ciudadanos, incumpliendo gravemente el artículo 1° de la Constitución, inciso final, lo que ha puesto en grave riesgo la Seguridad de la Nación (Art.52, número dos letra a de la CPE). El segundo escenario está en las atribuciones del senado (art.53 numero 7) sobre la declaración de incapacidad mental de un Presidente. Le suena?

1 comentario
  1. Pedro Aravena dice

    Los locos morales no están exentos de responsabilidad penal, ni en Chile ni en ninguna parte. Si así fuera, no habría gente en las cárceles.

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