Investigación sobre kril antártico puede modernizar la pesquería

Además, el estudio aporta recomendaciones para proteger el ecosistema y que la especie no se vea afectada.

Una investigación de Mauricio Mardones, estudiante de doctorado en Ciencias Antárticas y subantárticas de la Universidad de Magallanes, puede ser clave para la pesca y conservación de una especie icónica de la zona: el kril antártico. Junto a los doctores César Cárdenas, George Watters, Erica Jarvis Mason y Francisco Santa Cruz, analizaron dos décadas de datos en torno al kril, organismo clave para el ecosistema oceánico.

El equipo evaluó cinco zonas: estrecho de Bransfield, isla Elefante, estrecho de Gerlache, isla Joinville y las islas Shetland del Sur sudoccidental. Esto, bajo los estándares de la Comisión para la Conservación de Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCAMLR).

Así, los científicos buscaban determinar la distribución del kril y si su dinámica poblacional es uniforme o no. Por ende, el estudio se centró en cuantificar cómo varía, tanto en el tiempo como en el espacio, la capacidad reproductiva activa del recurso, evaluando si existen diferencias relevantes entre zonas de pesca a pequeña escala.

Ante ello, Mardones señaló que “encontramos una marcada heterogeneidad espacial. Algunas áreas presentan niveles de productividad consistentemente bajos, incluso por debajo de niveles recomendables. Otras muestran mayor resiliencia”.

En paralelo, explicó que el fenómeno se debe “a que en algunas áreas, se identifica una mayor proporción de individuos juveniles de kril, que son permanentes y residentes en algunas de estas zonas”.

La investigación de Mardones demostró que variables ambientales, como la temperatura del agua y la concentración de clorofila, influyen directamente en las tasas de crecimiento. Por ende, en el potencial reproductivo del kril antártico.

Riesgos

A través del SPR (Spawning Potential Ratio) los científicos llegaron a importantes conclusiones. Tal indicar mide la capacidad de una población para producir huevos bajo condiciones de presión en comparación con su capacidad en un estado natural virgen. Esa presión puede ser generada por actividad pesquera o estrés ambiental.

En esta escala, un 100% representa una especie intacta y un 0% una población que ha perdido su capacidad de reproducción. Considerando la biología del kril, la investigación tomó un 75% como nivel ideal para garantizar la sostenibilidad de pesca y suficiente alimento para los depredadores dependientes. En esa línea, si cae por debajo del 20%, significaría riesgo crítico y sin captura permitida.

El análisis de las cinco zonas mostraron que el indicador SPR mantiene al kril en un valor cercano al 25%. Esto sitúa a la población de la península Antártica cerca del límite de riesgo, sin que se observen señales de mejora significativa para toda la subárea en conjunto.

Cambio climático

El doctor Cárdenas señaló que la población de la zona Antártica ya está siendo afectada y “será aún más significativa en las próximas décadas”. Para el experto, es clave saber cómo los factores ambientales afectan al kril para predecir su futuro y conservar la especie.

Por ello, el trabajo de Mardones propone ajustar las cuotas de capturas en tiempo real según los cambios ambientales observados, asegurando que la actividad humana pueda continuar sin comprometer la base de la cadena trófica ni la estabilidad del ecosistema antártico.

El cambio debe realizarse prontamente. Cárdenas señaló que “en los últimos años ya han aumentado los niveles de captura. Se espera que el próximo año vaya a aumentar más el interés por este recurso”.

Chile y Argentina han trabajado en conjunto para establecer Áreas Marinas Protegidas (AMP) en la península Antártica e islas Orcadas del Sur. La medida no busca prohibir la pesca, sino que cumplir objetivos determinados de cada zona para resguardar el ecosistema y mantener la sostenibilidad de las pesquerías.

Mirada a futuro

El estudio determinó que el kril no es solo un recurso pesquero, es la base trófica del ecosistema antártico. Entender su productividad permite anticipar riesgos y entrega herramientas para modernizar las estrategias de la CCAMLR. Además, ayuda a que las pesquerías no sobrepasen sus limites, lo cual no solo los afectaría a ellos como industria sino que a todo el equilibrio de la zona.

Además es importante destacar que Mauricio Mardones, cabecilla de la investigación, fue beneficiario de la beca científica CCAMLR. Así, pudo viajar y participar activamente en distintas reuniones técnicas durante 2 años.

Este beneficio genera capital humano avanzado y traspasa el conocimiento científico a generaciones jóvenes, impulsando la formación de nuevos investigadores e investigadoras.

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El Periodista