Rompimiento unilateral de relaciones con Marruecos por parte de Argelia: una huida hacia adelante

Por Juvenal Urízar Alfaro, abogado, profesor de RRII y Presidente Acción Global Sur.

Después de que el régimen argelino anunció su decisión unilateral de romper relaciones diplomáticas con Marruecos, muchos analistas internacionales quedaron sorprendidos e indignados hacia tal actitud.

El Editor en jefe de “Jeune Afrique”, la famosa revista francesa, se pregunta en su análisis bajo el título “Argelia-Marruecos: Ramadán Lamamra, ¿bombero o pirómano?” si “¿La opinión pública argelina estará de acuerdo con su gobierno (o, más específicamente, con su ejército, siempre y cuando quede claro que tal decisión no se puede tomar sin el permiso del Jefe de Estado Mayor del Ejército? Chanegriha), ¿en lo que parece ser una huida hacia delante de este último?”.

Marruecos, rechazó categóricamente los pretextos invocados por las autoridades argelinas y toma nota con pesar de la decisión unilateral de Argelia de romper relaciones diplomáticas con él. Esta decisión injustificada va acompañada de suposiciones y afirmaciones infundadas, que desafían cualquier lógica diplomática.

Marruecos ha estado observando, durante algún tiempo, el crescendo de la superación verbal del poder argelino. Fiel a sus principios, el Reino se ha propuesto gestionar esta escalada con sabiduría y moderación.

El Discurso del Trono del 31 de julio de 2011, así como el de 2021, al igual que el Discurso Real pronunciado el 6 de noviembre de 2018, con motivo del 43 aniversario de la Marcha Verde, reflejan la constante posición de Marruecos, ilustrada en un enfoque constructivo y la voluntad inquebrantable de trabajar, de la mano, para relanzar, con seriedad y dinamismo, el prometedor proyecto de integración regional, que encaja en el curso natural de la historia del Magreb.

Marruecos siempre se ha abstenido de interferir en los asuntos internos de Argelia, especialmente durante la “década negra”, que hirió al pueblo argelino. Por el contrario, el Reino nunca ha dejado de promover el retorno de la estabilidad de la seguridad en Argelia, como lo demuestra la decisión fraterna de SM el Rey, al finalizar su participación en la XVII Cumbre de la Liga Árabe, a prolongar su estadía, a título privado durante cinco días, caminando, junto a los admiradores argelinos, por las calles de la capital, sin escolta de seguridad.

Desafortunadamente, Marruecos ve con asombro, aunque no es sorprendente, el aumento de la radicalización y el chovinismo beligerante reflejado en las decisiones y el discurso inconsistente de los funcionarios argelinos, a medida que la situación política, económica y social de su país empeora. Contra todo entendimiento, se ha culpado a Marruecos de todos los malos tiempos de Argelia, que van desde los incendios forestales estacionales hasta las protestas populares de Hirak.

Los funcionarios argelinos deberán asumir la responsabilidad política e histórica de su decisión unilateral e injustificada, especialmente ante los pueblos de los cinco países del Magreb, incluido en particular el propio pueblo argelino hermano, como lo califican los marroquíes.

Corresponde a Argelia cumplir, como debe, sus deberes y obligaciones internacionales, en particular en virtud del Acta Constitutiva de la UA que la compromete a “lograr una mayor unidad y solidaridad entre los países africanos y entre los pueblos de África”, y de la Carta de las Naciones Unidas y sus disposiciones relativas al mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales y al desarrollo de relaciones amistosas entre naciones.

Marruecos, consciente de su responsabilidad histórica y de acuerdo con los fundamentos de su política exterior, seguirá actuando con serenidad, fraternidad y responsabilidad.

Situada bajo el signo de la moderación, la posición de Marruecos refleja una gran lucidez: por un lado, el Reino toma nota de una decisión totalmente injustificada; Por otro lado, Marruecos hace una distinción entre los líderes y el pueblo argelino, para no comprometer el sentimiento de genuina hermandad, cuya consolidación es irreversible, independientemente de los vaivenes coyunturales.

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