42 días de oscuridad: ficción de altura internacional

Por Miguel Reyes Almarza, periodista e investigador en pensamiento crítico.

★★★★☆ (4 sobre 5)

Si hay algo que ha impedido fundamentalmente el ingreso de las producciones audiovisuales chilenas al mundo internacional del espectáculo, más allá de nuestra habla particular, es el abuso del pasquín ideológico -todo huele a dictadura- o la muchas veces insoportable ubicuidad del sexo para atraer audiencias de baja complejidad.

“42 días de oscuridad” no es nada de aquello. Basada en el libro “Usted sabe quién. Notas sobre el homicidio de Viviana Haeger” (Catalonia-Periodismo UDP, 2019) de Rodrigo Fluxá, la miniserie -número uno en streaming a nivel nacional- pone el acento en la visualidad del argumento, una historia que descansa más en la correcta ilación de las ideas y el montaje, que en la amplitud terrorífica del argumento. Esto es una apuesta complicada, sobre todo para los públicos acostumbrados a la emoción instantánea, sin embargo, el desarrollo cinematográfico de exquisita fotografía en el sur de Chile, resulta en un relato elegante y que atrapa desde aquel flashfoward que abre la historia.

Con evidentes incrustaciones ficticias, la historia trabaja fielmente, tanto en la temporalidad como en las situaciones relevantes, de la mano de los hechos ocurridos en Puerto Varas el año 2010 sobre la desaparición y posterior homicidio de Viviana Haeger, sus implicancias y el caso familiar que impactó -todavía se especula al respecto- a todo un país.

Con el mismo Fluxá como jefe de guion y producida por Pablo Larraín (No, 2012) el relato es impecablemente dirigido por Claudia Huaiquimilla (Mala Junta, 2016) que logra, junto a su equipo de cinematografía y edición, lograr una bella pieza, a la altura de las mejores miniseries del streaming y con la posibilidad cierta de coquetear directamente con las grandes realizaciones que atesoran premios en el mundo audiovisual.

El elenco, repetido, pero de buen desempeño, incluye en el protagonista a Claudia Di Girolamo encarnando a la hermana de la víctima (en el papel de Aline Kuppenheim) en un rol cuidado y sin estridencias, flanqueada por el incombustible Daniel Alcaíno como Mario Medina, marido de la Viviana -Vero para la ficción- y de un desempeño terroríficamente brillante. Junto a ellos reaparece en una producción de importancia (desde Perra Vida, 2020) la gran Gloria Münchmeyer, como la madre doliente en ese espacio tan complejo entre la realidad y la locura.

El soundtrack, a veces forzado, es una mezcla de clásicos de la época y artistas nacionales contemporáneos, esta se mantiene en las cadencias tonales menores que se atribuyen al frio y la tristeza, parte esencial del contexto en que se desarrolla la historia, el resultado es una emotividad a flor de piel que se sostiene sin variaciones hasta el final de la historia.

Técnicamente una gran producción que vuelve a traer la fe en las producciones nacionales, sobre todo en los géneros escasa y difícilmente explorados por nuestros realizadores. Un trabajo de calidad que vale la pena revisar, más allá del caso, por la enorme capacidad profesional que todavía existe en nuestro ambiente artístico y como la primera serie chilena original de Netflix. Un imperdible de otoño.

Disponible en Netflix.

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