Siboney Lo, tendida mirando las estrellas

Por André Jouffé, periodista

En medio de la conmoción en el mundo artístico y del periodismo por la muerte de Constanza Penna, pasó casi como un paréntesis el deceso de Siboney Lo Chávez ocurrido el mismo martes 13.

Antes de conocerla, Valeria Sarmiento me dijo: “Es la hija del chino Lo, de Iquique”.

Siboney adoptó el apellido del padrastro por su abnegación y cariño. Fue elegida mejor actriz por la Asociación de Periodistas de Espectáculos en el 2002 por su actuación “El Leyton” de Gonzalo Justiniano y Palma de Oro en Miami en el Latin Festival por el mismo film en el 2003.

Haber sido la primera mujer incorporada como Bombera en Iquique, en marzo del 2020, fue tremenda noticia local. Poco después comenzó a sentir los síntomas que la llevaron al quirófano en diciembre pasado donde le extrajeron un tumor cerebral.

Por su aporte a la “Promoción de las Artes” fue Declarada Ciudadana Ilustre de su ciudad natal.

El Leyton participo en competición oficial en San Sebastián en el 2002 con el alemán Wim Wenders como director del Jurado. Entonces, en ese fin de abril, viajaron el Siboney, el director Gonzalo Justiniano y el” Leyton”, Juan Pablo Sáez.

Allí la conocí y como a la semana se iniciaba el festival de Culturas Latinoamericanas en Biarritz, donde se presentó el film, continuamos viaje la ciudad del país vasco francés.

Su carrera fue breve: “En las a afueras de la ciudad”, “Pistolas y Pañales” y en Australia “Get Pony Baby” (leído en google, pero jamás supe del film). Pero ese es un detalle.

“Tendida mirando las estrellas” fue el único film de Andrés Racz, uno de los hombres más queridos del ambiente cultural, hijo de un pintor polaco y cuya hermana Constanza él adoraba igual que a su sobrina.

“Tendida” tardó seis años en editarse y Andrés, creo, falleció poco después del estreno.

Mi convivencia con Siboney en esos días de San Sebastián y Biarritz fue de simpatía pura; liviana de sangre, imprevisible, a veces no tenía dónde dormir porque había cedido la pieza de la organización a una colega sin techo, en fin.

Hubo una exposición maravillosa de pintura moderna inspirada en figuras humanas en el Museo de Biarritz. La fotografié imitando la postura de los retratos de cuerpo entero; mas unas fotos en la playa donde siguió el ejemplo de las lolas locales y se sacó la parte superior del traje de baño. Sáez con picardía me comento: “Para eso te la llevaste a la playa, picarón”.

Esta muerte a los 42 años me abrumó porque sobrevino simultáneamente con la de Tati.

Lo, partió a Australia y a los Estados Unidos. Regresaba a Chile de vez en cuando. Pero su ciudad era Iquique. Pese a haber estudiado teatro en la Católica prefirió una vida independiente de las amarras con compañías y agentes de cine. Por eso su presencia tan raleada de pantallas y escenarios.

Siboney era alegre por naturaleza, aun cuando no conocí sus sueños para enterarme si lo expresaba exteriormente y algo penaba en su interior.

San Sebastián (Donostia) y Biarritz, dos escenarios maravillosos para evocar a una persona que se convirtió en amiga y de vez en cuando me mandaba mensajes, pero que nunca más volví a ver hasta 20 años después, en una foto cronológica.

Ahora esta con las estrella, no yace observándolas desde la tierra.

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